¡Un alto a la violencia social!

Descubre cómo el rol de la familia logra combatir este mal

Posteado por: Giuliana Caccia , 11/06/2018

Los temas que ocupan de forma frecuente la agenda de noticias mundial son aquellos relacionados con la violencia hacia la mujer y el homicidio. Si bien las posiciones al respecto se ven polarizadas muchas veces por puntos de vista que quieren priorizar algún tipo de violencia (con el fin de que esta sea atendida con mayores recursos), lo cierto es que la violencia como tal no pertenece solo al hombre como agresor y a la mujer como víctima. Tampoco se circunscribe únicamente a los ámbitos privados. En el Perú, por ejemplo, según el último informe elaborado por el CEIC1, en el 2016 se registraron 2435 homicidios, de los cuales aproximadamente el 60% fue ejecutado por algún desconocido, y tan solo el 5% fue cometido por la pareja o conviviente.

¿Qué se puede hacer para contrarrestar estas terribles cifras? Si bien muchos organismos estatales e instituciones están trabajando para disminuir este mal social, nosotros como ciudadanos de a pie también podemos contribuir a la reducción de esta ola de muertes y violencia. Y no estoy hablando únicamente de indignarnos en las redes sociales o de salir a marchar. Tal vez las acciones más efectivas que podemos realizar están más a la mano, aunque los resultados no se vean necesariamente en el corto plazo: en nuestra casa, a través de la educación de nuestros hijos y del esfuerzo por mejorar la convivencia con virtudes que nos hagan mejores personas, tanto dentro como fuera del hogar.

La educación en la casa es, sobre todo durante sus primeros años, la herramienta más poderosa para la formación de una persona. De ahí la importancia que tiene la familia y el por qué se le denomina la célula básica de la sociedad. Una comunidad con familias débiles o poco virtuosas, sin duda presenta mayores problemas a nivel social que una con las características contrarias.

Y, dentro de la familia, la herramienta educativa más poderosa es el ejemplo. Por eso, más allá de preocuparnos únicamente por lo que vemos en las noticias, debemos mirar hacia adentro y analizar si es que en la dinámica familiar no estamos, aunque sea sutilmente, tolerando o promoviendo algún tipo de violencia. Lo más evidente, claro está, son los gritos, los insultos, los golpes, los empujones, entre otros. También está, aunque a veces suele pasar más desapercibida, la violencia verbal solapada, la manipulación psicológica, el autoritarismo o el abuso de poder de parte de algún miembro de la familia.

Pero uno educa no solo dejando de hacer cosas malas. También es importante promover conductas positivas, construyendo en el hogar una atmósfera para el cultivo de virtudes, explicitando verbalmente valores humanos que harán mirar al prójimo como alguien merecedor de respeto y trato digno. Por ejemplo, es importante inculcarle a los hijos el buen trato a las personas que nos ayudan en el trabajo o en la casa, sobre todo si somos los jefes. Lo mismo podemos decir respecto de las personas que nos atienden en una tienda o restaurante. Otra manera es procurar hablar bien de las personas y, si no hay nada bueno que decir, mejor es quedarnos callados. La caridad y el servicio al prójimo son muy buenos antídotos contra la violencia. Salir de uno mismo y tener empatía con el sufrimiento ajeno sensibiliza mucho a la persona y le hace entender que no todo gira alrededor de uno mismo.

Otro factor vital para que una persona aprenda a respetar al otro, y que se aprende principalmente en la familia, es el diálogo. La mesa familiar es el ambiente perfecto para escucharnos los unos a los otros e interesarnos por sus logros o penas. El perdón es otra competencia que debe ser ejercitada en la convivencia familiar, así como el ser capaz, algunas veces, de renunciar a una posición con el fin de dar pie a la resolución de algún problema. Esto requiere de mucho realismo y humildad, virtudes que nos engrandecen.

Por otro lado, mucho se habla hoy de la repartición de los roles domésticos que antes recaían principalmente en la mujer-madre de la casa y que hoy se busca sean compartidos tanto por la pareja-esposo como por los demás miembros de la familia. Este aspecto es esencial para una convivencia pacífica, pero el énfasis en este modo de vivir no debe estar centrado en el querer alcanzar una “igualdad de sexos”, sino más bien debemos basarlo en una mirada que contempla el ser generoso con el otro, el aprender a colaborar y demostrar que el del costado también es importante. Todo ello, además, ayuda a desarrollar una sana autonomía, pues permite que todos en la casa sepan hacer de todo y no dependan necesariamente de alguien más.

Para combatir la violencia es importante entender y enseñar que toda vida humana es única y digna, y no puede ser segada bajo ningún pretexto o motivo. Tampoco puede ser dañada porque nos place o porque nos supone una carga. Esto se enseña respetando a todos los miembros de la familia, especialmente a aquellos más frágiles, que pueden presentar alguna discapacidad o -tal vez por tener ya una edad avanzada- requieren de mayor tiempo o ayuda para realizar algunas cosas. Relativizar el valor de la vida humana es uno de los grandes enemigos de la convivencia pacífica de una sociedad. Esto va de la mano con una mirada antropológica que nos permite descubrir que toda persona es distinta, única e irrepetible, y que tenemos exactamente la misma dignidad, sin excepción.

Como podemos ver, la educación en el seno de la familia es vital para lograr cada día una mejor sociedad. Una familia es ese lugar en el que la gran mayoría de seres humanos llegamos y somos amados solo por existir. Es por eso que es el espacio con mayor potencial educativo, no a nivel formal —como puede ser una escuela— sino más bien espontáneamente. Lo que vivimos en casa, y cómo lo vivimos, será determinante en la formación del carácter y personalidad de los miembros de la familia. Por eso, si queremos una sociedad más justa y pacífica, empecemos por nuestra comunidad doméstica.


1 Informe Estadístico No. 5 – Homicidios en el Perú, contándolos uno a uno 2011- 2016. Inei, Poder Judicial, Ministerio Público, Ministerio del Interior, Ministerio de Justicia y derechos humanos, Policía Nacional del Perú, Instituto Nacional Penitenciario- Realizado por el Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad- CEIC).

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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