3 técnicas simples para un mejor control de tus emociones

Aprende como manejar tus emociones y entablar mejores relaciones laborales

Posteado por: Eduardo Freyre , 14/09/2015

No es un misterio que pasamos la mayor parte de nuestros días en el trabajo, tomando decisiones y relacionándonos con nuestros pares, jefes y subordinados. Conocer la manera como respondemos emocionalmente a lo que nos ocurre y aprender a gestionar nuestro espectro emocional es clave para mantener relaciones laborales que contribuyan a crear un clima de trabajo saludable y funcional.

Diversos estudios científicos indican que nuestras emociones son los elementos más importantes al momento de tomar decisiones y generar vínculos con los demás. Esto no sólo hace referencia a aquellas decisiones de compra típicamente catalogadas como impulsivas o emocionales, como por ejemplo comprar un dulce o un par de zapatos de moda; sino que nuestras emociones subordinan a nuestra razón para dar forma a nuestros prejuicios, valores, posturas políticas, creencias y, en última instancia, a nuestro comportamiento.

Recientemente el sondeo GMJ Employee Engagement Index concluyó que existe una conexión “muy fuerte entre la felicidad en el trabajo y el compromiso de los empleados”. Además, resaltó que los colaboradores felices y comprometidos logran cultivar relaciones saludables con sus líderes y enfrentan mejor los retos. Pero, ¿qué sucede cuando un jefe que no puede gestionar sus emociones impacta negativamente en el compromiso de un colaborador? Un estudio publicado por la red de comunicadores Melcrum indica que “una interacción negativa con nuestro jefe directo afecta nuestras percepciones cinco veces más que una interacción positiva”. Entonces, hay motivos suficientes para entender un poco más cómo gestionar nuestras emociones.

Existen muchas técnicas y recomendaciones para evitar que nuestras emociones se salgan de control, impacten en el bienestar propio y deterioren nuestras interacciones con los demás. A continuación te presentamos tres de ellas:

Aprende a moverte dentro del espectro emocional
¿Eres capaz de darte cuenta cuando estás furioso, eufórico o ansioso? Muchas personas responderían a esta pregunta con un “sí”. Pero afinemos la pregunta a: ¿luego de haber identificado que estás experimentando un estado emocional intenso, puedes hacer algo al respecto para que tus decisiones e interacciones no se vean afectadas irremediablemente por este torrente emocional? Quizás ahora menos personas levanten la mano para responder esta última pregunta con un alegre “sí”.

De la misma manera como un arcoíris se compone de una gama de colores del espectro visible, nuestras emociones también se ubican dentro de algo que se denomina espectro emocional. En este espectro se encuentran tanto las emociones comúnmente conocidas como “positivas” (la alegría, la esperanza y la serenidad), como las “negativas” (el pánico, la depresión, la angustia, la envidia, entre otras).

Es completamente saludable que transitemos de un estado a otro dentro del espectro emocional, pasando de estar alegres en un momento del día, a sentirnos tristes en otro momento. Para gozar de bienestar emocional es importante poder lograr controlar la variabilidad de nuestros estados de ánimo, buscando mantenernos en el centro de dicho espectro y hacer transiciones moderadas de una emoción a otra.

Si en cambio pasamos de estar tranquilos a estar furiosos, hacemos una transición violenta de un punto a otro del espectro emocional. Esto abre la puerta a decisiones e interacciones que muchas veces no guardan proporción con la magnitud real del evento que despertó en nosotros dicha emoción.

No te victimices
¿Qué tienen en común una persona con ira, otra con pánico y otra con depresión? Pues que todas -de alguna manera- han elegido asumir un rol como víctimas de acontecimientos que atentan contra su equilibrio emocional. En lugar de ponerse en la posición de evaluar lo que sucedió y ver qué acciones futuras se pueden tomar al respecto, el colérico eligió culpar a otros de un resultado no deseado. Quien experimenta pánico siente que no puede hacer nada para evitar una amenaza latente. El deprimido piensa que todo va mal y que no hay solución viable. En resumen, todas son víctimas.

Podemos transitar progresivamente de una emoción de ira a una más centrada en nuestro amplio espectro emocional si logramos detenernos por un instante para hacernos la pregunta: ¿qué puedo hacer yo al respecto de esto que está sucediendo? Cuando dejo de ser una víctima, me hago cargo de lo que sucede y de las decisiones que tomo. Este es un paso importante para tener una salud emocional óptima.

Respira profundamente
Las emociones intensas (tales como la ira, el pánico o la angustia) hacen que nuestra respiración se vuelva más rápida de lo habitual, así como más irregular y poco profunda. Una técnica muy simple para gestionar una emoción de este tipo es centrar tu atención en tu propia respiración, de esa manera podrás inducir a tu organismo hacia un estado de relajación. Eso te permitirá controlar la manera como reaccionas frente a un acontecimiento que te aleja de tu centro emocional.

Recomiendo probar la técnica denominada “respiración 4-7-8” que promueve el doctor Andrew Weil, experto en salud y bienestar emocional. Es muy simple:

  1. Inhala por la nariz mientras cuentas hasta cuatro en silencio.

  2. Contén la respiración contando hasta siete.

  3. Exhala el aire por la boca contando hasta ocho.

  4. Repite los pasos anteriores hasta que empieces a sentirte más relajado.

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Autor

Eduardo FreyreEduardo Freyre

Eduardo Freyre

Jefe de Cultura y Comunicaciones

Comunicador de la Universidad de Lima con siete años de experiencia en las áreas de Imagen Institucional, Responsabilidad Social, Cultura y Comunicación Organizacional, en empresas de servicio, consultoría de comunicaciones y el sector financiero. Amante de la música y de vivir nuevas experiencias con su familia.

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