¿Incumpliendo promesas de año nuevo?

Descubre algunos tips para alcanzar tus metas

Posteado por: Roberto Lerner , 27/02/2018

Ah, queridos lectores, culminados enero y febrero, y entrando en la segunda semana de marzo, me atrevo a preguntarles -el lapso es razonable- ¿qué fue de las promesas que hicieron el 31 de diciembre del año pasado? Porque, ¿quién no las hace más o menos por esa época? Alrededor de 70 % se compromete consigo mismo -algunos con alguien más que les ha sacado tarjeta amarilla, o hasta con el CEO del universo-, a hacer más deporte, bajar de peso, ingerir comida sana, engordar la cuenta de ahorros o ser más -o menos- buena gente.

Pero lo más probable, a estas alturas, es que haya menos gimnasio y dinero, más peso y chicharrón, de lo que estimaban los juramentos navideños. En cuanto a variar la calidad humana, basta recordar que San Agustín elevó sus plegarias para que lo hicieran casto… pero no todavía, y Orwell afirmó que queremos ser buenos, pero no tanto y no todo el tiempo.

¿Por qué diablos hacemos promesas que nuestra experiencia y la ciencia indican que no vamos a cumplir?, ¿qué tiene el tránsito del último día de diciembre al primero de enero que induce al perjurio?

El Yo de ahora, el presente, criticado por nosotros y otros importantes, necesita linderos, hitos y umbrales, fronteras en el tiempo, que deslinden con el Yo futuro, diferente, mejor, pulido, pedido por el público que llena la platea de nuestras vidas. El inicio de la semana, el inicio del mes, el inicio del año, alguna fiesta nacional, hacen más fácil la ilusión del botón de reinicio, por lo menos parcial. Interesantemente las cuentas de ahorro y los abonos en gimnasios, se disparan en el inicio del otro lado de esos cortes. ¿Les dice algo "el lunes empiezo dieta"?

El problema es que la declaración solemne contiene intenciones, generalmente sin indicadores -tantos kilos, tantos Soles- o que, por definición, no pueden tenerlos. ¿Qué significa ser bueno, considerado, responsable? Que no hay testigos, ni tampoco un jurado independiente. También, en el momento en el cual nos comprometemos estamos atrapados en el espejismo de que ahora aquello está en el centro de nuestro radar y acapara toda nuestra motivación, y va a seguir a lo largo del año estando en el mismo lugar.

Grueso error, ya que esa fuerza que alimenta nuestra voluntad en el momento heroico de diciembre, que asumimos será íntegramente invertida en lograr la nueva versión de nosotros mismos, tendrá que repartirse entre muchas otras incidencias de nuestras vidas. ¿Por qué no otro trago, una porción más de torta, si cuando corre marzo hay que pagar impuestos y Jaimito ingresa en el colegio?, ¿por qué no endeudarse para ese fin de semana soñado si puede haber una guerra mundial o estamos con un pie fuera de casa?

¿Estamos, entonces, condenados a ser desmentidos durante el primer semestre, a mirarnos en el espejo de nuestras imperfecciones que sobreviven vivitas y coleando en la corriente de días que van inexorablemente hacia otra ronda de promesas al cabo de 12 meses?

No es sencillo, sobre todo porque estamos hablando de hábitos, estilos de ser, placeres, y también porque vivimos en un mundo lleno de ofertas, expectativas, presiones e incertidumbres. El estrés alienta la inercia de conductas conocidas y dificulta las nuevas, alienta a sacar los pies del plato y promueve la sensualidad exagerada que entumece.

¿Algo ayuda? Bueno, sí.

Por ejemplo, definir objetivos alejados de términos grandiosos, más bien modestos y expresados en indicadores objetivos que no dejan lugar a dudas, además de tener plazos razonables de constatación: 3 kilos el primer mes, 2 el segundo; 300 Soles cada 2 semanas, por ejemplo.

Igualmente, dejar de lado la severidad a ultranza, ofrecerse márgenes flexibles y algún bono de excepción, ayuda enormemente. Finalmente, encontrar a alguien, entre las personas cercanas, o aquellos que están tratando algo parecido, cara a cara o en lugares virtuales -los hay que actúan de facilitadores-, que puedan ser árbitros, es una excelente idea.

Ah, olvidaba, ¿por qué el 31 de diciembre? Definir nosotros, cuando nos venga en gana, el lindero temporal, nos aleja de un rebaño de probables perjuros, da un toque personal y nos aparta de la solemnidad hueca.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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