¿Cómo protegernos de la radiación solar?

Conoce los efectos de los rayos UV y cómo protegerte

Posteado por: Roly Jara Espinoza , 27/02/2018

En estas épocas del año experimentamos una sensación particular, el calor y la radiación solar. A algunos de nosotros nos gusta mucho el verano por el brillo solar y la oportunidad para desarrollar actividades recreativas como ir a la playa, al campo, a visitar un club de esparcimiento, practicar deporte al aire libre, entre otras. A otros puede resultarnos incómodo debido a la alta sensación térmica en nuestros trabajos o centros de estudio, o tal vez en los trayectos a pie que tengamos que realizar durante el día, o en algo tan cotidiano como esperar el bus en el paradero mientras el sol está haciendo estragos en nuestros cuerpos.

La exposición prolongada y sin protección a los rayos del sol, bien sea por razones recreativas u ocupacionales, incrementa la probabilidad de desarrollar enfermedades dermatológicas. Sin una protección adecuada, el resultado suele ser una quemadura que provoca desagradables síntomas como ardor, sensación de calor y picor. La quemadura solar puede afectar a muchas áreas del cuerpo, e incluso puede llegar a producir síntomas generales como fiebre, náuseas y problemas circulatorios.

Existen medidas preventivas que podemos adoptar para evitar quemaduras. Y es que la luz actúa como una energía que puede dañar y alterar las células de nuestra piel y, a largo plazo, esto puede provocarnos cáncer.

Últimamente estamos registrando altas temperaturas y alta radiación solar, por ello es conveniente compartir algunas recomendaciones prácticas que puedan ser de utilidad para cada uno de nosotros y así poder proteger nuestra piel y nuestro organismo en general.

1. Evitemos exponernos directamente al sol

Debemos evitar la exposición directa al sol, especialmente en las horas centrales del día (10 a.m. a 4 p.m.), donde la radiación solar es más intensa (índice UV - Ultravioleta). Este importante dato nos ayudará a planificar nuestras actividades al aire libre para evitar una exposición excesiva a los rayos del sol. Es necesaria la protección solar siempre que el índice UV se encuentre en niveles de exposición de moderados a altos, por ejemplo un índice UV de 3 o superior.

Las personas con poca pigmentación en la piel, los niños de piel clara e incluso los adolescentes, son especialmente vulnerables a la radiación solar, porque en ellos la pigmentación protectora no está todavía completa. Nuestros niños son más propensos a sufrir los efectos perjudiciales del sol en los ojos debido a que estos son más permeables a comparación del de los adultos. Los niños menores de dos años no deben exponerse directamente a la luz del sol ni a la intensidad de los rayos UVA durante el día. Como regla general, se recomienda que permanezcamos en la sombra cuando la luz del sol es muy fuerte, pero incluso así es necesario que tengamos cuidado.

Pongámonos bajo sombra cuando los rayos UV sean más intensos, pero no olvidemos que los árboles, las sombrillas o los toldos no nos protegen totalmente contra la radiación solar, y aun así sigue existiendo riesgo de sufrir una quemadura. Por lo tanto, incluso bajo sombra, es muy importante protegernos adecuadamente.

2. Usemos adecuadamente el protector solar

Usar protector solar es fundamental cuando uno se va a exponer al sol. Pero además es importante elegir un factor de protección que sea adecuado y se adapte a nuestro tipo de piel y a la intensidad de los rayos UVA. Especialmente, durante los primeros días del verano, debemos utilizar productos con un factor de protección solar alto (25, 30, 35 o 50). Sin embargo, las cremas solo nos protegen del sol durante un tiempo limitado y deben contener un filtro adicional contra los rayos UVA, que son los que nos provocan daños a largo plazo, tales como el envejecimiento prematuro de la piel o cáncer de piel.

Algunos productos anuncian un 100 % de protección contra los rayos ultravioleta dañinos para la piel, pero no es así, por lo tanto es importante que escojamos protectores solares de confianza.

Usemos siempre grandes cantidades de protector solar. Como norma general, los adultos solemos necesitar aproximadamente 35 gramos de crema solar para cubrirnos totalmente el cuerpo, lo que corresponde aproximadamente a cuatro cucharadas grandes. Además, es importante colocarnos crema regularmente (cada dos horas) porque el protector solar se elimina con el sudor, con el roce de la tela (por ejemplo, el bañador o la toalla) o al bañarse. Después de aplicarnos la loción, debemos esperar entre 20 y 30 minutos antes de tomar el sol. Esto es debido a que no todos los protectores actúan de inmediato y algunos tardan unos minutos en hacer efecto. Es importante echarnos protector, especialmente en las áreas más sensibles a la luz como el cuero cabelludo, la cara, las orejas, el cuello, la espalda, el pecho y el dorso del pie.

