5 recomendaciones para evitar el síndrome del abuelo esclavo

Descubre cómo detectar y superar el estrés que genera esta situación

Posteado por: Giuliana Caccia , 29/01/2016

Si hiciéramos el ejercicio de juntar a un grupo de personas de 40 años y les preguntáramos cómo imaginan su futuro rol de abuelos, lo más probable es que la mayoría se imagine compartiendo con los pequeños tiempo agradable, lleno de juego y diversión. Pocos imaginarían que vivirán esa etapa de su vida teniendo igual o más responsabilidades de índole educativa, de cuidado y hasta económicas, de las que tiene actualmente con sus propios hijos.

Este estresante estilo de vida es una realidad para muchos abuelos que, debido a múltiples circunstancias, tienen que asumir responsabilidades diarias en el cuidado de sus nietos. No estamos hablando de cuidados auxiliares —como pueden ser acompañar al niño a una fiesta o cuidarlos un par de noches al mes cuando los padres salen—, sino de una situación en la que el abuelo o la abuela “no se atreve a decir que está agotado por el exceso de responsabilidades en que se encuentra inmerso —que ha ido acaparando probablemente sin proponérselo— y que, además, no se queja, porque tiene miedo de no ser útil y de que los hijos lo puedan rechazar” [1].

Los estudios han confirmado que pasar tiempo con los nietos frecuentemente tiene efectos positivos. Algunos de ellos son la satisfacción de ser un soporte para los seres queridos y de ayudar a los hijos a conciliar la vida laboral con la familiar, además de sentirse más activos tanto física como cognitivamente. Sin embargo, hay algunos casos en los que este cuidado no trae beneficios sino, más bien, síntomas de estrés.

La pregunta clave es cómo saber si un abuelo está siendo víctima del tan conocido “síndrome del abuelo esclavo”. Algunos síntomas son:

  1. El abuelo sólo se preocupa por ayudar a sus hijos y vive por los nietos. No tiene otras actividades sociales o personales.
  2. Es una vida que no ha sido escogida por el abuelo. Se ve forzado a vivirla por las circunstancias familiares de los propios hijos, como el trabajo de los dos padres fuera de la casa o poca capacidad económica para contratar ayuda externa para el cuidado de los niños.
  3. El abuelo se siente agotado pero no se atreve a manifestarlo por temor a que lo excluyan de la familia y se vea alejado de los nietos. Esto a pesar de que al final del día, se sienta físicamente mal y le cueste mucho recuperarse.
  4. Cuando el abuelo cuidador llega a su propia casa, ya no le quedan energías o ganas para comunicarse o compartir con los que viven con él, ya sea el cónyuge u otros miembros de la familia. Esto hace que su vida personal se vea deteriorada así como sus demás relaciones humanas.

Algunas recomendaciones para evitar ser un abuelo esclavo

  1. Detecte si está sintiendo algunos de los síntomas mencionados. Haga algo al respecto.
  2. Reconozca las limitaciones propias. Todos debemos estar dispuestos a decir de vez en cuando “no puedo”, así sepamos que la negativa será mal recibida.
  3. Para que el resto sepa por qué se está haciendo un cambio radical en la disponibilidad habitual, es importante ser sinceros y comunicar el verdadero estado físico y emocional en el que uno se encuentra.
  4. Hay que buscar medios efectivos para decir no. En caso contrario, se puede caer en la amargura y dificultar la convivencia de los que viven con nosotros.
  5. Es rol de los padres ser conscientes de las exigencias a las cuales se está sometiendo al abuelo y darse cuenta de que, seguramente, este no está expresando malestar ni cansancio por tratar de ser generoso. Es responsabilidad de los abuelos hacérselo saber con amor y firmeza.

Finalmente lo más probable es que el “abuelo esclavo” caiga en este estado por querer amar desmedidamente; pero parte del amor verdadero está en buscar el bien superior, así algunos no estén contentos con las consecuencias de esta búsqueda. En todo caso, mayor favor le hace un abuelo a su hijo manteniéndose sano y feliz para apoyarlo en distintas ocasiones, que enfermándose de estrés porque no supo decir “no” en el momento adecuado.

[1] Castells, P. Queridos Abuelos. Editorial Planeta. Versión Libro Electrónico 2013.

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a Piensa Pro Futuro Newsletter y entérate siempre de las nuevas publicaciones.

Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

Comentarios