¿Qué hacer cuando los niños sienten dolor?

Conoce cómo ayudarlos a contrarrestar sus molestias

Posteado por: Roberto Lerner , 10/03/2017

Muchas consultas médicas, comienzan con un "me duele acá". Aunque el dolor es universal, también es misterioso. Es parte de un sistema de alerta que nos dice que algo dentro de nuestro cuerpo está mal o que un peligro de fuera se ha concretado.

Es una alarma que no podemos desconocer y también ayuda a la construcción de una imagen corporal, al conocimiento de nosotros mismos, nuestros límites y capacidades. Por lo tanto, el dolor ayuda al desarrollo.

Pero, ¿qué es el dolor? ¿Un sentimiento o una sensación? ¿Está en el nivel puramente orgánico o tiene componentes psicológicos importantes?

Sin contar a los especialistas que actualmente tenemos, hay falta de formación por parte de equipos profesionales en centros de salud y hospitales acerca de cómo tratar el dolor, ya sea agudo o crónico. La situación es clamorosa en el caso de niños. Hay quienes piensan que los bebés muy pequeños no sienten dolor o que administrarles analgésicos es muy delicado.

Los padres juegan un papel crucial en el proceso que facilite soportar el dolor. Lo cual no es fácil porque los niños pequeños piensan que sus padres lo pueden todo, incluso desaparecer el dolor. Sí, cuando es intenso y duradero debilita la fe del niño en el mundo adulto. Por eso el primer mensaje debe ser "estoy junto a ti y te voy a apoyar". Es importante evitar la rabia (“te dije que tuvieras cuidado”), la pérdida del control, el alejamiento y la parálisis. Lo anterior hace más difícil, y hasta más intenso, el dolor del niño.

Igualmente, los padres deben tratar de poner nombre a los sentimientos: "sí, duele y da rabia"; así como dar información razonablemente objetiva: "un ratito va a doler bastante, pero luego va a bajar"; y ofrecer algunas maneras de contrarrestar la molestia: "respira hondo, aprieta muy fuerte mi mano, piensa en otra cosa", por ejemplo.

Por otro lado, los padres pueden ayudar a los profesionales. Conocen al niño, leen sus expresiones: algo no va como se espera, aunque no lo pueda verbalizar. Detectan, a través de algunas señales — gestos, apetito, sueño o vocalizaciones— la alarma o avance en el tratamiento.

Las reacciones del adulto al dolor infantil tienen gran influencia sobre la manera en que éste es sentido y vivido. La persona que está más relajada en el momento de una intervención médica eventualmente dolorosa, es quien debe acompañar al niño: lo ayudará más que el adulto nervioso y ansioso, que aumentará probablemente el sufrimiento del pequeño.

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Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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