3. Mantengámonos hidratados

También debemos mantenernos hidratados (preferiblemente con agua). Tomemos un promedio de 2 litros por día en las jornadas de mayor calor. Tratemos de evitar sentir sed en algún momento hidratándonos constantemente.

4. Usemos nuestra ropa como protector solar

Como alternativa o complemento del protector solar adecuado, la ropa también puede proteger nuestra piel: los pantalones largos y las camisas nos ofrecen una protección eficaz contra los componentes de la luz solar. Debemos usar un sombrero o una gorra, ya que los rayos UVA pueden provocarnos resequedad en el pelo y quemaduras en quienes tengamos calvicie.

El factor de protección contra los rayos UVA de nuestra ropa varía dependiendo del color, el tipo de material, la densidad de las fibras y el grosor. Un sombrero de ala ancha nos protege debidamente los ojos, las orejas, la cara y la parte posterior del cuello. Las prendas de vestir holgadas y de tejido tupido que cubran la mayor superficie corporal también nos protegen contra el sol.

5. Protejamos nuestros ojos con gafas de sol

Todo el mundo conoce la importancia de proteger la piel con crema solar en verano, pero a menudo descuidamos la protección de nuestros ojos.

Además de la piel, los rayos del sol pueden producir quemaduras y lesiones en nuestros ojos. El resultado puede ser daños en la córnea y en la retina que pueden llegar a ser irreversibles. A veces un solo día de exposición al sol puede ser suficiente para dañar la sensibilidad del ojo. Al igual que en la piel, la radiación UV en el ojo puede provocar una quemadura. Pocas horas de haber estado bajo el sol puede producirnos una irritación conjuntival, que se manifiesta con ojos rojos o llorosos. Sin embargo, los daños no siempre pueden revertirse tan fácilmente, un ejemplo de esto es la queratitis fotoeléctrica, que afecta a las capas más superficiales de la córnea y provoca enrojecimiento y dolor; otro ejemplo puede ser el desarrollo de cataratas.

En casos graves se puede llegar a perder la visión, e incluso la capa más externa de la córnea puede destruirse o producir una inflamación provocada por la queratitis (que deja cicatrices), lo que puede causarnos que perdamos la visión de forma irreversible.

Por lo tanto, es muy importante que usemos gafas de sol homologadas. Para reconocer qué gafas de sol son buenas, entre otras cosas hay que fijarnos que lleven la marca CE (Comité Europeo), que certifica que estas son apropiadas para proteger nuestros ojos contra las quemaduras del sol, y que el producto cumple con las directivas europeas aplicables. Además, deben especificar la categoría del filtro. La 1 te protege para un resplandor bajo, y la categoría 4 es para un brillo alto y una protección aun mayor. Para que las gafas de sol sean de calidad no tienen por qué ser costosas.

6. Procuremos tener hábitos de alimentación saludable

Las vitaminas que encontramos en las frutas hacen más fuerte nuestra piel contra las emisiones de rayos UV, y el melón y la sandía son las más recomendadas. En el mercado hay cápsulas vitamínicas que contienen activos que protegen la piel contra las radiaciones ultravioleta. Las personas especialmente sensibles al sol deben reforzar la protección de la crema con antioxidantes adicionales como la vitamina E, el licopeno, el betacaroteno o los polifenoles.

7. Evitemos las cámaras bronceadoras

Se recomienda que evitemos las lámparas y las camas bronceadoras debido a que aumentan el riesgo de que padezcamos cáncer de la piel, y además pueden dañar nuestros ojos si no se usa protección.

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Autor

Roly Jara EspinozaRoly Jara Espinoza

Roly Jara Espinoza

Coordinador corporativo de salud ocupacional en Scotiabank

Médico especialista en Medicina Ocupacional y Medio Ambiente, auditor médico con maestría en Salud Ocupacional y Medio Ambiente, maestría de Medicina Ocupacional, diplomado internacional en Gestión de Salud y Seguridad en empresas. Certificado como Conservacionista Auditivo por The Council for Accreditation in Occupational Hearing Conservation (CAOHC). Homologado en España, con experiencias académicas y laborales en Colombia, Brasil y Argentina. Miembro activo de la International Commission on Occupational Health (ICOH).

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