Estrés, ¿bueno o malo?

Meditemos con nuestro especialista sobre esta sensación

Posteado por: Roberto Lerner , 28/11/2017

Para una población culta en los misterios del organismo no es una novedad que el colesterol puede ser bueno o malo. Pues lo mismo ocurre con el estrés. Palabra tan usada que corre el riesgo de dejar de tener sentido para convertirse en un cajón de sastre que suena a justificación cuando uno quiere explicar por qué no hizo las tareas o metió la pata en una relación interpersonal importante.

El mundo es un lugar lleno de retos, la vida es un lapso que incluye sorpresas, algunas desagradables; pruebas, varias de ellas duras; encrucijadas previsibles, algunas de ellas demandantes. Dependiendo de las circunstancias —cultura, nivel socioeconómico, época— uno termina sus estudios, trabaja, es despedido, se casa, tiene hijos, se enferma, compite, se arriesga.

De hecho, todo lo anterior pone en tensión a nuestro organismo, activa alertas, produce sustancias con el fin de tener las máximas probabilidades de salir airoso. Aunque no es lo mismo exponer un plan de negocio frente a un auditorio, sustentar un trabajo ante un jurado, defender a un hijo frente a un asaltante, hacer las paces con uno mismo de cara a un pelotón de fusilamiento o apostar los ingresos del mes al póquer.

Mientras los recursos del organismo sean suficientes —los propios y sus redes de soporte social— y la alarma suene cuando debe y deje de sonar cuando las papas dejen de quemar, el estrés sirve, remece pero no daña de manera significativa.

No vamos a entrar en detalles, pero adrenalina, hipotálamo, pituitaria, cortisol, glucosa, amígdala, hipocampo y presión sanguínea, participan en una sinfonía que en el balance mantienen un equilibrio entre el organismo y su entorno. Hay un desgaste sabio, un sismo moderado, una activación razonable.

El problema hoy en día es que los anteriores mecanismos se desmadran: un bocinazo, la llamada del jefe, el ataque a nuestra reputación en las redes sociales, la comparación permanente por ser conocido y no ser puesto de lado, todos mantienen por tiempos excesivamente sostenidos la estridente sirena ululando. Y eso sí que desgasta, especialmente porque suele acompañarse de alimentación poco balanceada, casi nada de ejercicio, exceso de sustancias tóxicas y déficit de sueño.

Grasa en la barriga, hipertensión, arterias congestionadas, se van sumando a entornos ruidosos, trabajos poco motivadores, suciedad ambiental, desorden financiero, soledad que, muchas veces, de manera silenciosa y no necesariamente espectacular, merman la calidad de vida. Ese es el estrés malo, malvado.

¿Remedios? Priorizar, organizar rutinas diarias que contengan altos y bajos en el nivel de actividad, introducir pausas sagradas que contribuyen a que no todo sea igual, ver de tanto en tanto un video gracioso, respirar, decir “no” a algunos pedidos, hacer algo aburrido, concentrarse en la respiración, caminar, además, por supuesto, de involucrarse en las tareas profesionales o familiares con seriedad y de manera comprometida.

Lo anterior, junto con el estrés bueno, hacen que la orquesta y su desempeño, que son nuestras vidas, tengan un balance que ayude a nuestros genes, la robustez de nuestro sistema inmunológico, la sostenibilidad de nuestras funciones cognitivas y un estado de ánimo razonablemente parejo.

No, no se trata de estar sonriendo todo el santo día, ni andar por la vida diciendo que con querer basta, ni tratar de hacer como que no pasó lo que pasó. Pero si uno aprende a pautar, pausar, desapegarse, tomar distancia, atacar y defenderse cuando es preciso, poner ají y pasión, se puede navegar por todo tipo de experiencias de la mano del buen estrés.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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