Los abuelos como educadores de la sobriedad

Es de suma importancia que los abuelos transmitan valores a sus nietos

Posteado por: Giuliana Caccia , 18/07/2016

La sobriedad es una virtud humana muy importante. Y cuando hablamos de cómo un abuelo puede ayudar a cultivarla en sus nietos, se mezclan dos variables. La primera es que la sobriedad genera poco interés en los jóvenes. La segunda es que los abuelos son personas idóneas para enseñar esta forma de vivir. Entonces, ¿cómo alcanzar el punto de encuentro entre estas variables?

Antes de responder a la pregunta, es importante entender qué es la sobriedad. David Isaacs, en su libro La educación de las virtudes humanas y su evaluación, define a una persona sobria como aquella que “distingue entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y utiliza razonablemente sus sentidos, su tiempo, su dinero, sus esfuerzos, etcétera, de acuerdo con criterios rectos y verdaderos”. Es decir, una persona que vive la sobriedad es capaz de distinguir entre lo que es necesario y lo que es superfluo, vive la moderación, tiene autodominio y no se deja influir de manera descontrolada por los placeres superficiales y fugaces, no permite ser manipulado por cualquier persona o por la publicidad, no desperdicia el tiempo o el dinero en actividades intrascendentes sino que los usa para el propio bien y para el bien de los demás y tiene buen gusto.

A partir de esta explicación podemos entender la primera variable. ¿Por qué para un joven es muy difícil sentirse identificado con esta virtud? Porque es justamente durante esa etapa de la vida cuando se busca vivir sin límites y cualquier tipo de control se confunde con inhibición o represión. Además, es muy difícil ser sobrio en una sociedad de consumo como la que nos rodea hoy, en la que desde muy pequeños se nos presenta una difusa línea entre lo realmente necesario y lo que son más bien caprichos o lujos excesivos. Los publicistas son grandes amigos del materialismo, haciendo creer, sobre todo a los más jóvenes, que la felicidad está en tener siempre la ropa de moda, los artefactos tecnológicos de última generación, estar en los bares, discotecas o centros de diversión en boga, entre otros.

Como dijimos, los abuelos tienen mucho que aportar en la vida de sus nietos orientándolos en esta etapa compleja y ayudándolos a alcanzar la sobriedad como parte de su proceso de madurez. Una persona que ya ha pasado por experiencias clave como son el formar y sacar adelante a una familia, trabajar por largos años, pasar por épocas de vacas flacas y de vacas gordas, entre otros, es alguien que normalmente ha logrado construir una consistente perspectiva de lo que es necesario, bueno e insustituible en la vida y de aquello que es más bien pasajero, trivial y prescindible. Por otro lado, el bagaje de vida de un adulto mayor forja la conciencia que permite usar bien todo lo que posee, como el tiempo, el esfuerzo, el dinero y los sentidos. Y como la herramienta más poderosa de la educación es el ejemplo, qué mejor que ver en una persona cercana un modelo de sobriedad a seguir.

Algunos consejos para educar la sobriedad en los más pequeños

  • Sí, los abuelos están hechos para engreír. Pero también para educar. Si bien hay ocasiones que ameritan hacerles un buen regalo a nuestros nietos —como son los cumpleaños o Navidad— también es cierto que no es bueno comprarles de todo en cualquier momento. La próxima vez que estemos en una tienda con alguno de nuestros engreídos a punto de comprar cualquier tontería, podemos hacer el siguiente ejercicio con ellos:

    • ¿Qué pasa si no compramos lo que quieres esta vez? ¿Pasará algo negativo? Este gasto que me pides realizar, ¿es justo? ¿Podríamos ahorrarlo o usarlo en algo mejor? ¿Qué tal si compramos algo para compartir con el resto de la familia?

    • ¿Cuál es el motivo real por el que quieres comprar esto?

    • Luego de comprarlo, ¿en cuánto tiempo te aburrirás de él?

  • Hay que enseñarles a distinguir entre lo que vale la pena realmente o lo que es puro capricho.

  • Debemos acostumbrar a los pequeños a distribuir su tiempo entre diferentes actividades de manera armónica.

  • Los niños pequeños deben aprender a valorar lo que tienen e ir generando la conciencia de que no pueden tener todo lo que quieren. Esto también los ayuda a ser conscientes de sus capacidades reales.

La sobriedad y los nietos adolescentes

Con los nietos mayores, la aproximación del abuelo debe ser distinta a cuando son más pequeños. Por ejemplo, sería una actividad entretenida que juntos hagan una lista de todas las cosas que tienen hoy disponibles los chicos, tanto personalmente como en el hogar familiar, y que no tuvieron los abuelos. Así, por simple comparación y contraste, los más jóvenes se pueden dar cuenta de que la vida puede ir de maravilla sin comprar o tener tanto.

Otros consejos concretos son:

  • Ayudar a los nietos a que decidan cómo distribuir su tiempo con criterios adecuados.

  • Enseñarles a reflexionar sobre el por qué de sus gastos, sobre el valor del dinero, la importancia del ahorro, los criterios para discernir y valorar el lugar que deben ocupar las cosas materiales en la vida.

  • Enseñarles la importancia que tiene no estar atados al placer, reconociendo cuáles son esos deseos que deben controlar. Esto va de la mano con compartir con ellos unos ideales elevados que los lleven a una satisfacción profunda en lugar de buscar un placer inmediato y superficial.

  • Ayudarlos a tener buen gusto y a no ser ostentosos con lo que se tiene, sea poco o sea mucho.

  • Enseñarles también a saber gastar, con criterio, y a disfrutar razonable y agradecidamente de lo que tienen.

Finalmente, y quizás lo más complicado, es que los abuelos puedan lograr todo lo anterior en un ambiente de alegría, en el que los jóvenes puedan vivir la sobriedad y descubrir que no es algo aburrido o rígido sino una virtud que les será de gran ayuda en la vida. Viviéndola descubrirán y disfrutarán de todas esas cosas que se valoran más cuando se pone lo esencial en el centro del encuentro con las personas que uno quiere: compartir aficiones, conversar sobre todo y nada o, simplemente, pasar tiempo juntos. Algo que se hace cada vez más difícil en el ámbito familiar pero que sigue siendo más que necesario para construir bases sólidas en una formación humana integral.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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