¿De qué nos sirve el lenguaje?

Reflexiona sobre cómo podemos manifestarnos de distintos modos a través del lenguaje

Posteado por: Roberto Lerner , 06/12/2016

Pónganse a pensar. Traten de ser honestos consigo mismos —algo que, de paso, no es fácil para nadie—, y respondan a la siguiente pregunta: ¿para qué usan el lenguaje? Imagino que ya estarán perdiendo la paciencia con quien escribe estas líneas. ¿No es acaso evidente? Pues, para comunicar.

Vuelvo a la carga: ¿Para comunicar qué? A ver, paren un momento y escuchen lo que pasa entre personas que se conocen, que, justamente, tienen un vínculo de intimidad como los miembros de una pareja, padres e hijos, profesores y alumnos, por ejemplo. Imaginen que son reporteros de un medio de -sí- comunicación, y están haciendo trabajo en el campo: ¿para qué?, ¿de qué hablan los demás?

Les puedo decir lo que sabemos a partir de investigaciones hechas en todo el mundo: preguntas puntuales —"¿dónde está tal objeto?"—, rendiciones de cuentas en forma de interrogantes —"¿qué hiciste con tal cosa, ya terminaste tal tarea?", indicaciones —"está debajo de las toallas"—, órdenes —"tráeme las medias y apaga la luz del cuarto"—, sermones —"eso está pésimo y uno lo hace así porque..."—, y reacciones de evaluación, tipo "gracias" pero más frecuentemente "$/%*", vale decir ajos y cebollas.

En el caso de los niños, un porcentaje muy grande de nuestros intercambios con ellos son de ese tipo.

¿Cuándo fue la última vez que preguntamos sobre sentimientos, que comentamos una noticia alrededor de la pantalla chica o un periódico, que debatimos en la mesa un asunto opinable que no tiene respuesta tajante, tipo 2+2=4, que promovimos una vivencia estética y le pusimos nombre?

Claro, es verdad que no alcanza el tiempo, que los exámenes, las tareas, las terapias, las ocupaciones de la casa, las exigencias del trabajo; todo eso que aparece en nuestras agendas como pendientes que no cesan, como que no dejan tiempo ni ganas para mucho. Y sin embargo, el lenguaje usado de manera creativa para poner en contacto lo de adentro con otros adentros, para generar intimidad y establecer puentes, para poner nombres a las vivencias del mundo, excita y estimula el cerebro. Mucho más que esos ejercicios repetitivos con los que abrumamos a los niños o a los que nos sometemos nosotros con el fin de detener los efectos del envejecimiento.

Es el lenguaje que transforma, es el lenguaje que juega, es el lenguaje divertido, es el lenguaje que va más allá de la pregunta, la orden, la indicación. Es el lenguaje de la pausa. ¿Qué hizo Dios al séptimo día? No, no descansó, paró, se detuvo para que no todo sea igual. Para que no todo sea una rutina apurada. Para poder reflexionar y hablar.

Hagan un esfuerzo. Utilicen el lenguaje para dialogar, para maravillarse. Deténganse un rato. Las palabras son un remanso. Y es en ese remanso en el que pasan las cosas más lindas, se producen los aprendizajes más profundos. Es la verdadera estimulación.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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