¿Cómo aprovechar el tiempo de ocio de los niños en vacaciones?

Crea momentos de aprendizaje y diversión con estos tips

Posteado por: Giuliana Caccia , 11/01/2019

Empieza la temporada de verano en nuestro país y con ella el tiempo de vacaciones, sobre todo para los más chicos de la casa. Algunos padres nos ponemos muy contentos de no tener que llevar y traer a los hijos del colegio. De que se puedan quedar despiertos hasta tarde y de no tener que correr durante todas las mañanas para preparar loncheras o mochilas. Otros, en cambio, nos estresamos porque no sabemos qué hacer para que los chicos estén entretenidos y no pasen más de dos meses haciendo absolutamente nada productivo. De hecho, esta preocupación es válida, sobre todo cuando es una familia en la que ambos padres trabajan o no tienen la capacidad económica para cubrir actividades como las vacaciones escolares. Sea cual sea nuestra dinámica familiar, sí es importante tener algunas nociones claras cuando se trata de organizar el tiempo libre de nuestros hijos. Considerando, además, que es un tiempo largo, el cual puede ser utilizado para formarlos o deformarlos.

Lo primero que debemos aprender es a diferenciar entre tiempo libre y ocio. El tiempo libre es ese espacio que uno tiene fuera del trabajo o de los estudios. Es un tiempo en el que uno tiene mayor libertad para hacer lo que quiere. Sin embargo, normalmente este es un espacio que las personas adultas utilizamos para realizar otro tipo de deberes que no son los laborables. Por ejemplo: ir de compras, pagar cuentas, hacer trámites, ir al doctor, atender obligaciones de nuestros hijos, entre otros. Entonces, ¿cuál es estrictamente el tiempo de ocio? Es ese tiempo que queda luego de que terminamos todo aquello que debemos hacer y se está, en todo el sentido de la palabra, disponible para hacer esas otras actividades que nunca podemos hacer porque las responsabilidades no nos lo permiten.

Para muchas personas el tiempo de ocio es hoy tiempo para no hacer nada. Pero estas personas están confundiendo el ocio con ociosidad. Además, tienen la falsa creencia de que, si hacen algo productivo como leer un libro o practicar algún deporte, no es descanso. Es decir, para ellos, el tiempo de ocio bien vivido sería estar todo el día tirado en un sillón viendo una serie o jugando videojuegos. Y esto es ignorar que lo que más cansa en vacaciones es no hacer nada.

El ocio, pues, no es inactividad sino cambio de actividad. Es ocupar el tiempo en algo distinto del trabajo profesional o de los estudios (en algo que sea más grato y creativo, un hobbie, o algo con mayor relación a la cultura). Y este es punto vital para entender cómo debemos organizar las vacaciones de los chicos. En los espacios de ocio no debe producirse un corte radical con la forma de vivir en el tiempo de trabajo o estudio. Se deja de trabajar o de estudiar, se tiene tiempo para descansar, pero eso no significa abandonarse como persona. Bajo ninguna perspectiva, el ocio es un espacio “para perder el tiempo” y mucho menos ocasión de vida permisiva.

Al contrario. En el tiempo de ocio debemos seguir creciendo como personas, no es un tiempo sin deberes. Debemos sí ser creativos para plantear actividades, sobre todo pensando en los más pequeños, que sean entretenidas pero que tengan un claro horizonte formativo. Podemos, por ejemplo, centrarnos en actividades que desarrollen capacidades físicas, que los ayuden a educar la conciencia moral, que les permitan mejorar su destreza motora o habilidades manuales. En todas ellas, no es que como se está de vacaciones las cosas se pueden hacer de cualquier modo. Ahí viene, justamente, la capacidad para aprender en contextos y actividades distintas a las habituales, como el estudio o el trabajo.

Entonces, ¿qué hacer en los espacios de ocio?

El filósofo Séneca decía que el ocio noble era aquel que ayuda a cultivar el espíritu. Puede ser este un primer punto de partida para escoger las actividades que pueden realizar nuestros hijos en su tiempo de vacaciones. La idea es que crezcan en una libertad responsable y que no sea un espacio solamente destinado a diversiones sin límites y menos nocivas. Esto no implica, claro está, una oposición a la diversión o que las actividades que hagan sean aburridas. Como decíamos, el reto está en encontrar ese equilibrio ideal en una actividad que los forme y que, al mismo tiempo, les pueda resultar entretenida. El problema está cuando la diversión se convierte en el único fin y dejamos de lado el cultivo personal. Entonces el aburrimiento se convierte en el terror de las vacaciones.

Si bien el objetivo de esta nota no es recomendar actividades concretas pues cada padre sabrá cuál es la mejor para cada hijo según su personalidad, edad y, claro está, capacidad de gasto, sí queremos dejar algunas pautas generales para que nuestros hijos lleven unas vacaciones saludables y provechosas:

  1. Parte de tener unas vacaciones positivas está en el sueño. Muchos padres piensan que como al día siguiente no tienen que levantarse temprano para ir al colegio, no tiene nada de malo que se acuesten a cualquier hora. Eso no es algo bueno. Parte de tener una vida ordenada está en la rutina del sueño. Es necesario reponer fuerzas. Dormir menos de lo necesario tiene consecuencias importantes para la salud, para el estado de ánimo y para el rendimiento. Según la edad, haremos concesiones durante vacaciones. Pero no más de una hora u hora y media de la hora en la que se acuestan durante la época escolar.

  2. El ejemplo de la familia, sobre todo de los padres, es vital para aprender a usar (o desperdiciar) el tiempo de ocio. En el ambiente familiar existen, además, muchas oportunidades para encontrar actividades valiosas para momentos de ocio. En cualquier ocasión se puede tener una conversación interesante, jugar una partida de ajedrez u otros juegos de mesa; visitar una librería con los hijos, organizar un paseo por la playa o una caminata en la naturaleza, plantearse coleccionar algo en familia, escuchar música, leer un libro, entre otros. Obviamente, esto no sucede cuando los padres claudicaron de la vida familiar y optan por sentarse frente a la televisión sin ni siquiera plantearse la posibilidad de hacer algo distinto.

  3. El punto anterior nos debe llevar a reflexionar, sobre todo si tenemos hijos adolescentes que gustan de estar fuera de casa, ¿hay armonía entre los momentos que están en casa y los que pasan fuera? De no ser así, ¿por qué prefieren estar en la calle que en el hogar? ¿no será que les está faltando vida familiar? ¿están viendo la casa como un lugar desagradable del que hay que huir apenas se pueda? Por eso debemos hacer de nuestra casa un lugar abierto a actividades de ocio y favorecerlas.

  4. Tener una vida de ocio sana tiene mucho que ver con el cultivo de buenos amigos. Los amigos, sobre todo a partir de la pubertad, son compañeros de nuestros hijos en gran parte de su tiempo de ocio. Todo padre preocupado debe procurar fomentar que su hijo, desde muy pequeño, cultive relaciones con personas sanas y que tengan familias con valores afines a los nuestros. Da mucha tranquilidad saber que nuestros hijos están pasando tiempo con personas sanas.

El tiempo de ocio no es un tiempo “neutro” sino que influye siempre en las personas que lo utilizan, ya sea para bien o para mal, según las opciones que se tomen. Después de unas vacaciones de verano, las personas no son las mismas: pueden haber mejorado o empeorado. Por ello, vale la pena hacer el esfuerzo de aprovechar el tiempo de ocio de la mejor manera, pues redundará en ayudarnos a ser mejores personas y mejores familias.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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