¿Es bueno etiquetar en el mundo laboral?

Reflexionemos sobre las consecuencias de esta práctica

Posteado por: Giuliana Caccia , 25/06/2018

Hoy está de moda, sobre todo en los ámbitos educativos, hablar acerca de las consecuencias de etiquetar a las personas. ¿Es algo bueno o malo?

Para empezar, es importante señalar que en la década de los sesenta el psicólogo social Robert Rosenthal realizó una serie de experimentos que bautizó con el nombre de “Efecto Pigmalión”. Estos estudios señalaban que las expectativas y creencias que una persona A puede tener sobre una persona B influyen en el rendimiento de B. Lo llamó así inspirado en la mitología clásica, y recordar la historia es ilustrativo.

Esta obra de Ovidio cuenta la historia de Pigmalión, un escultor que se enamora de la estatua que había hecho. Tan enamorado estaba que le pidió a los dioses que la transformasen en una mujer de carne y hueso, deseo al cual accedió Afrodita. Así, terminó casándose con ella y teniendo una hija. ¿Pero por qué esta historia tiene que ver con el etiquetaje? Porque lo que el mito trata de decir es que lo que tú esperas o deseas en tu pensamiento se puede terminar convirtiendo en realidad. Una suerte de profecía autocumplida.

La situación descrita en los estudios psicológicos de Rosenthal se verifica con más frecuencia de lo que quizá pensamos, y no solo en el ámbito familiar y educativo, sino también en los espacios laborales. Reflexionar sobre esto nos puede ayudar a mejorar las relaciones y el clima de trabajo.

No es extraño que, hasta cierto punto, uno se haga expectativas sobre el desempeño de un trabajador. Inclusive es parte de la planificación que hacemos: señalamos objetivos, implementamos procesos de seguimiento, mediciones de KPI’s, bonos de desempeño, entre otros. Sin embargo, el problema quizá se presenta cuando de esa expectativa natural y de desempeño laboral se pasa a emitir un juicio de valor sobre la otra persona. Y, lo que es más delicado, ese juicio se podría estar emitiendo a partir de las expectativas que uno tiene. Es decir, podríamos terminar definiendo a una persona de acuerdo a si se adecúa o no a nuestras perspectivas sobre ella. Esta situación se asemeja mucho a lo que se conoce como el “etiquetaje”. Ponerle a alguien una “etiqueta” que, consciente o inconscientemente, adquiere tanta fuerza que termina por definir quién es.

Esta forma de proceder presenta diversos desafíos en el ambiente laboral, sobre todo para aquellos que tienen un cargo que implica liderar un grupo de trabajo, pues deben ser especialmente cuidadosos con sus actitudes, con lo que le dicen a un colaborador, la manera de evaluar, corregir o incluso de aplaudir sus logros.

Volviendo a la historia de Pigmalión, y quizá simplificando un poco, un directivo en la organización laboral puede terminar influyendo negativamente en el desempeño de sus colaboradores. Frases como “nunca vas a aprender”, “siempre cometes los mismos errores”, “eres muy inútil”, efectivamente pueden terminar generando o endureciendo una imagen personal en el trabajador que obstaculice no solo su desempeño profesional, sino que afecte también su autoestima.

Es importante entender que “etiquetar” a una persona ya incluye una connotación negativa. Si nosotros pensamos que decir cosas buenas sobre el otro es etiquetar, no estamos siendo precisos en el uso del término. Más bien, lo correcto sería decir que estamos reconociendo logros o motivando a alcanzar los objetivos. Todo esto debe ir de la mano de una actitud asertiva de parte del jefe, es decir, tener la capacidad de señalar lo bueno y lo malo, pero basándose en la conducta en sí y no en la persona. Un ejemplo simple puede ayudar a entender la diferencia: es muy distinto decir “al reporte le falta mayor análisis”, que “eres un ineficiente y tu reporte lo demuestra”. En el primer caso, nos estamos enfocando en la conducta y, en el segundo, en la persona.

Por otro lado, tampoco se trata de ofrecer un “refuerzo” con frases del tipo: “eres el mejor en esto”, “nadie es tan eficiente como tú”, “si no lo haces tú, nadie lo hará”, o cosas por el estilo. Ese tipo de generalizaciones alejadas de la realidad pueden también tener un efecto nocivo en la persona, ya que con el afán de inflar su estima le estamos dando expectativas erradas y generando posibles episodios de frustración.

“Etiquetar” no es, pues, una buena práctica en el mundo laboral. Algunas de sus consecuencias negativas son:

  • Una etiqueta puede tener tanta carga negativa que hiera emocionalmente a la otra persona. En ese sentido, obstaculiza la empatía y las buenas relaciones.

  • El etiquetaje encubre otros problemas. Cuando una persona no realiza adecuadamente una tarea, si el asunto se cierra con un “eres un inepto”, o “nunca vas a aprender”, se pierde la oportunidad de analizar el origen del error y corregirlo.

  • En la línea de lo anterior, la dinámica de etiquetaje no favorece el aprendizaje ni la superación personal. Determina a las personas según sus errores. Ello no solo es injusto, sino que es irreal, pues todo el mundo comete errores y todos tenemos el derecho (y el deber) de aprender.

  • Se descalifica a las personas. Al afectar negativamente la seguridad y la imagen que ellas tienen de sí mismos, se puede afectar también su rendimiento posterior. Es un círculo vicioso que el etiquetaje favorece.

Si queremos tener un equipo de trabajo en donde nuestro objetivo sea el bienestar de la persona para que pueda alcanzar los objetivos de la empresa, el etiquetar es una dinámica que no ayuda en absoluto a implementar esa cultura laboral. Debemos ser cuidadosos. Tenemos que pensar que los seres humanos trabajamos mejor cuando estamos motivados, y cuando sentimos que estamos en un ambiente de respeto en el que se apoya nuestro crecimiento personal.

Hagamos el ejercicio.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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