No siempre barriga llena es corazon contento

Descubre cómo balancear tus alimentos para evitar sobrepeso y problemas al corazón

Posteado por: Elmer Huerta , 12/03/2015

Ningún ser viviente podría funcionar sin la energía necesaria para realizar todas las funciones del organismo. La energía que se obtiene de los alimentos es usada para que los diferentes órganos y tejidos realicen sus funciones y el cuerpo trabaje armoniosamente.

Pero ¿qué pasa cuando la energía que obtenemos de nuestros alimentos es mayor a la que necesita nuestro organismo para funcionar? En otras palabras, ¿qué pasa cuando comemos más de lo que necesitamos?

La respuesta es que engordamos, porque ese exceso de energía obtenida de los alimentos se convierte en grasa, la cual se acumula en diversas partes del cuerpo incluyendo el hígado, ocasionando lo que se conoce como hígado graso.

Ese es el concepto del balance calórico. El balance calórico nos dice que la cantidad de energía que ingresa al cuerpo a través de la comida debe ser igual a la cantidad de energía que el cuerpo gasta en mantener sus funciones, incluido el ejercicio físico.

Si ese balance calórico es negativo, o sea que la cantidad de energía (entiéndase comida) que ingresa al cuerpo es menor que la que el cuerpo gasta, se produce entonces la desnutrición. Es decir, la persona se enflaquece y desnutre porque la energía que obtiene de lo que come no le alcanza para vivir.

Al revés, si el balance calórico es positivo, es decir la cantidad de energía que ingresa al cuerpo con la comida es mayor a la que el cuerpo necesita para mantener sus funciones, ese exceso de energía se acumula como grasa y se produce el sobrepeso y, eventualmente, la obesidad.

En otras palabras, el peso de un ser humano es consecuencia del balance calórico individual, en el que la energía que ingresa debe ser igual o menor de la que se quema.

No todos los alimentos son iguales

En términos prácticos: cada alimento tiene un diferente valor calórico, es decir, cada alimento tiene un determinado número de calorías. Hay alimentos que tienen muy pocas calorías, es decir engordan poco, mientras que otros alimentos engordan mucho porque tienen abundantes calorías. El secreto de una buena alimentación está en saber distinguir los alimentos ricos, de los alimentos pobres en calorías.

Y es ahí en donde radica la importancia de saber alimentarse saludablemente, es decir tener una alimentación que nos nutra y nos dé la energía necesaria para funcionar, pero que al mismo tiempo no nos prive de los elementos nutritivos ni nos engorde al llenarnos de calorías.

Una comparación simple pero útil es la que podemos hacer con el dinero. Así como hay billetes de diez, veinte, cincuenta, cien y doscientos nuevos soles, hay también alimentos de diversas “denominaciones” o valores calóricos. Al revés de lo que ocurre con el dinero, del que casi siempre nos conviene tener un poco más, con los alimentos, es al revés, tenemos que escoger aquellos que tienen “menos valor”.

Es por eso que desde hace muchos años recomendamos que para mantener un peso saludable, además de hacer actividad física diaria, hay que comer de todo, pero en porciones (platos) pequeñas y que deben preferirse las frutas y verduras, alimentos de bajo contenido calórico pero con enorme capacidad de “llenar” el estómago.

Recordemos que en la ciudad de Okinawa en el Japón, uno de los lugares del mundo con más gente longeva, los pobladores comen practicando lo que ellos llaman el hara hachi-bu. Tal expresión significa que ellos no comen hasta quedar llenos y saciados, sino siempre terminan de comer quedándose “con un poquito de hambre”. En los estudios hechos en Okinawa, quien practica el hara hachi-bu consume 11% menos alimentos que el japonés de otra ciudad.

El problema no es la comida, sino la cantidad de comida

Después de muchos años de estudiar este asunto de dietas y súper dietas para bajar de peso, he llegado a la conclusión de que el problema no es la comida sino la cantidad de comida que consumimos.

En ese sentido hay que reflexionar acerca del significado que tiene la comida durante la vida del ser humano. La vida productiva del ser humano tiene una duración limitada, y en ese contexto, la comida juega un rol muy importante en la vida de muchas personas. Tanto la comida por sí misma como los momentos en que se consumen los alimentos, constituyen para la gran mayoría de las personas momentos invalorables, de mucho placer y calidad.

Pero entonces, si la comida es a la vez fuente de placer y bienestar y razón de obesidad y mala salud, ¿en dónde trazamos la línea para conciliar ambas situaciones?

