¿Qué tanto puede afectar la avaricia en el trabajo?

Descubre por qué la avaricia puede ser perjudicial y contraproducente para las metas que te propongas en el plano laboral

Posteado por: Giuliana Caccia , 06/12/2016

Los bienes materiales son algo bueno. Y desearlos es algo natural en toda persona. Es más, todos, de una u otra manera, necesitamos de esos bienes para asegurarnos la subsistencia, desarrollar nuestras actividades y gozar de la vida. Visto de esa manera, el afán por tener bienes materiales no tiene en sí nada de malo. Sin embargo, debemos tener cuidado de que ese afán natural y sano se convierta en algo perjudicial y vicioso. ¿Cuándo sucede esto? Cuando se entromete la avaricia, ese deseo desordenado de tener y poseer cosas que nos puede llevar a buscarlas a cualquier precio y por encima de cualquier cosa (o persona). Por ello es importante distinguir bien entre el sano deseo por los bienes y ese vicio que nos puede llevar a cometer injusticias, a anteponer a todo —y a todos— el poseer bienes y riquezas.

¿Cómo se manifiesta la avaricia en el trabajo? Por ejemplo, cuando se explota a los empleados, se pisa a los rivales y el fin último de la labor realizada es el éxito económico, cueste lo que cueste, así sea la integridad y el bienestar de otra persona. Una persona avara no respeta al prójimo, no es generoso y es muy desconsiderado con los demás porque ve a todos como un obstáculo para acumular riqueza, para el ascenso económico y la obtención de prestigio.

Sin duda, para muchos, de eso se trata el trabajo. Sino, ¿para qué esforzarse tanto si no es para acumular riqueza y reconocimiento? Ya hemos comentado en algunos posts anteriores que con su trabajo el hombre debe procurar cubrir sus necesidades y las de su familia, contribuir al progreso de la ciencia y de la técnica, favorecer el desarrollo de la sociedad y el bien común. Pero además, el trabajo propicia un continuo desarrollo personal, cultural y moral. De esa manera, se contribuye a humanizar cada vez más la comunidad en la que se vive. Y esto, sin duda, no se puede lograr si los objetivos de una persona son solamente el obtener riquezas a costa de las mismas personas que trabajan con o para ella.

Un empresario avaro, por ejemplo, no tendrá problema alguno en “ahorrar” costos aún cuando eso implique poner a sus colaboradores en riesgo físico. Y ni qué decir de contratarles algún seguro por si, en el desempeño de sus labores, sufren algún accidente. Un empresario avaro no cumplirá con las leyes laborales y, por supuesto, tratará en lo posible de evadir impuestos. De esa manera, estará perjudicando tanto a los individuos que trabajan con él como a la sociedad.

La avaricia es una gran enemiga del desarrollo profesional y personal porque no ayuda a que uno alcance ese fin último, fuente de la verdadera felicidad. ¿Cuál es ese bien que colma al hombre? Sin duda, no es ni la riqueza material ni el placer efímero y egoísta. Por eso, tarde o temprano, así se tengan las arcas llenas y la casa más grande, si el objetivo es tener por tener a costa de lo que sea, y no el velar por el crecimiento del prójimo y contribuir con el bien social, la persona se sentirá igualmente pobre, insatisfecha y desmotivada. Peor aún, al no haberse preocupado por los demás e inclusive haberlos dañado para conseguir beneficios individuales, el avaro corre el alto riesgo de quedar en la más absoluta soledad.

No debemos olvidar que todas las personas debemos, para ser felices, encontrar en lo posible un equilibrio saludable que incluya el bienestar del cuerpo, de la mente, del espíritu y nuestras relaciones sociales. No solo nos debe importar lo que conseguimos para nosotros mismos, sino que nuestro crecimiento está, inevitablemente, ligado al crecimiento de los demás. Somos seres hechos para compartir y para vivir en comunidad de manera armónica. Es parte de nuestra esencia y, si no lo hacemos de esa manera, estaremos atentando contra nuestra naturaleza y eso nos traerá consecuencias negativas a mediano y largo plazo.

Finalmente, si hablamos del ambiente laboral, para que una empresa sea realmente exitosa debe procurar el bien de sus colaboradores en todas las decisiones que toma. Debe también promover la mejora no solo de la empresa sino de la comunidad en la que se desenvuelve buscando, siempre, el verdadero desarrollo humano y profesional de las personas que trabajan en ella. Por eso, si queremos, realmente, hablar de éxito la avaricia no puede estar presente.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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