Voluntariando ando: ¿cómo desarrollar un voluntariado exitoso?

Compartimos seis pasos básicos para lograr una experiencia satisfactoria de voluntariado

Posteado por: Micaela Pesantes , 16/10/2014

Hace unos días me preguntaron: ¿dónde puedo hacer un voluntariado? Esta es una de las mejores y más difíciles preguntas que me han hecho. ¿Por qué? Porque no hay una respuesta directa y concisa: anda allá, pregunta por tal, y has esto. Es algo que depende de quién eres, qué quieres, qué sientes, qué sabes. Literalmente depende de ti. Y, muchas veces la respuesta “depende”, no deja satisfecho a nadie, a pesar de ser, quizás, la única respuesta posible.

Vamos por partes. Para comenzar, tenemos que saber diferenciar entre la realidad de hacer un voluntariado, y la visión romántica del mismo, muchas veces reforzada por las imágenes edulcoradas que se muestran de dicha actividad en algunos medios de comunicación. La realidad es que hacer voluntariado, es, literalmente, trabajar sin que nos paguen con dinero. Con todas las aristas que realizar un trabajo implican. Por tanto, se puede concluir que una de las principales motivaciones para ser un voluntario, es la de trascender de alguna manera, de devolver a la sociedad, y no el retorno monetario que mi tiempo, esfuerzo y dedicación a esta actividad va a generar. Esa es la razón por la que se llama “voluntariado”.

Otra punto también importante, que ya ha sido mencionada en este blog, es saber, literalmente “para qué soy bueno”. Qué hago bien, no me cuesta esfuerzo, disfruto y puedo hacer, casi con los ojos cerrados. Reforzando lo ya mencionado en el párrafo anterior: voy a realizar una actividad que no me van a pagar con dinero, pero de la que voy a sacar satisfacción de otra índole. Por ejemplo: a mí me puede parecer muy importante, necesario y pertinente, reparar el colegio que está cerca de mi casa. Pero: ¿soy buena para pintar?, ¿sé cómo se reparan tuberías rotas?, ¿estoy preparado para resistir lo que implica esta actividad?

En una de las películas favoritas de mi niñez, hay una secuencia en la que a un muchacho lo hacen pintar una cerca japonesa, de arriba abajo, y de lado a lado durante todo un día, como entrenamiento para una competencia de karate. Termina tan agotado y adolorido con estas labores, que incluyen lijar el piso y lavar automóviles, que incluso piensa renunciar a su objetivo: ganar la competencia de karate. Hasta que descubre “para qué sirven”.

Volviendo al tema que nos compete: ¿es necesario terminar en estas condiciones después de hacer un voluntariado?, o mejor sólo quedarnos con la satisfacción de la tarea cumplida, pero sin los dolores musculares. Quizás podría ayudar más al colegio organizando una colecta para reparar la infraestructura, u ofreciéndome como profesora de matemáticas.

Para lograr una experiencia satisfactoria de voluntariado, tenemos que seguir algunos pasos simples, que, no siendo exhaustivo – tómenlo como una receta de cocina, y no de repostería, que es una ciencia mucho más exacta – por lo menos nos encaminará hacia una actividad grata, trascendente, en la que todos los involucrados se sientan beneficiados de alguna manera.

El primero es, insisto, identificar aquello en lo que soy bueno. Lo segundo es identificar un grupo de personas que ya estén haciendo esto que yo también quiero hacer. Hay una infinidad de organizaciones que vienen haciendo estas actividades por años, así que sería bueno contactarlos y ofrecerse como voluntario. Lo tercero, es definir a una población objetivo: ¿con quién quiero trabajar? ¿jóvenes, niños o adultos mayores?. Lo cuarto es planear la actividad. Para eso, se necesita asignar por lo menos un mes: hay que reunirse con los actores involucrados, definir un presupuesto, determinar roles, entre otras muchas labores. De nuevo, tómenlo como una receta: si quiero hacer arroz con carne, por lo menos necesito arroz, y carne. Pero también otros ingredientes, y muchas otras cosas que son detalles, pero que van a determinar lo bueno o no que está el plato. Terrible sería estar a la mitad de la preparación, con las manos sucias, y tener que salir corriendo a comprar las cebollas, que resulta que eran básicas. Lo quinto, y que es uno de los resultados de esta planificación, es convocar a las personas idóneas en número, características y compromiso, para que la actividad sea un éxito.

Lo sexto, que generalmente es un buen cierre, es hacer una evaluación sencilla de la actividad: ¿qué estuvo bien?, ¿qué cambiaría?, para poder colocar en perspectiva lo hecho, y hacerlo mejor la siguiente vez.

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Autor

Micaela PesantesMicaela Pesantes

Micaela Pesantes

Jefe de Responsabilidad Social Empresarial

Es máster en Estudios Profesionales por la New York University (NYU) y Bachiller en Ciencias Sociales con mención en Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con amplia experiencia en gestión de proyectos y trabajos en políticas públicas, orientados hacia la mitigación y mejora de la calidad de vida de poblaciones vulnerables.

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