¿Dormir menos es parte del avance tecnológico?

Reflexionemos sobre el uso de los aparatos electrónicos antes de dormir

Posteado por: Roberto Lerner , 18/09/2017

Cuando uno escucha a los mayores hablar sobre sus celulares, la palabra teléfono es recurrente. Para muchos de los nacidos antes de 1980 se trata de eso, un teléfono que apareció en nuestras manos. A medida que se conversa con personas que no saben lo que es el mundo AC (antes del celular), pues, las asociaciones se arremolinan alrededor de mensajes en todos los formatos posibles y una suerte de asistente para tomar decisiones de todo tipo.

Pero que nadie se equivoque, se trata de un órgano sensorial que nos brinda información en tiempo real sobre el mundo ancho y ajeno, y sobre aquel, más estrecho, en el que habitan nuestras amistades, ídolos, compañeros de estudio y trabajo. Pedir que alguien se deshaga de su celular es respetable y, en ocasiones, deseable, pero equivale a ponerse tapones en los oídos.

Hace un par de semanas escribí una columna en Perú21 —la que aparece todos los miércoles bajo el nombre de “Espacio de Crianza”— llamada “La pantallita”. Generó controversia porque referí resultados de estudios sobre los efectos negativos en el estado de ánimo de estar mucho tiempo pegado al mini écran.

Donde hay pocas dudas, sin embargo, a pesar de mi pasión por la tecnología, es el efecto sobre el sueño. Es verdad que vivimos una época de poco dormir. Entre los trabajos para la universidad o las tareas del trabajo, la diversión y la familia, además de ofertas tentadoras de actividades en nuestras ciudades permanentemente iluminadas, pasamos menos tiempo que nuestros ancestros en los brazos de Morfeo.

El porcentaje de jóvenes que duermen menos de 7 horas ha crecido marcadamente desde 2007 — ¡sí, pronto celebraremos los 10 años del iPhone!—, y de manera brutal desde 2012.

¿A qué edad comienza la reducción? A la que los chicos comienzan a usar el celular. Y a partir de un uso que excede, sobre todo en adolescentes y adultos jóvenes, 3 horas diarias, la probabilidad de un déficit de sueño se dispara.

Es interesante que cuando una parte significativa del tiempo pasa en las redes sociales y las visitas ocurren antes de cerrar los ojos en la noche, no solo disminuye la cantidad de sueño, sino que, además, se deteriora la calidad. El resultado es una mente menos alerta, más dispersa, con poca fuerza de voluntad y pérdida de foco al día siguiente. Que sea en las aulas o en las oficinas, el resultado no es bueno.

Como alguien que lleva su iPhone y su iPad como una parte más del cuerpo y les saca el jugo en todos los niveles, pero que también trabaja con jóvenes —pacientes, estudiantes universitarios, candidatos a puestos de trabajo— debo decir que es importante desarrollar protocolos que nos permitan también protegernos de algunas consecuencias indeseadas.

Sobre todo, cuando esas consecuencias no se miden solamente en notas mediocres o desempeños poco satisfactorios, laboralmente hablando. Si no que el sistema inmunológico menos robusto, sobrepeso, presión alta y también desórdenes del estado de ánimo están muy vinculados a un sueño deficitario.

Luchar contra el celular es quijotesco. Está acá, no se va a ir o va a ser reemplazado por algo más sofisticado (aunque quizá sin pantalla). Pero reconocer el impacto negativo de ciertas formas de usar la tecnología es siempre una buena idea. Que no es lo mismo que satanizarla. Como es sensato encontrar algunas maneras de combinarla con otra tecnología: leer antes de dormir, por ejemplo. Arrullar y poner el libro en la mesa de noche es más fácil que desenchufarse del celular.

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Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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