Larga vida y ahorro

Cómo el cambio demográfico afecta al sistema de pensiones

Posteado por: José García Puntriano , 29/09/2016

La población mundial continúa creciendo, se calcula que actualmente más de 7,300 millones de personas poblamos la tierra y las proyecciones son que continuemos aumentando en número.

Si dividiésemos a la población por grupos de edad, en la que una parte de los 7,300 millones de personas está conformada por niños (con edades de 0 a 18 años), otra parte conformada por adultos (18 a 64 años) y otra por adultos mayores (de 65 a más años) y observásemos la evolución en el tiempo de estos grupos por edades, encontraríamos de forma interesante que la proporción que representa cada uno de estos grupos con respecto al total de la población está cambiando fuerte y rápidamente a lo largo del tiempo.

La proporción de niños es un ejemplo. En el siglo XIX era usual que una mujer tuviese 8 hijos, y en muchos casos esta cifra solía aumentar a 10, 12 y a veces 14 o 18 hijos. Muchos habrán oído la historia de la bisabuela que tuvo un gran número de hermanos o hijos.

Sin embargo con el tiempo las cosas fueron cambiando, se dio una tendencia al aumento en el costo de vida y de mantener y educar a los hijos, al mismo tiempo se incrementó el acceso a métodos anticonceptivos así como la eficacia de estos, asimismo el rol de la mujer ha venido cambiando paulatinamente en la sociedad, adicionalmente se ha reducido la tasa de matrimonios, han aumentado la edad promedio de casamiento, la tasa de divorcios, la tasa de abortos y se han dado otros cambios que han llevado a que continuamente se reduzca el número de hijos por mujer.

El Perú no ha sido la excepción en esta tendencia mundial, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) la tasa global de fecundidad (número de hijos por mujer) en 1950 era de 7 hijos. Para la década del 70 esta cifra se había reducido a un promedio de 5 hijos, que pasaron a ser 4 en la década del 90 y actualmente un promedio muy cercano a 2 hijos por mujer. Las proyecciones indican que la tendencia a la reducción continuará.

El caso del grupo de los adultos mayores de 65 años también ha registrado importantes cambios, así, en el siglo XIX la esperanza de vida al nacer en Perú era de 35 años, lo cual no significa que todas las personas muriesen a los 35 años pero sí que esa era la edad promedio de muerte, la mitad de la población no pasaba de esa edad principalmente debido a una alta mortalidad infantil. Quienes pasaban dicha edad tampoco es que tuviesen una larga vida asegurada. La proporción de la población que pasaba los 65 años de edad era de 2% del total.

Mejoras en la calidad de vida, la alimentación, la higiene y sobre todo en el cuidado de la salud y los avances médicos en cuanto a prevención y cura de enfermedades han permitido que se reduzca de forma importante la mortalidad. Hoy en día es normal que una persona sobreviva más allá de los 65 años de edad, pero no siempre fue así.

De acuerdo a cifras del INEI respecto a Perú, la proporción que los adultos mayores de 65 años representan con respecto al total de la población había aumentado a 3.5% para 1950, 3.7% para 1985, mientras que para el año 2000 representaban 4.8% del total. Hoy son 6.7% y se proyecta que serán 7.5% en el 2020, 9.9% en el 2030, 12.9% en 2040 y 16.1% de la población total en 2050.

Estos dos cambios, es decir una menor proporción de niños y jóvenes y una mayor proporción de adultos mayores, se han dado producto de buenas noticias para la humanidad, ahora se vive más y mejor que en el siglo XIX. Sin embargo, para los sistemas nacionales de pensiones, cuyo diseño y origen se remonta al siglo XIX, no han sido buenas noticias.

En 1889 se aprueba en Alemania la legislación para el primer sistema nacional de pensiones que apareció en el mundo, hasta entonces los sistemas de pensiones solían cubrir a algunas fuerzas militares, personalidades del clero o funcionarios del gobierno, pero en 1889 en Alemania se instaura el primer Sistema Nacional de Pensiones que cubre de forma obligatoria a los obreros y empleados tanto públicos como privados.

Este sistema se diseñó con el mecanismo de que los trabajadores asalariados en actividad separasen una parte de sus ingresos para que con ese dinero se pagase pensiones a los ex trabajadores que hayan cumplido la edad de jubilación. El sistema funcionaba muy bien pues dado el gran número de hijos que se tenía y que luego crecían y se incorporaban a la fuerza laboral, alcanzaba sin problemas para mantener el pago de pensiones al reducido número de jubilados (recordemos que eran alrededor de 2% de la población).

Este tipo de sistema, típicamente llamado “de reparto”, se extendió a casi todo el mundo durante las décadas siguientes. En Perú se introduce en 1936, y tras una serie de cambios legislativos e instituciones administradoras, aún persiste a la fecha, administrado por la Oficina de Normalización Previsional (ONP).

Pero la realidad del Siglo XIX, al momento de diseñar este tipo de sistemas, es muy distinta a la realidad del siglo XX caracterizado por una menor proporción de trabajadores en relación a una mayor proporción de adultos mayores y mucho más distinta a la actual y proyectada realidad para el siglo XXI, en la que estas tendencias poblacionales se han intensificado.

En Perú en 1950 habían 14.4 personas en edad de trabajar (18 a 64 años) por cada persona de 65 años y más, es decir, entre 14 personas trabajando podían sustentar a un adulto mayor. En estas circunstancias, descontar una fracción de los ingresos a los trabajadores, digamos 10%, alcanza y sobra sin problemas para pagar pensiones de adultos mayores. Pero eso fue en 1950.

