¿Eres un padre helicóptero?

Te damos ideas para reflexionar acerca de la sobreprotección

Posteado por: Giuliana Caccia , 24/01/2017

El 13 de diciembre de 2015, el NY Mag publicó un artículo en el que se comentaba el caso de una pareja de esposos de Maryland que fue acusada de negligencia “inespecífica” con sus hijos y se les puso bajo supervisión por los servicios sociales durante los siguientes cinco años. ¿Qué gran irresponsabilidad cometieron estos padres cuasi criminales? Pues habían dejado que sus hijos caminen solos hacia un parque ubicado a una milla de distancia de su casa.

Tal vez para muchos padres de hoy efectivamente este puede ser un estilo educativo irresponsable. Sin embargo, sería oportuno evaluar si es que no estamos cayendo nosotros también en esa cultura familiar que hace que los chicos estén sobreprotegidos y vivan en una burbuja ya que nos ocupamos por resolverles absolutamente todo… aún cuando ya pasaron una edad razonable para que empiecen a ser más autónomos. Esos padres que no dejan nada al azar cuando se trata de sus hijos pueden ser, en muchos casos, categorizados bajo el concepto de “helicóptero”.

El término “padre helicóptero” tiene su origen en el año 1969, en el libro Between Parent & Teenager de Haim Ginot. Allí se habla de una adolescente quien dice: “tengo a mi madre siempre encima como un helicóptero”. El concepto se extendió luego, alrededor del año 2000, cuando los directivos de las universidades americanas detectaron un mayor número de padres de estudiantes que se entrometían demasiado en la vida académica de sus hijos prácticamente adultos. Inclusive, hay universidades en Estados Unidos que contratan personal exclusivamente para atender llamadas y correos de los padres que quieren ayudar a sus hijos hasta a escoger los cursos que deben llevar. Y no es raro, también, que algunos profesionales de selección de personal hayan recibido a jóvenes candidatos que asistían a la entrevista de trabajo… ¡con su mamá!

Estamos quizá frente a uno de esos casos en donde lo complejo es encontrar el punto de equilibrio. ¿Cuánto deben estar presentes los padres? ¿Cuál es la medida? Autores como Carl Honoré, en su libro Bajo presión, opinan que “la infancia es algo demasiado precioso para dejarlo a cargo de los niños y los niños son algo demasiado precioso para dejarlos solos”. Y no le falta razón en un aspecto. Sin embargo, tenemos ya suficientes evidencia de que el cuidado excesivo no está trayendo, desafortunadamente, buenos resultados ni mucho menos, niños mejor educados.

Si bien abordar este tema puede exceder el espacio de este post, quisiera compartir algunas ideas que nos ayuden a reflexionar sobre si, de alguna manera, estamos siendo padres sobreprotectores hasta el punto de estar dañando a nuestros hijos.

Algunas reflexiones

  1. Hay que aprender a diferenciar entre involucrarse y la sobreprotección. Lo primero es el impulso último que necesitan los chicos para consolidar la confianza en sí mismos. En cambio, la sobreprotección produce el efecto contrario porque genera la idea de que no pueden lograrse objetivos por uno mismo.

  2. ¿Estamos educando para el éxito? ¿Para cuál? Gran parte del síndrome de los padres helicóptero se debe a que se sigue una cultura que ansía la fama, el poder, el dinero y la belleza al estilo Hollywood. Y si educamos a nuestros hijos según esta idea que no contempla el fracaso, pueden terminar justamente fracasando y sin entender por qué o cómo llegaron ahí, inundados de las ansías de los padres por ese sueño que, seguramente, nunca cumplirán.

  3. ¿No queremos que nuestros hijos fracasen? Entonces no tendrán tolerancia ante la frustración, ese mecanismo que ayuda a superar situaciones contrarias. Cuando no se tolera el fracaso, se puede pasar de una simple tristeza temporal a una depresión más profunda.

  4. Es un sentimiento normal querer que nuestros hijos sean felices y que no sufran. Sin embargo, crecer y hacerse fuerte implica afrontar obstáculos y experimentar la adversidad porque es ahí donde uno desarrolla competencias y destrezas para afrontar la vida en distintos ámbitos y momentos.

  5. Irónicamente, educar para el éxito no contempla realizar tareas domésticas. ¿Cómo vamos a hacer que nuestros hijos pierdan tiempo en cosas tan básicas? Sin embargo, ya hemos dicho más de una vez que la familia es la mayor escuela de virtudes y, claro está, ayudar a hacer los trabajos de la casa les enseña a tener disciplina, responsabilidad y autonomía. Además, ayuda a la empatía pues considera que el resto también importa.

  6. En base al punto anterior, podemos cuestionarnos: ¿nos importa el bienestar de los demás o solo el de nuestros hijos? Si es lo segundo, seguramente estamos en problemas.

  7. ¿Confundimos presencia excesiva con cuidado? Es momento de preguntarnos si es que estamos cubriendo necesidades reales de nuestros hijos o estamos imponiendo una fantasía personal de lo que nosotros quisiéramos que sean nuestros hijos.

No debemos olvidar que los niños se desarrollan de una manera más saludable cuando tienen tiempo y espacio para relajarse, aburrirse, estar con amigos y pasar, inclusive, momentos de soledad. Estoy de acuerdo que también debemos educar el ocio, pero eso no tiene nada que ver con estresar las agendas de tal manera que nuestros hijos ya no sepan ni lo que es jugar o distraerse.

Finalmente, algo que sí les podemos dar a nuestros hijos sin límites es amor. En eso nunca nos excederemos. Y el verdadero amor no ata ni genera dependencias. Es un don gratuito que busca lo mejor para el otro. No es un sistema de méritos y retribuciones.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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