Yo soy indispensable en los proyectos sociales

Identifica lo que haces con pasión y aporta tus conocimientos y habilidades

Posteado por: Micaela Pesantes , 18/07/2014

Como ya se ha comentado en este espacio, la Responsabilidad Social es hoy en día, súper sexy. Está de moda, y, de pronto, todos queremos “hacer responsabilidad social”, estar involucrados de alguna manera; subirnos a la ola de la Responsabilidad Social. A veces, confundiendo inadvertidamente mis ganas de abrigar al peruano que tiene frío – que es una de las campañas que mayores donaciones y movilización genera en estas épocas del año – con lo que realmente significa hacer un proyecto social, en el sentido completo del término. Sostenible, estable, que funcione en el largo plazo, que camine solo. Para lograr con claridad esto último, lo más inteligente es hacer responsabilidad social desde lo que yo sé hacer. Desde lo que a mí me gusta hacer. Nada más y nada menos. Por eso, a pesar que pueda sonar hasta contradictorio, la real responsabilidad social con el que ha tenido menos oportunidades, parte desde un yo casi egoísta.

Toda esta corriente – positiva en mi opinión – de querer apoyar a quien lo necesita, probablemente está vinculada de alguna manera, al sostenido crecimiento económico de los últimos años del Perú, que nos hace ser prácticamente “el milagro” de América Latina. Algo que está presente de manera constante por lo menos la última década, que nos hace pensar – como lo decía un viejo comercial de tv – que “El Perú es Súper”. Una posible inferencia de este fenómeno económico y social, es que los más optimistas comencemos a sentirnos, y a creernos, “súper”. Y, al sentirnos así, me atrevo a sostener que surge espontáneamente una gran generosidad y ganas de hacer un bien por el prójimo. Quien no es otro que el próximo, el que está al costado, a quién, por esas cosas de la vida, no está tan bien como yo ahora.

Es justamente por eso que es indispensable que las ganas de hacer proyectos sociales tienen que ser canalizadas, a través de mis habilidades y conocimientos. Nacer de lo que yo sé hacer bien, de lo que me siento cómoda haciendo. Ya que también nace de mis ganas de ayudar, y es lo que me va a permitir seguir teniendo ganas, valga la redundancia, de continuar en este camino, que no siempre es fácil.

Como también hemos visto en los últimos años, a pesar que la formación de una persona gire en torno a la danza, por ejemplo, que aparentemente nada tiene que ver con lo que generalmente asociamos a “responsabilidad social”, sí se puede organizar un proyecto en torno a esa pasión común por la danza, compartida entre una bailarina de ballet clásico y los chicos y chicas que vemos todos los días “bailar” y hacer piruetas en muchas de las intersecciones de Lima.

Así, ¿cómo podemos desarrollar un proyecto social? Primero que nada, habrá que encontrar aquella cosa con la que me identifico, que me gusta, que me es fácil hacer. Sea lo que sea. No hay nada peor que forzarme a visitar a niños con enfermedades terminales, o adultos mayores en estado de abandono, si eso me produce malestar o pesar. Y, “si vale” solo aportar con dinero, especialmente en casos como estos. Hay muchas maneras de ayudar, y a veces, muchas instituciones que lo están haciendo bien, sólo necesitan de nuestro aporte económico.

Segundo, averiguar si alguien más lo está haciendo: llámese institución, municipalidad, fundación o algún grupo de personas. Este paso es clave: como en todo, no se trata de inventar la pólvora, sino de ver cómo logramos el mejor y más vistoso juego pirotécnico, con las personas que ya han estado experimentando con las posibilidades. Felizmente tenemos al alcance el internet, y esta investigación a tiempo, y a conciencia, puede ahorrar muchísimo tiempo y frustraciones.

Lo tercero y más importante, antes de comenzar a hacer el proyecto, es ponerse metas modestas, a corto plazo, medibles y que vayan aportando poco a poco, al gran objetivo a largo plazo que le he planteado a mi proyecto. Y tener la flexibilidad suficiente, para analizar posibles cambios de curso, en caso las cosas no estén sucediendo exactamente como lo hemos planteado. Por supuesto que el sueño puede – o incluso debe – ser cambiar el mundo. Pero para poder hacerlo, debemos llevarlo de manera pausada, pasito a paso: una persona a la vez. Ya con eso, es bastante.

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Micaela PesantesMicaela Pesantes

Micaela Pesantes

Jefe de Responsabilidad Social Empresarial

Es máster en Estudios Profesionales por la New York University (NYU) y Bachiller en Ciencias Sociales con mención en Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con amplia experiencia en gestión de proyectos y trabajos en políticas públicas, orientados hacia la mitigación y mejora de la calidad de vida de poblaciones vulnerables.

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