¿Los niños deben entrar en contacto con las emociones negativas?

Reconocer nuestros sentimientos no tan nobles hacia personas cercanas no invalida lo maravilloso que se puede encontrar en ellas

Posteado por: Roberto Lerner , 11/01/2017

Es interesante. Aquellas relaciones que idealizamos, esas sobre las que hacemos lindos discursos a nuestros hijos y alumnos —entre hermanos, entre amigos, entre amantes— son, también, las que pueden generar enormes desilusiones, altas dosis de toxicidad, desencuentros terminales y enfrentamientos brutales.

Sí, cuando las cosas van bien, la amistad, el amor de pareja y el vínculo fraterno son ventajas que se traducen, más allá de lo sentimental, en mejores niveles de salud y mayor resistencia a la enfermedad. Además de ejemplares e inspiradoras historias para deleite y aprendizaje de otros seres humanos.

Pero hay que tener cuidado. Los niños y adolescentes también deben poder entrar en contacto con las emociones feas que sazonan las relaciones más íntimas. Deben saber que las personas no estamos hechas de bloques de concreto armado y que nuestras mentes pueden alojar al mismo tiempo sentimientos contrapuestos.

En otras palabras, que uno puede odiar al hermano, a la pareja, al padre, al hijo y al amigo, es decir, que también lo puede odiar y que eso no invalida lo maravilloso que se puede encontrar en esas personas y que los afectos positivos siguen, puede ser que en los márgenes de la conciencia por un tiempo, siendo una característica de esas relaciones.

Es más, reconocer que rabia, envidia, desencanto y otros movimientos del corazón son inevitables, que uno no está traicionando a nadie ni siendo desleal, cuando se ve embargado por ellos, es lo que hace una relación importante. El que pueda resistir los embates de lo negativo, el que dos personas cercanas puedan superar las fuertes turbulencias que produce toda verdadera cercanía, es lo que le da valor, la hace insustituible y trascendente.

Por eso es que las familias sólidas no ocultan sus peleas. Sí, papá y mamá están muy molestos el uno con el otro, Jaimito y su hermano han dejado de hablarse luego de un intenso cruce de insultos francamente duros. Pero así como, dentro de ciertos límites, el enfrentamiento ocurre y queda expuesto, nadie lo cancela por decreto, no se reprime. De esa manera, su solución también es visible: las estrategias que resuelven los problemas, sanan las heridas, promueven los acercamientos y concluyen las reconciliaciones, son ejercidas por los involucrados, pero también reciben la contribución de los otros. En otras palabras, el conflicto se socializa y, por ende, se hace parte de la vida familiar y sus avatares.

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Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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