El bullying, ¿se puede prevenir?

Conoce cómo afrontar este problema y superarlo de raíz

Posteado por: Giuliana Caccia , 21/11/2016

Hace unos días me detuve ante una triste noticia en el periódico. Bethany Thompson, una niña de 11 años de Ohio, Estados Unidos, se suicidó luego de sufrir bullying en su escuela. Lo más sorprendente de esta historia es que Bethany había sido diagnosticada de cáncer cuando tenía 3 años y había conseguido vencer la enfermedad. Sin embargo, como consecuencia del tratamiento, su boca quedó “torcida” y esto fue motivo de burla por parte de sus compañeros de colegio lo que, desafortunadamente, según cuentan los padres, la llevó a cometer suicidio.

El objetivo de este post no es detenernos en los detalles de la historia de Bethany sino invitar a hacer una reflexión sobre lo que significa realmente el acoso, quiénes están involucrados en él y qué podemos hacer al respecto.

El bullying no es únicamente agresión o intimidación física. Eso es solo un aspecto del acoso que, según algunos estudios, conforma tan solo el 10% de las conductas de agresión. El aspecto más grave es la violencia psicológica, la cual incluye poner apodos, no hablarle a la víctima, reírse de ella cuando se equivoca, insultarla, acusarla de cosas que no ha hecho, contar mentiras acerca de ella, burlarse de su apariencia física, no dejarla jugar con el grupo, criticarla, imitarla en son de burla, odiarla sin razón, esconderle o robarle cosas, etcétera. Debemos considerar, además, que los casos se agudizan con la existencia de las redes sociales y aplicaciones diversas que convierten al bullying en una experiencia devastadora para los que la sufren, porque las burlas y el maltrato no se circunscriben únicamente a un espacio físico —como puede ser el plantel educativo— sino que se extiende al mundo virtual, sin dar ni un segundo de tregua a quien se convierte en víctima de estos perseguidores.

En el bullying, además de la víctima, existen otros dos actores identificados: el agresor (o agresores) y los testigos. La presencia de estas dos variables hace que, definitivamente, no debamos centrar la atención solo en el que sufre de bullying para poder resolver el problema —enseñándole a defenderse, a ignorar o a escapar, por ejemplo— sino que debamos, también, hacer algo con los que atacan y con los que permiten el ataque. Erróneamente, muchas veces se piensa que la víctima tiene problemas de autoestima o que se buscó el maltrato por algún tipo de conducta. O porque es cobarde. Sin embargo, más allá de si los tiene o no, lo que no se puede negar es que si no existiera victimario y/o personas que lo apoyen o pasen indiferentes, el bullying no se daría.

Por eso es muy importante que en la familia enseñemos y aprendamos a respetar al otro y, bajo ninguna circunstancia se deben permitir o promover burlas contra otra persona, sea o no de la familia. Más aún, si alguno de nuestros hijos o familiares hace algún comentario hiriente contra alguien —amigo, compañero de trabajo, personaje de televisión, etc.— debemos ser firmes en no aceptar ese tipo de comentarios en nuestro hogar porque solo fomentan conductas que pueden llevar luego, a los más jóvenes, a convertirse en victimarios de otros.

Créanme: por más que nos pueda parecer mejor tener un hijo “matón” que uno “debilucho”, bajo ninguna circunstancia queremos tener un hijo que acose a otras personas. El objetivo del bullying es intimidar, someter, amedrentar y consumir emocional e intelectualmente a otro con el fin de obtener algún resultado favorable o simplemente para destruirlo con el fin de dominar. Un agresor tiene dificultades para ponerse en el lugar de otro y comprender sus sentimientos, disfruta molestando a los demás, se muestra rebelde ante las normas, no acepta la responsabilidad de sus actos y le es difícil pedir disculpas. ¿Queremos realmente que una persona con esos sentimientos sea nuestro hijo? Seguro que no.

Por eso es responsabilidad de todo padre educar a su hijo en el respeto al prójimo, ayudarlo a desarrollar habilidades empáticas y, sobre todo, enseñarle a no tener miedo de denunciar las injusticias para que, de esa manera, no se vuelva un cómplice silencioso de una historia que puede llegar a un final tan trágico como el de Bethany.

Debemos enseñarles a nuestros hijos a que las cosas no se resuelven con violencia (gran herramienta para esto es nuestro ejemplo) y a que sean sensibles ante el sufrimiento de otros. Además, deben aprender a ser solidarios y deben desarrollar habilidades para establecer relaciones de amistad basadas en el respeto mutuo. Finalmente, cuando cometen alguna falta que hiera o dañe a alguien, debemos fomentar que reparen el daño causado pidiendo disculpas, ayudándolos a reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. Y por supuesto, todo esto debe ir acompañado de mensajes y sentimientos positivos para que se sientan queridos a pesar de que se puedan equivocar.

El bullying no es “cosas de chicos”, ni las víctimas se lo buscan o se lo merecen. Esto es falso. Nadie merece ser víctima de algún tipo de maltrato. Y nosotros, como padres, debemos ser los primeros en tratar de evitar que alguno de nuestros hijos sea victimario o testigo indiferente. De esa manera, estaremos contribuyendo de manera positiva a que la sociedad se humanice. Desde nuestro hogar, desde nuestra familia. Esto es, sin duda, una contribución esencial para evitar más casos como el de esta niña de 11 años.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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