El mejor activo de una empresa: La familia

Reflexionemos sobre la importancia de dar valor real a los colaboradores

Posteado por: Giuliana Caccia , 07/05/2018

La empresa tiene algunos fines concretos que la definen como tal. Por ejemplo, crear valor agregado, ser eficaz, vender un producto o un servicio, buscar la sostenibilidad, procurar el desarrollo humano, entre otros. Es tal vez este último fin mencionado el que debería tener un lugar central en la perspectiva empresarial. Si bien podemos analizar a la empresa desde distintos puntos de vista, el hecho de que esté constituida por un conjunto de personas —sin las cuales la empresa no funcionaría— es el factor más relevante. Una empresa que no considera debidamente el factor humano corre el riesgo de cosificar a su gente, es decir, de poner al mismo nivel a las personas que a los otros factores de la cadena productiva.

Por eso, entre los objetivos fundamentales de toda empresa debe estar el perfeccionamiento de las personas que trabajan en ella. Un ser humano adulto se pasa casi la mitad de su tiempo en el trabajo. ¿Sería sensato, acaso, que este espacio sea un compartimento que no comulgue con su desarrollo personal? ¿No es el trabajo un medio también para encontrarle un sentido a la vida en su conjunto y alcanzar objetivos trascendentes? ¿La empresa no debería ser una fuente de crecimiento y equilibrio personal? La respuesta a estas preguntas es sí.

Ahora bien, la empresa no podrá contribuir desde lo que le corresponde al perfeccionamiento humano si es que no pone medios concretos para lograrlo, y uno de estos medios es considerar a la familia de los colaboradores como un bien que debe ser promovido, cuidado y respetado, ya que es el ámbito más importante en la vida de un trabajador. Digan lo que digan, la gran mayoría de personas, por más ambiciosas y con hambre de éxito que tengan, no pueden desempeñarse con excelencia en su trabajo si es que el clima en su hogar y con sus seres queridos no son gratificantes.

Es por eso que una empresa que se preocupa realmente por sus colaboradores debe, como un imperativo, también preocuparse por sus familias. Y esto no solo se logra pagando un sueldo justo que ayude al profesional a cubrir las necesidades familiares de su casa o un seguro médico, sino también dándole medios y herramientas concretas para que su vida personal y familiar sea cada vez mejor.

¿Cuáles son esos medios concretos? Existen muchas iniciativas que han sido implementadas en diversas empresas nacionales e internacionales. Tal vez la “estrategia” más importante, desde mi punto de vista, sea la autenticidad de la preocupación. Les cuento una anécdota: hace algunos años formé parte del grupo directivo de una empresa que tenía como objetivo anual ganar una posición en el GPW (Great Place to Work). Para lograrlo, la gerencia de recursos humanos implementó una serie de medidas señaladas en una lista, que iban desde celebraciones de fechas importantes —día del niño, de la madre, de la patria— hasta la evaluación de competencias profesionales 360º. Y se fueron cumpliendo como una agenda de quehaceres, que una vez realizados se ponían al lado un “check”. Además, los colaboradores sabían de la importancia de ganar ese premio para luego recibir bonos por incentivos, entre otros. Para hacer el cuento corto, el interés del gerente general de la empresa era conseguir reconocimiento a su gestión a través de ese premio. No era un interés genuino por las personas ni por crear un clima agradable de trabajo. Y, evidentemente, los colaboradores lo sabían, por lo que el ambiente laboral —por más premios ganados— no era de paz ni de equilibrio, sino que se prestaba mucho a las “conversaciones de pasillo”, a hablar mal del jefe, de la empresa y, claro está, apenas se presentaba la oportunidad, salir corriendo a otro lugar por una oferta igual o un poco mejor. ¿Qué quiero transmitir con esta anécdota? Que los trabajadores no son tontos. Se puede ganar menos, tener menos experiencia laboral o académica, pero es evidente cuándo alguien está siendo honesto en sus intenciones y acciones y cuándo no.

Si esta “bondad” la extrapolamos a lo que más queremos (nuestra familia), la empresa debe ser más cuidadosa. Porque así como hacer cosas buenas por la familia de nuestros colaboradores puede tener efectos muy positivos en cuanto a desarrollo de competencias profesionales y al compromiso, sentir que nuestra familia está siendo usada para que otros obtengan beneficios puede tener efectos devastadores.

Hacia el futuro

Pero una empresa no solo debe preocuparse por las familias y por el bien de sus colaboradores, sino también porque es una institución social y es la primera educadora de valores en la sociedad.

Hoy las empresas invierten grandes presupuestos en la selección de personal, y debemos reconocer que captar talento es una tarea titánica, no solo a nivel técnico sino humano. Al vivir en una sociedad utilitarista, es cada vez más frecuente encontrar profesionales que, por priorizar su éxito o ascenso laboral, transcienden límites morales y éticos tanto con los bienes de la empresa como con otras personas, causando grandes daños. Pero, ¿por qué debemos salir a “cazar” talento y no nos preocupamos en cultivarlo? Es en este punto clave que una empresa con proyección debe pensar en apoyar a la familia no solo por la búsqueda de un clima laboral favorable hoy, sino por la posibilidad de cultivar valores, virtudes y procesos de socialización en personas que el día de mañana se convertirán en los actores del mundo laboral y empresarial.

Un buen gerente de recursos humanos, cuando evalúa a un prospecto, por ejemplo, no debería fijarse únicamente en su hoja de vida o en su experiencia profesional. Debería, también, indagar en algunos aspectos de la vida familiar del postulante, porque a través de estos podremos ver si tiene buena comunicación con los demás, si es que sabe poner el bien común por sobre el interés personal, si es capaz de apoyar en los momentos difíciles, entre otros. Porque estas competencias no se aprenden en una universidad o en un instituto técnico, sino que se desarrollan preferentemente en la dinámica familiar.

Por eso, una empresa que se considera socialmente responsable debe hacer esfuerzos concretos para fortalecer a la familia como institución social. De esa manera, en buena medida, se asegurará de contar el día de mañana con personas que tengan valores sólidos y que les ayuden a cumplir sus fines comerciales, humanos y sociales.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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