Para el año 2000 por cada adulto mayor el número de personas en edad de trabajar había disminuido a 11.8. Hoy, en 2016 la cifra ha continuado bajando y está en 9.1 y de acuerdo a las proyecciones del INEI, que consideran como están naciendo cada vez menos niños por mujer y como estamos viviendo cada vez más años, se estima que en 2030 habrán 6.4 personas en edad de trabajar por cada adulto mayor y únicamente 3.9 en el año 2050.

Esta nueva realidad del siglo XX y XXI implica que cada vez son proporcionalmente menos personas en edad de trabajar que tienen que sustentar a un número creciente de adultos mayores.

Por si fuese poco, el efecto se agrava más aún con el hecho que ese sustento de adultos mayores debe ser efectuado no solamente por menos proporción de personas, sino que además durante mucho mayor tiempo que antes. En 1995 la esperanza de vida en Perú de una persona de 65 años era de 15.2 años adicionales de vida, es decir en promedio se tenía que pagar una pensión durante 15.2 años. Hoy la esperanza de vida a los 65 años es de 17.7 años y se estima que en 2050 será de 22 años más a partir de los 65 años. Para ese entonces, ya no se tendrá que pagar una pensión durante 15 años en promedio, sino que tendrá que pagarse durante 22 años en promedio.

Dada esta realidad, a los sistemas de pensiones de tipo reparto en el mundo no les ha quedado otra alternativa que aumentar la cantidad de dinero que tienen que aportar los trabajadores para poder sustentar las pensiones de los jubilados, recordemos que cada vez es menor la proporción de trabajadores que tienen que llevar la carga de pagar las pensiones de una cada vez más abultada y prolongada masa de jubilados.

Además de aumentar la cantidad de dinero aportado por los trabajadores, mediante la elevación de la tasa de aporte, también se han visto obligados a incrementar la edad de jubilación, para de esta manera alargar el periodo de aporte y acortar el periodo de cobro de pensiones de jubilación. Otra medida que han tenido que tomar los países con sistemas de pensiones de tipo “de reparto” es modificar las fórmulas de cálculo que determinan el monto de las pensiones, variando los parámetros de indexación para hacer las pensiones menos generosas, alargando los periodos que se toman en cuenta para determinar la remuneración de referencia de tal forma que esta baje, aumentando el número mínimo de años que se debe aportar para tener derecho a recibir una pensión, y en algunos casos, hasta congelando o reduciendo directamente el monto de las pensiones.

En resumen, dado como cambió y continúa cambiando la demografía mundial y ahora hay cada vez menos proporción de ingresantes a la base, para que la pirámide siga funcionando los trabajadores tienen que aportar más y durante más tiempo mientras que los jubilados tienen que cobrar menos pensión y durante menos tiempo.

De acuerdo a estudios del Banco Mundial y la FIAP, desde 1995 han sido 75 los países en el mundo que se han visto obligados a aumentar la tasa de aporte en sus sistemas de pensiones, mientras que 52 países han aumentado la edad de jubilación y 64 países han tenido que ajustar la fórmula de cálculo de los beneficios, disminuyéndolos. Con estas medidas han paliado los efectos de los cambios demográficos en los sistemas de pensiones tipo de reparto, pero no han solucionado el problema. Continuamente se conocen nuevas noticias sobre aumentos de la edad de jubilación e incrementos de la tasa de aporte. Este mes de agosto, por ejemplo, el Banco Central de Alemania ha propuesto se eleve la edad de jubilación a 69 años con una tasa de aporte de 24% (en Perú la edad de jubilación es 65 años y la tasa de aporte 13%) y en adelante estas tendencias necesariamente continuarán.

Si bien estos necesarios cambios (es decir, aumento de la edad de jubilación, incremento de la tasa de aporte y reducción de las pensiones) son impopulares y pocos políticos y gobernantes se animan a hacerlos, lo cierto es que son inevitables. No hacerlos es darle la espalda a la realidad y generar que el problema se embolse y el ajuste sea mayor y más fuerte en el futuro.

Una alternativa a los sistemas de pensiones tipo de reparto son los sistemas de capitalización individual, como son los administrados por las AFP, los cuales se han aplicado en más de 30 países en las últimas décadas (y que muchos países con economías desarrolladas y que mantienen sistemas de reparto quisieran haber implementado sistemas individuales décadas atrás y no tener que enfrentar hoy los graves déficits estructurales proyectados que aquejan a sus sistemas de reparto).

Los sistemas de capitalización individual no se ven afectados por la caída en las tasas de fecundidad ni por el incremento del número y proporción de adultos mayores, ya que en este tipo de sistema cada trabajador ahorra durante su vida laboral para financiarse su propia pensión al momento del retiro. Eso sí, si el periodo de retiro del trabajador ya no va ser de 15 años, sino de 17 o de 22 años debido a una mayor longevidad, entonces tendrá que ahorrar más y durante mayor tiempo para poder cubrir ese mayor periodo de retiro. Por eso también en este tipo de sistema se hace necesario un aumento de la edad de jubilación y de la tasa de aporte. Vivir más y disfrutar de un periodo más largo de jubilación es una buena noticia, pero naturalmente hay que ahorrar más para poder sustentar ese periodo más largo.

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Autor

José García PuntrianoJosé García Puntriano

José García Puntriano

Especialista en Mercados de Capitales y AFP

Experto en inversiones y sistemas de pensiones, tema por el que ha sido diplomado por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Es autor del libro "Más y Mejores Pensiones", en el que propone una reforma integral del sistema previsional peruano. José tiene una amplia trayectoria profesional en finanzas, gestión de portafolios y mercados de capitales. Es docente universitario, conferencista y escritor de artículos en revistas financieras. Cuenta con maestrías en dirección de empresas por la Universidad de Madrid y por la UPC, es economista por la Universidad de Lima y ha realizado estudios de especialización y seminarios en prestigiosas instituciones financieras en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia y Holanda.

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