¿Cómo saber si estamos trabajando con una persona imprudente?

Te dejamos algunos consejos para que puedas identificarlos

Posteado por: Giuliana Caccia , 13/02/2017

Una de las grandes preocupaciones que tenemos todos los que trabajamos en una empresa con más personas es saber en quién confiar. Nos debe haber pasado más de una vez que le contamos algo a alguien y luego nos arrepentimos porque esa persona no fue prudente con la información que le proporcionamos. O, tal vez, nos toca lidiar con un líder que toma decisiones malas o apresuradas que traen consecuencias negativas para el negocio o para las personas. Pero, ¿cómo saber si estamos trabajando con una persona imprudente?

En primer lugar, es importante definir qué es la prudencia. La prudencia es una virtud que para muchos es poco conocida. Si bien es una de las cuatro virtudes cardinales, no es tan familiar como la fortaleza o la justicia. ¿Qué es ser prudente? ¿Es ser sólo cauteloso? ¿Es únicamente pensar antes de actuar? La prudencia es la virtud que la inteligencia usa cuando tiene que decidir bien. Tiene mucho de sensatez, sentido común y criterio. También es la capacidad de discernir cuando estamos ante una situación complicada con el fin de llegar a un juicio equilibrado con una solución acertada y viable. Si analizamos un poco de qué trata la prudencia, no cabe duda de que es una virtud de vital importancia para tenerla en cuenta a la hora de trabajar. Y, en caso que aún nosotros no la tengamos muy bien desarrollada, es una buena oportunidad para que a través del cultivo personal logremos enseñar con el ejemplo a nuestros compañeros de trabajo.

¿Cómo identificar a una persona imprudente?

Una de las maneras en cómo se delata un imprudente es en su manera de hablar. Habla demasiado, apresuradamente, irreflexivamente, pero no por nervios, sino porque no es capaz de guardar nada adentro. Seguramente todos conocemos a más de una persona que constantemente necesita decir todo lo que le pasa por la cabeza. O el que opina de todo, así nadie le haya pedido que intervenga. Y ni hablar de contarles un secreto. Serán los primeros en distribuir la información que queríamos guardar tan celosamente.

Una persona que no es prudente no tiene espacios de intimidad o de meditación. Le falta la paz interior en la cual se serenan los sentimientos y se disciernen las situaciones. Normalmente, este espacio sí lo tienen las personas que han madurado. Un imprudente tampoco busca el silencio exterior, o no lo soporta. Es alguien que parece necesitar experimentar constantemente la diversión y el ruido. No tiene hábito de reflexión y no sabe considerar los distintos elementos que se deben tener en cuenta para tomar una decisión.

Además, nos daremos cuenta que una persona no es prudente cuando no sabe dominar sus impulsos. Es precipitada, y no pasa por las fases de toma de decisiones (obtener información, valorar los datos, decidir y ejecutar). Es negligente porque no presta atención a las cosas y no prevé las consecuencias de su precipitación. Por lo tanto es desconsiderada e inconstante porque se ve dominada por sus pasiones.

Sin embargo, por el otro lado, está el que peca de exceso de cautela, el que tiene miedo o el que toma tantas precauciones que es incapaz de decidir con eficacia. Eso también es imprudencia. Muchos piensan que el hombre prudente nunca se equivoca porque no toma decisiones. Eso es falso. Eso podría ser miedo o flojera. Una persona prudente sabe, además, discernir entre lo que es un hecho o una opinión, lo importante de lo secundario, lo urgente de lo necesario.

Así, podemos saber si alguien es prudente —empezando por nosotros mismos— si reconocemos la capacidad para recoger la información necesaria, para enjuiciarla con criterios rectos, evaluarla y medir las consecuencias favorables para él y para los demás antes de tomar una decisión, y finalmente, para actuar o no de acuerdo a lo decidido. En definitiva, se trata de la coherencia que posee una persona entre lo que piensa y lo que hace. La prudencia no es, pues, una virtud de la que se deba prescindir para algo tan importante como trabajar.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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