La respuesta está en el tamaño del plato.

Para mantener un peso saludable, a la vez que se goza de la comida, hay que tener mucho cuidado con la cantidad y el tipo de alimento que se consume. Una recomendación general es consumir todo tipo de comida pero en porciones pequeñas, siendo muy mesurado con los alimentos de alto valor calórico y más liberal con los de bajo contenido calórico.

Cuidado con los “falsos alimentos”

Un fenómeno muy interesante, producido en los últimos 50 a 60 años, es el del invento de los alimentos procesados, los cuales se definen como aquellos alimentos que no se encuentran en la naturaleza sino que han sido física o químicamente alterados para que puedan ser almacenados durante largo tiempo, o que simplemente tengan un sabor agradable.

Por ejemplo, la papa es un alimento que se encuentra en la naturaleza en su forma natural. Pero si esa misma papa es cortada en finas rodajas, es frita en aceite industrial rico en grasas saturadas o grasas-trans, se le agregan sustancias químicas para darle color o sabor artificial y evitar que se malogren y encima se le agrega abundante sal para mejorarle el gusto, esa papa ya perdió su naturaleza de alimento natural y se convirtió en una alimento procesado llamado “potato chip”.

Estos alimentos procesados, por su precio barato y su agresivo mercadeo, se han convertido en los productos que nos salvan del apuro de preparar alimentos naturales y llenan los estómagos de millones de personas en el mundo entero.

Los alimentos procesados contribuyen al desarrollo de una serie de enfermedades en el ser humano. Su riqueza en azúcar promueve el sobrepeso y la obesidad, daña el hígado y altera el funcionamiento de la insulina, su riqueza en sal favorece la retención de líquidos y produce presión arterial alta y su exceso de grasas produce enfermedades del corazón. La adición de sustancias químicas como saborizantes, conservantes y edulcorantes exponen al organismo a innecesarios riesgos cuyo impacto a largo plazo es todavía desconocido.

Algunos ejemplos de comidas procesadas que debemos evitar son los enlatados con grandes cantidades de sodio o grasa, productos envasados ricos en calorías, snacks como papas fritas y golosinas, comidas congeladas con alto contenido de sodio, pasteles y galletas con grasas-trans, comida en caja lista para calentar, cereales extra azucarados y carnes procesadas como embutidos.

Una recomendación simple pero efectiva es que si lees la etiqueta de un producto y encuentras algún ingrediente con un nombre químico que no puedes pronunciar, ese es un alimento procesado y no debes comprarlo.

Sin duda, los alimentos procesados se han desarrollado porque la vida en una sociedad moderna deja menos tiempo para preparar los alimentos naturales. Ya no hay tiempo para cocinar, no hay tiempo para hornear galletitas, no hay tiempo para hacer jugos o infusiones naturales; es mucho más fácil ir al supermercado y volver con las bolsas llenas de alimentos procesados y bebidas azucaradas. Los niños se alegran, los padres se contentan y generaciones de familias van creciendo con la idea de que esa es la manera de vivir de que los alimentos procesados son una bendición y un adelanto y que cocinar alimentos naturales es “retro”, una actividad para personas que tienen el tiempo y el humor para ello.

Y ni que decir de las comidas rápidas, un método de preparación y venta de alimentos que evita la espera y que satisface el “método de vida moderno”. Ir al restaurante de comida rápida, comprar rápido (incluso sin bajarse del carro) y luego comer rápidamente, ese es el modo en que se vive ahora.

El resultado es que en el Perú 65% de los adultos y uno de cada 4 niños entre 5 y 9 años tienen ya sobrepeso u obesidad.

En resumen, es muy importante saber que no siempre barriga muy llena es corazón contento.

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Autor

Elmer HuertaElmer Huerta

Elmer Huerta

Médico experto en Salud Preventiva

Con más de 30 años de trabajo médico y cuatro especialidades, el Dr. Elmer Huerta es un referente en salud preventiva. Fue el primer latino en ser elegido Presidente de la Sociedad Americana del Cáncer y ha recibido diversos premios internacionales, entre ellos el de "Campeón de la Prevención y la Salud Pública" otorgado por la Casa Blanca de los Estados Unidos. Actualmente conduce un programa en una radio local y ha publicado el libro La Salud ¡Hecho fácil! (best seller en la Feria del Libro 2013). También escribe columnas en revistas, diarios y blogs en varios países.

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