Identidad femenina en el hogar y la oficina

Reflexiones para una sociedad igualitaria

Posteado por: Roberto Lerner , 13/03/2018

En medio de celebraciones, llamados a profundizar cambios hacia una sociedad igualitaria y cruzadas contra el abuso sexual y la violencia, las mujeres —cuyo día internacional fue el 8 de marzo— viven uno de los momentos más interesantes de la historia.

La presencia femenina en el mercado de trabajo, la anticoncepción y legislación progresista, entre otras variables, han cambiado las cosas de manera radical. Nadie puede dudar de que hoy, en el espacio público -vale decir, la política y el desenvolvimiento profesional, antes monopolizado por los varones- hay una tendencia igualitaria.

Porque además de la normativa, sobre todo en los niveles socioeconómicos con más posibilidades, ha pesado la extensión del lapso entre la posibilidad de procrear y la procreación, durante el cual hay formación profesional, experiencias de pareja sin reproducción, compromiso laboral, viajes y otras experiencias, que posponen la maternidad.

En los directorios corporativos y los puestos más altos en distintas organizaciones, así como en ministerios, jefaturas de Gobierno y de Estado, la presencia femenina es indudable, aún no paritaria, pero sí importante.

¿Leyes adecuadas y menos prejuicios serán suficientes para llevarnos a una sociedad totalmente igualitaria? Dos reflexiones.

Desde el punto de vista académico hay datos tajantes: las mujeres tienen, en promedio, un mejor desempeño tanto en el colegio como en la universidad. En lo lingüístico es marcado, pero hasta en lo numérico se corrobora la ventaja femenina. No es, entonces, un asunto de formación previa a la vida laboral.

Lo que ocurre es que hombres y mujeres tienen una manera distinta de ver el ciclo vital. Los primeros ven las cosas de forma esencialmente unidimensional: una carrera en una sola pista en la que se busca más estatus y poder, centrada en logros individuales concretos. Las segundas se definen por muchas más variables: la crianza de los hijos, objetivos colectivos y profesiones (salud, educación, recursos humanos, derecho) ligadas al bienestar y la justicia.

Ellos se centran en jornadas largas e ingresos, ellas en consolidar un balance que les permita mantener redes de relaciones amplias y fuertes. Es interesante que cuando se da a escoger a hombres y mujeres entre tiempos parciales o completos, entre tiempos flexibles o estructurados, ellas van por lo parcial y flexible. Es así que, en países como Holanda, se protegen por ley ambas modalidades —nadie puede despedir a quienes optan por menos presencia en el lugar de trabajo—; y, lo que es más interesante, el grupo femenino va por la flexibilidad también cuando se trata de mujeres que no son madres, ni tienen intención de serlo.

Ocurre que las mujeres no ponen todos sus huevos en la misma canasta, diversifican sus inversiones afectivas y definen sus identidades sobre un abanico más extendido. Por eso, cuando hay una crisis económica, muestran más recursos para superarla. Trabajar y punto no basta, sino que quieren hacerlo con personas a las que respetan en labores que trascienden y que tienen relevancia en el nivel social, al mismo tiempo que cuidan relaciones en niveles extra laborales, no solamente dentro de casa. Interesantemente, en los países más igualitarios hay menos mujeres en carreras tecnológicas que en países con poca protección. Es decir, cuando se es verdaderamente libre, se opta sobre la base de intereses y ventajas comparativas, no en función del potencial ingreso.

Por otro lado, hay un lugar en el que las cosas han mejorado solo de manera muy relativa. Cuando uno mide la curva de bienestar de hombres y mujeres que conviven con sus parejas, y ambos trabajan a lo largo del día, se observa que ellos comienzan la jornada con indicadores marcadamente más altos, hasta eso de las 09:00 en que unos y otras convergen y van juntos hasta eso de las 18:00, cuando los varones vuelven a una sonrisa marcada y las damas al puchero. La convergencia regresa a eso de las 22:00.

En otras palabras, no es entre la entrada y la salida del centro de trabajo donde hay diferencias notables, sino antes y después, en el hogar. Porque, de hecho, quien pone en marcha la logística familiar y administra las tormentas mañaneras es —lo afirmado aquí tiene que ver con promedios y, obviamente, hay muchas personas que no se ajustan a las tendencias— la mujer. Y es ella quien cuando termina el horario laboral… comienza otro turno, no se desenchufa, sigue administrando y asume, aún en hogares en los que se reparten las tareas, lo esencial.

Y es en ese espacio en el que queda un reto muy complejo, que no se va a resolver cambiando normativas. Quizá uno de los retos más complejos que enfrenta la especie humana.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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