Cuidemos nuestra reputación en las redes sociales

Evitemos dar opiniones que puedan dañar nuestra imagen

Posteado por: Giuliana Caccia , 02/01/2018

Es un hecho innegable que el acceso a las redes sociales ha transformado el campo de la libre expresión y también ha contribuido a un cambio de paradigma en la gestión de nuestras propias opiniones, sobre todo en lo referido a nuestros vínculos con una empresa u organización.

¿Cómo se manifiesta esta realidad en nuestro día a día laboral? Vayamos por partes.

Primero, es cierto que existe un derecho fundamental de todo ser humano a la libre expresión y opinión de las ideas. Sin embargo, debemos entender que este derecho está sostenido por otros principios que implican derechos de terceros. Por ejemplo, yo puedo tener derecho a pensar u opinar algo sobre la conducta de otro, pero no puedo difamar ni mucho menos calumniar a esa persona basándome en este derecho a la libre expresión ya que existe el derecho a la honra y a la buena fama que también debemos respetar.

Segundo, con la aparición de las redes sociales se produjo un fenómeno que hasta entonces era inexistente: que cualquier ciudadano de a pie tuviera acceso a la opinión pública sin necesidad de terceros. Antes, si uno quería compartir una idea o una posición a la opinión pública, debía contar con el amén de algún medio de comunicación que aceptara publicar ya sea una carta o un artículo. Y, lógicamente, este “lujo” era para pocos e implicaba algo más que sentarse en la computadora o digitar un mensaje en el smartphone y publicarlo. Además, la información presentada en medios —como parte de la ética periodística— debía ser validada con fuentes confiables para no caer precisamente en delitos de difamación o calumnia. Y en caso eso sucediese, el medio debía publicar una rectificación en el mismo espacio en el que se difundió la información falsa.

Hoy, cualquier persona con un dispositivo con acceso a redes puede, en cuestión de segundos, decir lo que piensa y obtener decenas de “me gusta” y retroalimentación inmediata. Y sin necesidad de validarlo. Puede ser una opinión propia o compartida. Puede ser un hecho real o una mentira. Y puede, como sucede hoy en muchos casos, convertirse en tendencia o en un caso más de linchamiento público cuyas consecuencias luego son muy difíciles de reparar.

Este último punto trae, sin embargo, un dilema ético que se difumina entre líneas poco claras de actuación y que nos obligan a volver al punto primero de esta reflexión: ¿hasta qué punto uno puede hacer uso del libre acceso a la opinión pública a través de redes sociales sin generar problemas morales para uno mismo o para terceros? Y en lo que compete a este artículo: ¿hasta qué punto una opinión personal puede estar separada en las redes sociales de mi vínculo profesional a la empresa o institución de la cual soy parte? ¿Debo, por ejemplo si trabajo en un restaurante, opinar a nombre propio sobre la competencia porque en una visita familiar me atendieron mal? Otro caso muy común es cuando una persona que trabaja, por ejemplo, en un ministerio del Estado opina sobre debates sociales que implican a dicha institución expresando una posición marcada a uno de los lados de la discusión. ¿Hasta dónde llega mi libertad para opinar como ciudadano? ¿Hasta qué punto, aún cuando esté opinando a título personal, mi identificación con la institución en la que trabajo o a la que represento es tal que lo que yo diga podría ser tomado como una posición oficial de dicha institución?

Como ya mencioné, la línea divisoria es muy difusa por lo que la respuesta requiere que analicemos algunos puntos que creo son importantes antes de escribir la primera palabra en redes. Me atrevo a hacer una pequeña lista que nos puede ayudar a no cometer errores:

1. ¿Lo que voy a escribir busca llamar la atención de la empresa para ver si mejora su producto o servicio?

2. Si respondí que sí a la primera pregunta, ¿es factible que mi opinión llegue a la persona indicada personalmente sin pasar a través de un post en redes sociales?

3. La empresa o institución sobre la cual quiero opinar, ¿tiene algún vínculo con el área de negocio de la compañía para la cual trabajo?

4. ¿Mi opinión es estrictamente personal y no tiene nada que ver con opiniones sobre el rubro en el cual me desempeño?

Si respondiste que sí a alguna de estas preguntas, entonces no hay razón alguna por la cual necesites hacer una publicación personal ya que, seguramente, traerá problemas a tus compañeros de labores y/o a la institución o empresa para la cual trabajas. Inclusive, podemos caer en delitos de competencia desleal. Si bien uno tiene un nombre propio con el cual puede opinar, las redes sociales han cambiado la forma en la cual se puede ejercer dicho derecho y cómo este ejercicio puede perjudicarnos.

No se trata de simplemente hacer lo que nos provoca. Debemos entender que nos movemos en espacios sociales y virtuales que tienen una dinámica propia y que no cambiarán para darnos gusto. Más bien, somos nosotros los que nos debemos adaptar a estos espacios y aprender las reglas para poder avanzar en el juego.

Como todo lo que tiene que ver con la toma de decisiones, debemos caminar siempre de la mano de la virtud de la prudencia. Recordemos que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Y con la velocidad de las redes, un pequeño error se puede convertir en un hecho viral del cual perdemos el control y puede llegar, inclusive a la sanción y al despido. Siempre es mejor pecar de precavido que de atrevido. No olvidemos que hoy, cuando vamos a una entrevista de trabajo, es muy probable que hayan mirado nuestras cuentas en redes para sacar más información sobre nosotros.

Seamos astutos. Si lo que buscamos es un crecimiento profesional sostenido y sólido, debemos también preocuparnos por mantener una imagen profesional en los espacios públicos de nuestras vidas personales.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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