Ser madre en el siglo XXI

Es importante integrar la maternidad con el desarrollo personal y profesional

Posteado por: Giuliana Caccia , 19/05/2016

Debido a que las mujeres tenemos una participación muy activa en el mundo laboral, a veces nos cuesta darle el sitio correcto a la maternidad en nuestras vidas. Hoy nos parece raro ver a una mujer menor de 25 años que decide ser madre (sí, decide). Lo más probable es que levantemos la ceja dudando de este deseo real y lo confundamos, tal vez, con un error en el calendario. Es lógico. Hoy se piensa de manera muy contundente que antes de ser madre se debe alcanzar el desarrollo profesional y alcanzar un nivel de bienestar material que, luego, nos permita avanzar de manera más holgada en el camino familiar. Y estos objetivos no se consiguen a una temprana edad.

Sin embargo, esta gran seguridad sobre cómo debe ser la “vida perfecta” de una mujer —que evidentemente construimos antes de ser madres— se ve de alguna manera desestabilizada cuando nos enfrentamos por primera vez a esa personita de casi tres kilos de peso y medio metro de tamaño, que lleva nuestra sangre y apellido. Desde ese momento, ¿siguen pesando igual las proyecciones profesionales en nuestras vidas? Probablemente sí, porque ser madre no implica dejar de lado nuestro desarrollo individual. Lo que quizá sucede es que las prioridades se ordenan de otra forma y nuestro mundo familiar se configura de manera distinta.

El punto central es que no podemos tapar el sol con un dedo: sí o sí, la maternidad impacta profundamente y genera cambios radicales en nuestro ser. Ser madre es una realidad que se convierte en parte protagónica de nuestra identidad. Nada vuelve a ser igual. Incluyendo nuestra aproximación al trabajo. ¿Saben por qué? Porque así haya numerosas corrientes que traten de convencernos de lo contrario, ser madre es un don maravilloso y algo muy importante, no sólo para nosotras como personas, sino también para la sociedad en la que vivimos. Y cometemos un gran error cuando tratamos de negarlo por miedo a perder beneficios laborales o el mismo puesto de trabajo.

Si lo consideramos con mayor detenimiento, ser madre es parte fundamental de nuestro crecimiento personal y, por lo tanto, la maternidad no tiene porqué estar desintegrada de nuestro desarrollo profesional. ¿Quién puede negar que el trabajo de madre nos da unas competencias que son muy útiles en varias situaciones laborales? La capacidad de gestionar varios asuntos a la vez, de ser prácticas, perseverantes, pacientes y con capacidad para resolver problemas son sólo algunas de esas competencias. En lugar, pues, de establecer una falsa oposición entre nuestra vida profesional y la maternidad, ¿por qué no integrarlas y asumir el desafío como una gran oportunidad? Todo esto sin contar que de hecho muchas veces, por diversas razones, a un gran número de mujeres no les queda otra opción, pues si no trabajan, el ingreso familiar se vería seriamente afectado. ¿Por qué entonces oponer en lugar de integrar?

Por supuesto, lo ideal es que esta integración sea también considerada por los empleadores. Para las que tenemos hijos, ser madres no puede ser una realidad desligada del resto de nuestras actividades o responsabilidades fuera del hogar. ¿Se puede dejar de ser abogado cuando estamos en casa? Entonces, ¿por qué deberíamos dejar de ser madres en la oficina? Y así como nos piden llevar trabajo a casa, debería existir el mismo grado de tolerancia cuando tenemos que llevar algunos asuntos domésticos a la oficina, como alguna enfermedad de nuestros hijos o reuniones con los profesores, por ejemplo. Es evidente que cada espacio tiene su lugar y sana independencia, pero pedir separarlos de manera tajante es como pedir que nos deshumanicemos y seamos capaces de separar nuestro propio ser en pedazos irreconciliables. El resultado de esto no es otro que colaboradoras descontentas y madres que se sienten culpables. Ningún espacio de vida pleno. Ninguna ventaja ni para las empresas ni para los hogares y, por tanto, tampoco para la sociedad.

Conciliar no es sólo un trabajo de la madre. Si la empresa, la sociedad y el Estado no se lo facilitan, las ganas de sacar a los niños adelante para que sean personas de bien, se vuelve una especie de natación en brea. Por eso es muy importante que nosotras, las mujeres, en contra de lo que pueden decir las feministas radicales, también reivindiquemos la importancia de la maternidad para construir un mundo mejor. En ese sentido, ¿no tenemos derecho a criar a nuestros hijos y a que este derecho sea reconocido universalmente? Ser madre es un rol imprescindible e irremplazable ya que, por lo que tengo entendido, la ciencia no ha podido reemplazar a un vientre materno hasta el día de hoy (y han pasado varios miles de años desde que existimos). No podemos negar la voz de la naturaleza que grita de manera objetiva que todos provenimos de una madre, desde el gerente general de la empresa más grande del mundo hasta una feminista que quiere negar la belleza de la maternidad bien llevada. Todos y cada uno de los seres humanos que pisamos el planeta hemos tenido una madre biológica. ¿Cómo entonces no hacer todo lo posible por entender cada vez mejor y defender la maternidad?

Esta defensa empieza por nosotras mismas. Debemos superar esa falsa oposición que muchas veces aceptamos acríticamente y convencernos de la importancia de nuestra tarea como madres, de la real posibilidad de integrar nuestra maternidad y nuestro desarrollo profesional y personal. Sólo desde este convencimiento podremos exigir un respeto justo para poder ser madres y profesionales, plenas, completas y responsables.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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