La alcancía llena y la alcancía vacía

Reflexionemos sobre el futuro a través de una historia de la vida real

Posteado por: José García Puntriano , 28/11/2017

Hace un tiempo mis dos pequeños hijos me pidieron que les compre el último modelo de la consola de videojuegos Play Station.

Cuando vi lo que costaba, que no es poco, pensé en la época en la que fui niño y los juguetes que tuve. Yo crecí en la época de las restricciones y toques de queda de los gobiernos militares de la década de los setentas. Crecí en los tiempos de la escasez, las colas, el terrorismo y la hiperinflación de la década de los ochentas.

A pesar de esos entornos tuve una infancia muy feliz y no me faltaron los juguetes: trompos, canicas, soldaditos de plomo y similares. En algunas navidades podía llegar una bicicleta (a veces de segunda mano), una piti-tabla y la pelota oficial de fútbol del último mundial (al que la selección peruana solía ir).

Pero no siempre era fácil obtener los juguetes que uno quería, entonces nos la ingeniamos y fabricamos nuestros propios juguetes: con una tabla de madera, un gancho de ropa, un clavito y un elástico hacíamos unos sofisticados «lanza chapas», juguete que permitía colocar una tapa de bebida gaseosa (que le llamábamos chapita) en uno de los extremos del elástico, sostenida por el gancho de ropa de madera. En el otro extremo de la tabla se clavaba el elástico de forma que quedase bien templado, de tal manera que al apretar el gancho de ropa, la chapita salía disparada y podía volar unos cuantos metros. Hoy son históricas en mi barrio las guerras de «lanza chapas» que librábamos contra los niños de La Norte, que así llamábamos al barrio vecino. Guerras que terminaron cuando las grandes potencias (nuestras mamás) intervinieron en el conflicto, decomisaron las armas (los «lanza chapas») y negociaron un acuerdo de paz (chicos, dense la mano y siéntense acá a jugar Monopolio).

A mi generación, la escasez nos enseñó a comprender mejor el valor de las cosas, a reconocer la necesidad del esfuerzo y el ingenio como medio de obtener lo que buscásemos.

Hoy vivo en otro Perú, que aún tiene importantes problemas pero que definitivamente ha superado aquellas etapas tan difíciles y ha visto desarrollo y progreso económico. Hoy mis hijos pueden obtener lo que quieren con más facilidad que en mi época, y qué bien que sea así. Sin embargo, esta vez decidí hacer algo diferente, no les iba a poner el Play Station fácil.

Unas noches después llegué a la casa con dos alcancías hechas en cerámica y con forma de chanchito, les expliqué a mis menores hijos que en ellas podían depositar parte o todos los billetes y monedas que reciban como propinas y que incluso, ellos podían ganar dinero «trabajando» ya que justo planeaba hacer unas labores menores de mantenimiento en la casa y necesitaba dos «ayudantes».

Les expliqué también que en las alcancías irían acumulando dinero conforme vayan depositando y así podrían lograr juntar suficiente para comprar entre los dos el bendito Play Station.

Durante las siguientes semanas observé que uno de mis hijos depositaba fielmente en su alcancía parte del dinero que recibía, y a veces todo; mientras que su hermano, pronto olvidó la alcancía y prefirió gastar su dinero en golosinas y juguetes; algunas veces se acordaba de su chanchito y depositaba unas cuantas monedas.

Cuando llegó el día, saqué un martillo y los llamé para que se acerquen con sus chanchitos. Al romperlos, naturalmente una de las alcancías estaba casi llena y tenía bastante dinero; mientras que la otra, media vacía, arrojó pocas monedas.

«Papá», me dijo el que había ahorrado poco, «La alcancía que me tocó, está malograda, anda donde el que te la vendió para reclamarle porque nos ha estafado, mi alcancía ha dado pocas monedas, no es buena».

Luego de explicarle que habían pocas monedas porque él había puesto dinero pocas veces, negocié un nuevo acuerdo con él, yo le prestaría lo que le faltaba para pagar su mitad del Play Station y él continuaría ahorrando y me pagaría el préstamo luego.

Y así fue, solo que esta vez les enseñé un poco más, en vez de comprarles una nueva alcancía decidí abrir una cuenta para niños en el banco y así pude hablarles de las tasas de interés como premio al ahorro.

Hoy, el hijo que ahorró poco aún me debe el préstamo, pero se ha vuelto más disciplinado con el ahorro y está poco a poco acumulando para pagar su deuda.

Aquí voy a hacer el siguiente paralelo:

El sistema de pensiones es lo mismo, las «alcancías» son las AFP (con la salvedad, que a diferencia de las alcancías de cerámica, las AFP generan rentabilidad sobre los ahorros), las «propinas» son las remuneraciones que uno recibe por su trabajo, los «depósitos en la alcancía» son los aportes mensuales que uno efectúa a su cuenta de ahorros para la pensión en la AFP, mientras que el «Play Station» es la pensión (la meta).

Y tú, ¿cuánto dinero tienes en tu «alcancía» para tu pensión? ¿Estás ahorrando como mi hijo que depositaba frecuentemente en su alcancía, es decir estás efectuando tus aportes mensuales con frecuencia y sistemáticamente? ¿O más bien tienes periodos en los que no aportas porque no estás trabajando como dependiente o eres independiente y aportas a veces?

Toma en consideración que si aportas con frecuencia y disciplina a tu cuenta de ahorros para la pensión, seguramente acumularás un fondo que, cuando te corresponda «romper la alcancía» (pensionarte), te alcanzará para obtener una pensión adecuada.

Toma en cuenta además que, si has dejado de aportar a tu fondo de pensiones o aportas a tu fondo a veces sí y a veces no, cuando te toque jubilarte lo más probable es que no estará tu papá para «poner la diferencia» y tal vez no logres una pensión adecuada.

No dejes de aportar, recuerda que tu pensión está directamente relacionada con el monto y frecuencia de aportes que efectuaste a lo largo de tu vida laboral. De ti depende que «al romper tu chanchito» haya dinero suficiente. Infórmate en tu AFP sobre cómo efectuar aportes voluntarios o aportes como trabajador independiente.

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Autor

José García PuntrianoJosé García Puntriano

José García Puntriano

Especialista en Mercados de Capitales y AFP

Experto en inversiones y sistemas de pensiones, tema por el que ha sido diplomado por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Es autor del libro "Más y Mejores Pensiones", en el que propone una reforma integral del sistema previsional peruano. José tiene una amplia trayectoria profesional en finanzas, gestión de portafolios y mercados de capitales. Es docente universitario, conferencista y escritor de artículos en revistas financieras. Cuenta con maestrías en dirección de empresas por la Universidad de Madrid y por la UPC, es economista por la Universidad de Lima y ha realizado estudios de especialización y seminarios en prestigiosas instituciones financieras en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia y Holanda.

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