El príncipe y el mendigo que hay dentro de nosotros

El gran dilema entre lo que necesitamos y lo que codiciamos

Posteado por: Roberto Lerner , 18/05/2018

¿Qué es la necesidad? Es la urgencia de obtener aquello sin lo que no podemos vivir. ¿Y la codicia? Es la tendencia a obtener y acumular aquello que no es indispensable: comida, medicamentos, y lo que nos permite obtenerlos, como un empleo, están en el reino de la necesidad, mientras que un millón de soles o una mansión con 50 habitaciones, están en el ámbito de la codicia.

Los seres humanos somos, por decirlo de alguna forma, mendigos por naturaleza, mucho más que el resto de las criaturas que habitan en este planeta. La razón es simple: durante mucho tiempo dependemos de otros para sobrevivir. Los gritos que emitimos cuando nuestros estómagos están vacíos, hacen las veces de manos extendidas pidiendo la conmiseración de quienes nos rodean, comenzando por el pecho de nuestras madres. Si alguien no se fija en nosotros, nos morimos de hambre, de frío, de calor y de aburrimiento.

Pero los seres humanos somos, igualmente, codiciosos, digamos príncipes por naturaleza. Cuando alguien se ha hecho cargo de nuestra supervivencia -en el contento de la barriga llena o el arropamiento cálido- comenzamos a llenarnos de experiencias interesantes, no indispensables en el sentido estricto de la palabra, de patrones curiosos, de sonidos cautivantes, de esbozos de preguntas, de ganas por saber más y tener más, literal y metafóricamente hablando.

Hay ideologías y maneras de ver el mundo que se centran en satisfacer las necesidades y mantener a raya la codicia, aun si ello significa reducir las opciones y los márgenes de maniobra individuales. Otras encuentran legítima y deseable la codicia, incluso si ello significa que haya quienes no pueden satisfacer sus necesidades. La tensión entre esas visiones ha existido siempre y no hay nada que indique que alguna vez cese o que una se imponga de manera definitiva sobre la otra. Sí se puede afirmar que cuando se ha querido despreciar la necesidad o decretar la muerte de la codicia, se ha hecho mucho daño.

Entre la necesidad y la codicia está el deseo, una noción que solamente se aplica a los humanos y que pasa por los símbolos y la cultura, anclados en las funciones corporales esenciales. Ser querido, admirado, tener influencia sobre los demás, destacar, sacrificarse, dejar una marca, no son combustibles para el organismo aunque sí motivaciones poderosas que nublan los límites entre la necesidad y la codicia.

¿Cuánto es suficiente y cuánto demasiado?

Las crisis que se desenvuelven ante nuestros ojos y angustias ponen sobre el tapete cuestiones que hace algunos años hubieran sido desestimadas como excentricidades de intelectuales ociosos.

Hemos vivido mucho tiempo convencidos, enseñando, predicando, que más es mejor. Que mientras más opciones existan, más bienestar tenemos. Y, habiendo tantas alternativas, hay que escoger, cambiar, pasar de una a otra, porque en cada nueva elección podemos ganar mucho, pues existen métodos que permiten predecir adecuadamente lo que va a ocurrir. Que basta conocer esas maneras de estar siempre adelante y que, en promedio, todos vamos a ganar así de forma permanente.

El problema es que demasiadas opciones no generan bienestar – salvo en casos o dominios específicos, como cientos de salsas si uno es chef o modelos de ropa si uno trabaja en el campo de la moda-, y que tomarse en serio las elecciones y pasar de una adquisición a otra disminuye la felicidad, y, sobre todo, que somos muy malos prediciendo eventos que tienen consecuencias dramáticas, como las crisis financieras y las guerras, por ejemplo.

En ese contexto, ahorrar, regular el consumo personal, aprender cuándo vale la pena optar por uno u otro y protegerse contra el futuro son recursos invalorables, cuya utilización tendremos que reaprender cada vez con mayor frecuencia. No va a ser fácil, especialmente en el caso de los jóvenes, que se sentirán traicionados por el cambio de espíritu. Es una tarea importante para educadores y líderes de opinión la de enseñar a navegar con serenidad entre la necesidad y la codicia, y conciliar al príncipe y al mendigo que hay en todos nosotros.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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