Respetemos el estilo y personalidad de nuestros hijos

Incentivemos a nuestros hijos a que desarrollen las habilidades que van descubriendo por sí mismos

Posteado por: Roberto Lerner , 10/02/2017

Todos tenemos una manera de ser que nos define. Aunque algunos llegaron a pensar que, independientemente de la carga genética con que llegamos al mundo, podemos moldearnos en genios, atrevidos o tímidos, todo padre y toda madre saben que sus hijos fueron diferentes desde el primer llanto. En un caso fue intenso –algunas parturientas lo describen como molesto–, en otro más pasivo.

En efecto, los organismos se diferencian en varias dimensiones. Los hay más rítmicos que otros: son predecibles y rápidamente establecen ciclos que se repiten de manera regular. Esto se da con respecto a la alimentación y el sueño, entre otras funciones. También los que son más sensibles a la estimulación externa e interna, vale decir, que necesitan para interrumpir una determinada actividad –en el sueño o la vigilia– un ruido, un dolor o una luz menor. Existen los que son más activos, que se mueven, juegan o gritan con mayor intensidad. Y los que toleran mejor la frustración que otros, y pueden esperar más tiempo hasta que sus necesidades sean satisfechas. La combinación de todo esto configura un estilo que al entrar en contacto con una familia particular, va desarrollando, inhibiendo o domando algunos rasgos y afirmando otros.

Todas las combinaciones son posibles, algunas más fáciles que otras. Un niño con alto nivel de actividad, escasa tolerancia a la frustración, ritmo desorganizado, bajo umbral frente a la estimulación y que nace en un hogar caótico con dificultades para establecer límites y reglas, va a tener seguramente problemas. En el fondo es también cuestión de suerte. El hecho es que casi siempre se llega a una especie de equilibrio, y ello depende de cuánto los padres son capaces de respetar el temperamento de sus hijos, de darles un marco dentro del cual se desarrollen y encuentren aquellas cosas que mejor pueden hacer. Un chico muy activo, por ejemplo, no debe ser sometido a demasiadas reglas. Y hay que buscarle ocupaciones que le permitan ser creativo sin mantenerlo en una suerte de camisa de fuerza.

Muchas veces, los padres o educadores queremos que nuestros hijos o alumnos no sean de determinada manera, probablemente porque nos reconocemos en ella y vemos en algunos de sus rasgos aquello que menos nos gusta de nosotros. Hacemos lo posible, entonces, por cambiarles el estilo. Casi siempre, esa actitud trae consecuencia negativas, como cuando se quiere contrariar a un zurdo y convertirlo a la fuerza en diestro. Igual que con el agua y las olas, el temperamento se debe encauzar y aprender a «correrlo». Poner el cuerpo para detenerlo es inútil y contraproducente.

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Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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