¿Cada vez más solos?

Reflexionemos sobre la importancia de las relaciones interpersonales

Posteado por: Giuliana Caccia , 08/08/2018

Robert Hall cuenta en su libro “This land of strangers” que su abuelo Bob Hall era un granjero que, en 1936, estaba sufriendo de un cáncer que estaba destruyendo la piel de un lado de su rostro. Su rancho había decrecido a casi nada y unas semanas después los banqueros tomaron lo poco que le quedaba. Cuando murió, Hall dejó a su familia con muchas deudas. Sus hijos intentaron conseguir préstamos bancarios para reflotar la granja familiar, pero no lo lograron, y no les quedó otra alternativa que acudir a su vecino Buzz Newton para que los apoye como garante de un préstamo. “Yo siempre pensé mucho en tu padre; él fue el hombre más generoso que he conocido”, les dijo Newton. Y firmó. Robert Hall, el autor del libro mencionado, escribe: “La verdad es que las relaciones interpersonales son el recurso más valioso y de creación de valor en cualquier sociedad. Ellas son nuestros comodines para sobrevivir, crecer y prosperar”.

Casi 90 años después, la situación parece haber cambiado mucho. El 18 de enero de este año, una noticia un tanto “curiosa” se hizo pública: la primera ministra británica, Theresa May, anunció la creación del Ministerio de la Soledad, mal que acecha a 9 millones de habitantes de ese país (el 13,7% de la población total). Lo paradójico es que todo esto sucede en una época en la que, supuestamente, estamos más conectados que nunca a través del Internet y las redes sociales. ¿Será entonces que no estamos tan “conectados” como parece? ¿No será que en esa búsqueda constante de conexión nos estamos quedando más solos porque ya no sabemos cómo relacionarnos de manera personal?, ¿es posible que hoy sea casi imposible encontrarnos con un Buzz Newton en nuestras vidas?

David Brooks, reconocido columnista del New York Times, publicó un artículo titulado “The Blindness of Social Wealth” (La ceguera de la riqueza social), en donde afirma que conforme avanza nuestro potencial relacional a través de la tecnología, hay un retroceso cualitativo en nuestra sociabilidad. Y dice: “Hay una montaña de evidencia que sugiere que la calidad de nuestras relaciones personales ha ido declinando por décadas. En los ochenta, 20% de los norteamericanos dijeron que estaban solos frecuentemente. Hoy es el 40%. Los niveles de suicidio alcanzaron el pico más alto de los últimos 30 años. Las cifras de depresión se han incrementado 10 veces desde 1960. La mayoría de niños nacidos de madres menores de 30 años lo hacen fuera del matrimonio”.

La preocupación por la soledad o falta de calidad en las relaciones sociales, mediada por las redes sociales y la tecnología, es real. Diversos autores e investigadores ya están documentando este fenómeno de pobreza relacional. Y una gran preocupación se da sobre todo en el grupo de los adolescentes. ¿Por qué? Porque es en ese periodo donde un ser humano desarrolla normalmente las habilidades sociales, el mirarse cara a cara, la madurez afectiva, entre otros. Y hoy es una realidad que el uso de dispositivos móviles reemplaza en gran medida estos encuentros personales. Los chicos saben encontrar el emoji que manifiesta de la manera más certera un sentimiento, pero no pueden reconocer el mismo sentimiento en el rostro de otra persona.

Los expertos señalan, inclusive, que estos jóvenes también hacen varias cosas a la vez como estudiar, comer, atender la clase y ver otra pantalla. Esta conducta revela cierta superficialidad en lo que se hace, por lo que no hay capacidad de concentración y entrega a una sola actividad (o persona) y que, al mismo tiempo, no permite estar física o mentalmente relajado. Además, no ayuda al desarrollo de la empatía.

Si a esta disminución en la calidad de nuestras relaciones se le agregan otros factores culturales y sociales que nos describen como comunidad humana —como son el relativismo, el consumismo, el individualismo, entre otros— nos estamos enfrentando a un futuro seriamente deteriorado en cuanto a relaciones personales. Y, como ya se ha estudiado, la soledad y el aislamiento no son buenos para la salud.

En uno de los últimos estudios del Pew Research Center titulado “El futuro del bienestar en un mundo tecnológicamente saturado”, varios investigadores concluyen que si bien la tecnología seguirá brindando más oportunidades a los usuarios, su uso excesivo traerá problemas de salud y de estabilidad psicológica. Sin embargo, no todo es negativo. En el mismo estudio se proponen varias soluciones para combatir esta saturación como son el reengancharse socialmente, la regulación del uso, reinventar la tecnología, rediseñar la cultura mediática, entre otros. Tal como comenta Brooks en la columna mencionada líneas arriba, cada individuo debe ser consciente de esos fenómenos que están empobreciendo su sociabilidad.

Este problema no es algo que nos puede dejar indiferentes ni como personas ni como sociedad. Recordemos que, antropológicamente, los seres humanos no podemos realizarnos plenamente ni ser felices prescindiendo del encuentro con el otro y con la comunidad. Es por eso que la soledad sí puede considerarse como un problema serio que afecta a la salud, no solo física, sino emocional, y que se manifiesta principalmente en el deterioro neurológico, la depresión, la falta de sueño, entre otros.

Si bien la tecnología avanza y nos ayuda a resolver muchos problemas, también es cierto que en otros aspectos puede ser perjudicial para nosotros. No hay que olvidar que la tecnología debe estar para servir al desarrollo óptimo de la persona y de la sociedad, y no para destruirla. Sin embargo, eso no le importa a los que tienen intereses económicos y de poder, y nadie va a velar por nuestro bienestar si no somos nosotros mismos. Para eso no hay nada mejor que salir al encuentro de la familia o los amigos, promover los diálogos cara a cara, pasar tiempo juntos, pasear y acompañarse.

Ese encuentro físico y el calor humano es irremplazable.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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