¿Qué aspectos de nuestra vida debemos priorizar?

Aprende a cultivar las 3 dimensiones humanas: cuerpo, mente y espíritu

Posteado por: Giuliana Caccia , 23/04/2018

Tenemos poco tiempo y mucho que hacer. Y no solo hablo del “deber” sino del “querer”. De hecho, si le restamos al día las horas dedicadas al trabajo, a otras obligaciones y al sueño, es más que evidente que solo quedan breves espacios para el ocio y para el desarrollo de tareas que nos ayudan a relajarnos. Ni qué decir si tenemos hijos. Este tiempo de oro se ve cada vez más reducido. Tan es así que hay madres que dicen que su “happy hour” es ese tiempo que pasa entre que se duermen los niños y ellas caen rendidas. Personalmente, he vivido una especie de “vacaciones” durante algunas horas atorada en el tráfico porque sentía que no me quedaba otra que escuchar la música que más me gusta y que, por mis múltiples obligaciones, casi nunca puedo disfrutar. Así, cantaba feliz, a voz en cuello, decenas de canciones que me ayudaron a sobre llevar la interminable fila de carros que también contribuyen cotidianamente a que esos tiempos de ocio se reduzcan más y más.

Frente a esta realidad objetiva tenemos otra que también es indiscutible: nuestra salud integral nos pide dedicar algunos momentos a actividades que no sean solo las “obligatorias”. Una persona que solo se dedica a trabajar o a estudiar, y no destina espacios a cultivar, por ejemplo, el espíritu mediante buenas lecturas, o una vida social o familiar a través del encuentro personal, o el cuerpo con algo de ejercicio, tarde o temprano pagara la factura de algún problema de salud emocional o corporal por una sobredosis de estrés. Además —y esto va para aquellos que aman el trabajo y que no sienten que este sea una carga— si queremos crecer como personas debemos entender que esto no es posible sin un trabajo dedicado y serio del cultivo de las tres dimensiones humanas: cuerpo, mente y espíritu.

La pregunta que surge espontáneamente es: ¿cómo atender el cultivo de estas tres dimensiones si por otro lado constatamos que tenemos poco tiempo? Lo primero que quizá debemos aprender es a priorizar en base a aquello que nos proporciona un bien mayor. Por ejemplo, una persona que suele comer mucho, debería dedicar al menos tres horas a la semana a realizar algún tipo de ejercicio físico y priorizar esta actividad, pues de ella depende su bienestar general. Y, para matar dos pájaros de un tiro, podría hacerlo, por ejemplo, acompañado de su pareja o de un hijo mayor. De esa manera, puede aprovechar el mismo espacio para compartir tiempo valioso con alguna de las personas más importantes de su vida. En otra dimensión, una persona que se serena y enriquece con una buena lectura, o una buena película, deberá priorizar dichas actividades ya que su estado de salud integral se verá beneficiado.

Otro factor relevante que debemos considerar es el equilibrio, una palabra muy usada en los círculos del “wellness” pero que es muy complicada de alcanzar en lo concreto. ¿Saben por qué? Porque muchas veces hacer un plan inflexible para llevar nuestra vida cae más en la ilusión que en una posibilidad realizable. Por ese motivo, para algunas personas —grupo en el que me incluyo— es mejor buscar un equilibrio diario que se adapte a las eventualidades del día en curso, pero sin perder de vista que debemos encontrar esos momentos valiosos —por más breves que sean— para realizar esas actividades que tanto nos ayudan.

Un aspecto que no debemos pasar por alto, es el del cultivo de la vida espiritual. ¿Cuántas veces hemos sentido que hacemos un trabajo increíble, que leemos, nos divertimos y ejercitamos el cuerpo pero igual estamos intranquilos? ¿No les ha pasado que sienten que le falta una pata a su mesa de roble? Si es así, sería bueno revisar cuánto tiempo le estamos dedicando a nuestro espíritu, ya sea mediante la oración o la meditación. Recordemos que si bien las tres dimensiones humanas son esenciales, es esta última, la espiritual, la que ayuda a sostener las otras dos. Una persona puede tener un cuerpo sano y fuerte, y mucha cultura, pero con un espíritu débil le será muy arduo sobrellevar los momentos difíciles de la vida, sortear tentaciones y aceptar derrotas. Muchos males de hoy no tienen su origen en enfermedades mentales o físicas sino más bien en un espíritu que no ha cultivado lo esencial.

No olvidemos que no existe la perfección. Sin embargo, está en nuestras manos buscar ser cada día mejores, no solo para nosotros, sino también para los demás: nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo. Y para lograrlo, no debemos concentrarnos solo en los triunfos profesionales o materiales, sino también en cultivarnos como personas, tratando de ser cada vez más virtuosos y aprendiendo a valorar los diversos aspectos de la vida. No dejemos que el estrés y la velocidad conquisten todas las esquinas de nuestro ser. Aprendamos a dejar las obligaciones de lado por algunas horas y veremos cómo lo demás se comienza a acomodar. No hay nada más gratificante que llegar al final del día y saber que no solo hemos hecho las cosas bien en la oficina, sino también con nosotros mismos y los nuestros.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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