Aprendamos a escuchar sin criticar

Te dejamos 5 consejos para fomentar esta virtud y construir mejores relaciones

Posteado por: Giuliana Caccia , 13/10/2017

Uno de los motivos más comunes por los cuales se generan conflictos es porque no sabemos escuchar al otro. Es triste reconocerlo pero cuando la crítica está en la punta de la lengua, los vínculos de confianza se van deteriorando. Ya sea nuestra pareja o algún compañero de trabajo quien viene a contarnos algún acontecimiento penoso o complicado que vivió en el día, si respondemos mal, estamos cometiendo uno de los peores errores para la construcción de las buenas relaciones.

Así la cultura empresarial actual trate de convencernos de que las personas, en el ambiente laboral, solo están llamadas a buscar y alcanzar la eficiencia, el éxito y el dinero, eso no es cierto. Muchas personas, si no son la mayoría, no solo quieren triunfar sino también sentirse realizadas mientras desarrollan sus labores diarias. La naturaleza humana llama a que, a través del trabajo, las personas encontremos sentido a la vida. Y esto se logra no solo con el desempeño del trabajo mismo, sino mediante el intercambio con otras personas. Si este es positivo, el trabajo se vuelve más satisfactorio. Por el contrario, si las relaciones son poco amables o conflictivas, trabajar se puede convertir en una tortura.

Por eso no debemos pensar que cuando un compañero de trabajo o un empleado nos busca para conversar sea solo para hablar de algún asunto laboral. Gran parte de la comunicación en las relaciones empresariales busca encontrar apoyo emocional. Pero, ¿cómo evitar reaccionar negativamente cuando un compañero o un empleado nos cuentan que ha hecho algo que no nos gusta? Aquí algunos consejos que pueden ayudar:

1. Mirar con caridad. Si consideramos que la otra persona también tiene emociones y que tiene un valor más allá de su desempeño laboral, entonces debemos desear, por sobre todas las cosas, su bien. Y, este, definitivamente se basa en sentirse apreciado por los que trabajan con él. Eso no significa que no le señalaremos que no estamos de acuerdo con su punto de vista o su conducta cuando sea el caso, pero nuestro objetivo debe ser buscar que sea mejor persona y mejor profesional. Nunca debemos querer destruir al prójimo o aprovechar dicha circunstancia para disminuirlo. Para eso, ser asertivos es la mejor herramienta del diálogo.

2. Quién esté libre de pecado. Debemos aplicar la máxima de la misericordia: ama a tu prójimo como a ti mismo. ¿Te gustaría que cuando te ha pasado algo terrible las personas con las que trabajas te griten, te insulten o te critiquen? ¿O preferirías que acojan tus problemas con serenidad y, claro, te den consejos para no caer en el mismo error? Es importante que nos demos cuenta de que ninguno de nosotros está libre de equivocarse y de que somos vulnerables a sufrir cualquier tipo de caída. Cuando escuchemos, seamos humildes y reconozcamos que frente a nosotros hay otro ser humano que también puede cometer errores, como nosotros mismos lo hacemos con frecuencia.

3. Recibir las correcciones por las buenas es el mejor aliciente para el cambio. No hay que hacer un gran estudio científico para descubrir que una persona responde mejor al cambio cuando es por las buenas. Por las malas podemos conseguir obediencia forzada, pero no necesariamente una conducta que manifieste una reflexión interna que invite a cambiar. Además, hagamos un pequeño autoanálisis: ¿no es más fácil para nosotros recibir positivamente una corrección cuando esta viene de alguien que sabemos quiere nuestro verdadero bien? Entonces, ¿por qué podemos pensar que el resto sí funciona a los gritos y a los malos tratos?

4. Hacer no es lo mismo que ser. Muchas veces cometemos el error de etiquetar a una persona por alguna conducta. Por ejemplo, si descubrimos que un familiar mintió, no es raro decirle: “Eres un mentiroso”. Sin embargo, si bien la repetición de conductas similares pueden definir a una persona, no es recomendable lapidarla con un “eres así” porque, de esa manera, estamos diciendo: “no te creo capaz de cambiar o de mejorar”. No hacerlo así, sobre todo con una persona a la cual debemos demostrarle liderazgo, es cerrar un canal muy bueno en el que inclusive, podemos descubrir mediante un diálogo constructivo, que pueden haber causas más profundas para el error que un simple descuido. De repente, está pasando un momento difícil con algún compañero o cliente o en su casa. Esto, además, va de la mano con no avergonzarlos. No debemos burlarnos del otro o hacerle sentir en ridículo. Es un daño, diría yo, casi irreparable.

5. Equivocarse, a veces, es suficiente castigo. Muchas personas se acercan a conversar porque, de antemano, ya reconocieron su error y lo último que desean es que los sigan criticando cuando ya se sienten lo suficientemente mal y ya aprendieron de su error. Por eso es importante escuchar primero, con caridad y con serenidad, sin ser negativos y muy comprensivos.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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