¿Sabes qué es la “claustrofobia”?

Te contamos un poco más sobre esta enfermedad

Posteado por: Roly Jara Espinoza , 26/06/2017

Entre un 2% y un 5% de la población general sufren de esta enfermedad llamada claustrofobia. Su inicio se asocia normalmente al haber vivido una experiencia desagradable en un espacio cerrado. Les aterra la idea de quedarse atrapados en un ascensor, les da miedo ingresar en un estacionamiento subterráneo o pasar por un túnel, les resulta difícil ir en autobús, tren, metro o avión.

En general, los claustrofóbicos no suelen tener miedo sólo a una de estas situaciones, sino que experimentan temor en cualquier situación que implique cierre, restricción o confinamiento, como por ejemplo, estar debajo del secador de la peluquería, esperar en la cola del supermercado, atravesar unas puertas giratorias, meter la cabeza debajo del agua, etc. Además, el temor no se centra sólo en el espacio cerrado en sí mismo, sino en lo que podría ocurrir "dentro" de ese espacio. Por ejemplo, temer que en el ascensor no haya suficiente aire, que no se podrá respirar y que uno se ahogará.

La claustrofobia incluye dos componentes:

  • Miedo a la restricción, es decir, al confinamiento, ya que los espacios cerrados pueden suponer una limitación de movimientos, la persona manifiesta "sentirse atrapada".
  • Miedo al ahogo, la persona manifiesta una sensación de falta de aire, de asfixia.

Cuando una persona con claustrofobia se encuentra en las situaciones temidas, experimenta una gran preocupación y temor, también experimenta sensaciones corporales, como por ejemplo, palpitaciones, temblores, sudoración, molestias gastrointestinales, confusión, etc. Todos estos síntomas suelen remitir de forma rápida en cuanto se abandona la situación de cierre. Lo cual lleva a la persona a intentar evitar todas estas situaciones, es decir, a no enfrentarse a aquello que teme.

Otras veces, aunque se enfrente a esas situaciones lo hace experimentando una gran ansiedad y por tanto puede que intente protegerse de algún modo (por ejemplo, situarse cerca de una ventana de la habitación, sentarse en la última fila del cine, o sentarse cerca del pasillo, en el tren, etc.). Asimismo puede que también aparezca ansiedad anticipatoria, lo cual significa que mucho antes de que la persona tenga que enfrentarse a la situación temida, aparecen sensaciones corporales y pensamientos perturbadores.

La aparición de la claustrofobia se ha atribuido a muchos factores, incluyendo:

  • Reducción en el tamaño de la amígdala cerebral derecha: Se necesita la amígdala para el condicionamiento del miedo, o la creación de una respuesta de lucha o huida cuando un estímulo se asocia con una situación grave. Un estudio realizado por Fumi Hayano encontró que la amígdala derecha fue menor en los pacientes que sufren de trastornos de pánico.

  • Experiencia traumática en la infancia: A menudo la claustrofobia se presenta como una consecuencia de una experiencia traumática en la infancia, aunque el inicio puede llegar en cualquier punto de la vida. Las experiencias comunes en la infancia que podrían llevar a la aparición de la claustrofobia según un experimento realizado por Lars-Gran son: encerrarse en una habitación oscura y no encontrar la puerta o el interruptor de la luz, encerrarse en un armario, caerse a una piscina y no saber nadar, perderse entre una multitud y no encontrar a los padres, meter la cabeza entre dos barrotes y luego no poder sacarla, etc.

  • Información aprendida: Muchas personas, especialmente los niños, aprenden a quién y qué temer al ver a los padres o compañeros. También se puede adquirir indirectamente por recibir información sobre experiencias desagradables en espacios cerrados o ver a alguien pasar por una experiencia de este tipo (Rachman, 1997).

  • Predisposición genética: Como Erin Gersley dice en “Fobias: Causas y tratamiento”, los seres humanos están genéticamente predispuestos a tener miedo de las cosas que son peligrosas para ellos. La adquisición de la claustrofobia puede ser parte de un mecanismo de supervivencia evolutiva, un temor a ser atrapado, que alguna vez fue importante para la supervivencia de la humanidad y puede ser fácilmente despertado en cualquier momento.

La claustrofobia es una de las fobias específicas con una prevalencia más alta, sin embargo, no todas las personas con claustrofobia buscan ayuda profesional para superar su problema. Existen varias razones que explican esto último:

  • Muchos de los claustrofóbicos manejan su problema "evitando activamente" las situaciones que impliquen cierre.
  • La mayoría de estas personas desconocen que este problema puede llegar a desaparecer con un tratamiento apropiado.
  • El claustrofóbico suele buscar ayuda especializada sólo cuando su problema interfiere de un modo notable en su vida (en su trabajo, en su familia, en sus relaciones sociales, etc.)
  • Muchos claustrofóbicos se han resignado y han aprendido a vivir con su problema.

Si luego de leer este artículo te identificas con las descripciones que se han ofrecido del problema, te recomiendo acudir a un profesional médico.

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Autor

Roly Jara EspinozaRoly Jara Espinoza

Roly Jara Espinoza

Coordinador corporativo de salud ocupacional en Scotiabank

Médico especialista en Medicina Ocupacional y Medio Ambiente, auditor médico con maestría en Salud Ocupacional y Medio Ambiente, maestría de Medicina Ocupacional, diplomado internacional en Gestión de Salud y Seguridad en empresas. Certificado como Conservacionista Auditivo por The Council for Accreditation in Occupational Hearing Conservation (CAOHC). Homologado en España, con experiencias académicas y laborales en Colombia, Brasil y Argentina. Miembro activo de la International Commission on Occupational Health (ICOH).

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