¿Quiénes son la Generación APP?

Te invitamos a conocer un poco más sobre los nativos digitales

Posteado por: Roberto Lerner , 31/08/2017

Desde tiempos inmemoriales el paso de las generaciones ha despertado comentarios más o menos tajantes. Los que ven a los chicos crecer y convertirse en productores y reproductores, generalmente sostienen que son “demasiado así” o muy “poco asá”. ¿Jóvenes? ¡Los de mi época! Ya sean los bárbaros congregados ante los muros de una civilización que van a destruir o blandengues que han heredado tesoros que no hicieron nada para lograr. Por su parte, los que irrumpen como una generación nueva, observan a los veteranos como reliquias de un pasado que ya no existe, o como tiranos que no dejan surgir lo nuevo. Nada de lo anterior es novedad. Uno puede encontrar ya en textos aurorales —babilonios, griegos, hindúes o hebreos— ejemplos que parecen calcados unos de otros y que no han cambiado en nuestros días.

“Millenials”, “Y”, todos hemos escuchado hablar de ellos. Los nacidos en un mundo que ya era digital, los que tienen el "digitañol" como lengua materna, los que se desarrollaron pasando de una pantalla a otra en sus mundos de videojuegos y llegan a los centros laborales con aparatos cuyo poder es mayor que el que antes poseía la NASA.

Pues ellos ya comienzan a hablar de quienes se acercan a la mayoría de edad o ya pueden abrir cuentas y votar en las elecciones, como mi abuelita hablaba de mis amigos. No los entienden, se asustan de sus costumbres, critican sus maneras de ver la vida y pueden escribir, a los 23 años: "Yau, este mensaje es para esos chibolos que creen que son adultos… Yau, por favor paren ya, disfruten su niñez, hoy en día se pelean hasta las niñas de diez, todo por unos likes, por quién es popular; se insultan y utilizan un lenguaje muy vulgar. A su edad yo jugaba a las escondidas y Fumanchu, las mujeres tenían Barbie y nosotros a Pikachu…"

Sí, son los Z, en realidad a mí me gusta más la generación APP, los que no recuerdan cómo era el mundo antes de las redes sociales, los que piensan que los chasquis se encargaban de llevar emails por todo el imperio incaico, y para quienes los celulares no son teléfonos, ni siquiera centrales de administración audiovisual, sino un órgano sensorial, un sexto sentido sin connotaciones paranormales o esotéricas.

Son chicos que tercerizan sin ningún problema todas sus decisiones en algoritmos que les dicen dónde ir para encontrar amigos que están haciendo una actividad que les interesa; que les soplan la ropa que deben vestir en función del clima, pero también de lo que piensan sus pares de una determinada vestimenta; que no tienen inconveniente en subir a la red los kilos que pesan, las calorías que consumen y que apuestan sobre la base de sus calificaciones académicas o el número de planchas que hacen; que dejan adrede huellas para que les ofrezcan alternativas en todo lo que proporciona placer; y, finalmente, atacan y se defienden usando la vergüenza —exponer al otro— más que esa otra emoción civilizadora, pero que comienza a pasar la moda, la culpa.

Sí, son chicos que nunca han tenido la experiencia de sentirse perdidos. Saben en qué latitud y longitud se encuentran en toda circunstancia, y, aunque no les interese un tema, no pueden confesar ignorancia en la medida que pueden responder al respecto de manera inmediata. Sus identidades se van definiendo a través de campañas de marketing personal en las que se presentan editados, empaquetados y promocionados de acuerdo con la aceptación o rechazo que muestren sus infinitas audiencias; su creatividad es audiovisual, digamos, la de un guionista que está actuando a medida que desarrolla la trama, pero sus textos son predecibles, aburridos y probablemente armados como un collage de oraciones copiadas; y su intimidad es la del choque y fuga, aunque en el fondo, durmiente como la bella, esté el deseo del príncipe o princesa de color azul.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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