Los negocios, ¿son solo negocios?

Conoce por qué el fin fundamental de una empresa no debe ser solo hacer dinero

Posteado por: Giuliana Caccia , 15/09/2016

“Los negocios son los negocios”. Esta es una frase muy utilizada que significa que el fin último de toda empresa comercial debería ser únicamente el de producir dinero, sin importar si es de manera recta o no. Sin embargo, pensar así es plantear que el trabajo es una actividad aislada de las demás artes humanas. Como si los que trabajaran en el mundo real fueran seres de otra galaxia en los que la moral y la ética no tuvieran ningún tipo de influencia.

Y esto no es así. Basta ver algunas de las películas que han sido inspiradas en casos en los que las empresas han dejado de lado la moralidad y han infringido serios daños a las comunidades en las que desarrollaban su industria, para sentir una gran indignación y repudio. Por ejemplo, Erin Brockovich es una historia basada en un evento de la vida real que demuestra cómo un negocio cuyo único fin era ganar dinero terminó por dañar a muchísimas familias. Esto sustentaría que, efectivamente, la moralidad no nos es indiferente a la hora de hablar de negocios.

Pero más allá de las consecuencias a nivel social o ético, decir que “los negocios son los negocios” es un mal negocio. Porque cuando uno hace negocios no solamente está haciendo dinero. También se hacen productos, se trabaja en equipo, se aprende y mejora como persona. Se va desarrollando, además, el orgullo por el trabajo bien hecho, la integridad y los valores. ¿Cuándo sabemos que una empresa está haciendo bien las cosas? No sólo cuando fabrica productos de calidad u ofrece servicios de primera. Un buen termómetro es ver lo que piensan y sienten, además de los clientes, los colaboradores de la compañía. ¿Sienten orgullo de pertenecer a esa compañía más allá de cuánto ganan?

Cuando los ejecutivos solo piensan en el dinero y no miran a las personas dentro de sus empresas, condenan sus negocios a muchos problemas. Porque las personas que no aman su trabajo, no van a cuidarlo como aquellas que sí lo hacen. Claro, podrán trabajar por necesidad, pero nunca con esa dedicación y entrega que cualquiera de nosotros pone en algo que quiere de corazón. Pero, ¿cómo lograr que los colaboradores se enamoren de su trabajo? Pensemos un poco. Cuando alguien dice que adora su trabajo, ¿qué es lo que realmente le gusta? Puede ser el ambiente y dinámica laboral, las relaciones con sus colegas y con sus jefes. Detrás de todo quizá lo determinante sean las personas para las que trabaja o con las que se trabaja y, sobre todo, la confianza con ellas. Para lograr esa confianza, no sólo hay que centrarse en resultados económicos.

Hacer negocios debe ser parte de vivir bien y esto significa también llevarse bien con los demás, respetar al prójimo y a la comunidad. Esto no quiere decir que no debemos pensar en absoluto en la rentabilidad. Pero la pregunta que también nos debemos hacer es si es que el trabajo, como dice Robert C. Solomon, “¿trata de una actividad que merece la pena y que nos proporciona la sustancia significativa de nuestra vida adulta, la fuente de nuestro sentimiento de autoestima y el lugar dónde nos encontramos con nuestros amigos más íntimos? ¿Es la empresa para la que trabajamos una versión administrativa del infierno, o se trata de una comunidad en la que nos alegra ver a nuestros colegas y nos gusta hacer nuestro trabajo diario?”.

Así, una buena empresa se construye considerando el desarrollo de las virtudes como parte fundamental de su misión. Para esto debe brindar el soporte y las condiciones necesarios para que las personas no solamente se sientan bien desarrollando conocimientos especializados a nivel profesional, sino también puedan convertirse cada día en mejores personas realizando cotidianamente su trabajo.

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a Piensa Pro Futuro Newsletter y entérate siempre de las nuevas publicaciones.

Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

Comentarios