¿Cómo enfrentar la frustración?

Conoce las mejores técnicas para lidiar con este sentimiento

Posteado por: Giuliana Caccia , 20/11/2018

Hay experiencias que son una constante en el crecimiento de toda persona y están presentes en los distintos ámbitos en los que nos desenvolvemos: los estudios, el deporte, el trabajo, la vida profesional, la vida emocional y social. Una de esas experiencias es la frustración. Si bien es una palabra que inmediatamente nos remite a algo negativo o indeseable, es algo con lo que, queramos o no, vamos a tener que convivir. Por eso, si es que queremos tener un desarrollo favorable en nuestra vida profesional, es importante detenernos un momento a reflexionar sobre cómo la frustración puede ser un factor negativo para nuestros objetivos.

¿Qué es la frustración?

En su sentido básico, frustrar —o frustrarse— es un verbo de afección psíquica. Se refiere al efecto que produce en nuestro mundo emocional el vernos privados de algo que esperábamos. Y este “efecto” lo venimos experimentando prácticamente desde el día que nacimos. Es más, en opinión de los expertos en psicología infantil, la frustración juega un papel importante en el proceso de crecimiento y maduración de todo niño. Es uno de los medios para adquirir conocimiento del mundo externo y una gran fuente de enseñanza acerca de los límites y posibilidades de la vida. Por ello, se recomienda no privar a los niños de situaciones que desafíen su esfuerzo, aun a expensas de que tengan que pasar por la frustración de no siempre conseguir lo que quieren.

Esta dinámica se repite a lo largo de toda nuestra vida, y nuestro desarrollo profesional no tiene por qué ser la excepción. Lo mejor será, pues, asumir la presencia de esta compañera de viaje, conocerla bien y aprender a sacar lo mejor de las situaciones en las que se presente.

Como toda emoción, la frustración se gatilla por un evento —o una serie de eventos— que nos afectan personalmente. Como ya lo insinúa la misma definición de la palabra, para que nos sintamos frustrados tiene que suceder algo que toque una fibra interior. Y ese algo tiene que interferir con nuestros deseos y expectativas. Por ejemplo, si hemos venido laborando duro y parejo por conseguir un ascenso en el trabajo, es natural que se vaya incrementando nuestra expectativa por obtenerlo. Mientras más esfuerzo ponemos, mayor será el deseo de alcanzar el objetivo planteado. No es difícil imaginar que si el resultado no es el que esperábamos, es decir, si no conseguimos el ascenso, lo que sigue es la frustración. O pensemos en algo quizá más cotidiano y menos dramático: estamos intentando instalar en el ordenador un programa que necesitamos, y siempre nos quedamos atascados en el mismo paso de la instalación sin saber qué hacer. Es como darse una y otra vez con una pared. Nos frustramos ante la imposibilidad de resolver el asunto.

Hasta ahí nada sale del cauce de la normalidad. Incluso reconociendo su variedad y la diversa intensidad con la que nos puede afectar —ciertamente no es lo mismo no poder instalar un programa que no conseguir un ascenso—, sabemos que son cosas que pasan y que no está en nuestras manos decidir si ocurren o no. Lo que sí está en nuestras manos es la forma de reaccionar frente a eso, y es ahí donde nos debemos enfocar.

¿Cómo enfrentar la frustración?

Lo primero, quizá, sea educarnos a pensar antes de tomar cualquier acción. Es natural que lo primero que aparezca sea la emoción, el torbellino de sentimientos encontrados que suscita una frustración, pero inmediatamente debemos darnos el espacio para pensar antes de actuar. Mientras mayor sea la carga emocional que sintamos, mayor debe ser nuestra determinación para evitar tomar decisiones de las que quizá luego nos podamos arrepentir. A medida que nuestra agitación interior se apacigüe, seremos más capaces de ordenar nuestras emociones y de pensar con claridad los pasos a seguir.

Luego es fundamental identificar y ponerle nombre a lo que nos está pasando. “Estoy frustrado porque he trabajado mucho por conseguir este ascenso y no lo he logrado”. Formular así, claro y directo lo que nos pasa, es un paso muy importante. Llegar a ello no siempre es fácil. A partir de esta base se puede iniciar un proceso por objetivar la situación con el fin de asumirla, asimilarla y seguir adelante. Para ello es muy recomendable, entre otras cosas:

  • Compartir nuestra experiencia con alguien que nos pueda ayudar a ver la situación desde otra perspectiva. Expresar nuestros sentimientos con libertad ayuda mucho también a bajar la carga emocional que la frustración nos deja.

  • Intentar ver nuestra situación como si fuera otra persona quien la está viviendo. Aunque no es fácil, este ejercicio ayuda mucho a despersonalizar y analizar lo ocurrido con criterios objetivos. Será bueno también estar atentos a nuestros compañeros de trabajo y amigos, pues podrían estar pasando por una situación similar. Busquemos ser particularmente empáticos y cercanos con ellos, ayudándolos como quisiéramos que nos ayuden a nosotros.

  • Imaginar que ha pasado un año. Visualizarnos a una distancia temporal de lo que ahora nos agobia, también puede ser una manera eficiente de poner en perspectiva lo que nos sucede.

Lidiar con esta experiencia también es una muy buena oportunidad para discernir nuestro universo de deseos y expectativas. La frustración que nos puede sumir en un estado negativo, de amargura, resentimiento, e incluso que puede llegar a afectar nuestra autoestima, tiene mucho que ver con la falta de realismo que puedan tener nuestras expectativas. Por más rápido que haya sido en las olimpiadas escolares, si a los 30 años me propongo batir el récord de 100 metros planos de Usain Bolt, lo único que me espera es un interminable futuro de frustraciones. La ambición saludable, que nos empuja a crecer y a superarnos, debe ir siempre de la mano con una visión realista y madura, de manera que nos proyectemos hacia objetivos alcanzables.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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