¿Cómo identificar a una persona envidiosa?

Descubre qué debes hacer para evitar esta actitud negativa

Posteado por: Giuliana Caccia , 11/10/2018

La envidia es uno de los siete pecados capitales. Es decir, es como la cabeza a partir de la cual se desarrollarán otros vicios y actitudes nocivas. Desafortunadamente, no es un sentimiento que sea raro o poco común en el ser humano. Pero, ¿qué es exactamente la envidia? En una definición de diccionario, es la tristeza o pesar que alguien puede experimentar por el bien ajeno. En distintas tradiciones religiosas es considerada como un vicio, o sea, una actitud que, de enquistarse en el corazón, hace daño a la persona que la padece y, además, abona el campo para la generación de otros vicios que agudizan la descomposición espiritual del ser humano.

Como todo vicio, la envidia se compone de una compleja sucesión de emociones y pensamientos que puede llevarnos a tomar ciertas acciones. Por ejemplo, veo que mi vecino llega con un automóvil nuevo. Inicialmente, me puedo alegrar al ver que ha logrado comprarlo después de tanto esfuerzo. Pero junto con eso, empiezo a sentir también pena porque yo no puedo pagar las cuotas de un carro así. Se confunden las emociones, y poco a poco va primando la congoja y frustración por ver que él sí puede y yo no. Si me permito escuchar mis pensamientos, seguramente encontraré algunos del tipo: “por qué él sí y yo no", "es injusto", "yo también debería tenerlo”. Todo ello conduce a un sentimiento más fuerte de tristeza porque el vecino ha podido conseguir algo que yo no. Si no hago algo por detener la avalancha de emociones y pensamientos, es muy probable que termine consintiendo actitudes negativas en contra de la otra persona. Inclusive podemos llegar a sentir enojo y, en casos más extremos, hasta odio y ganas de destruir el bien envidiado. Y todo fruto de esta enmarañada serie de pasos que ha alimentado la envidia.

¿Qué sucede cuando esta actitud negativa se presenta en nuestro espacio laboral? Un artículo de la prestigiosa revista Harvard Business Review considera que es un problema que afecta a muchos trabajadores, e identifica por lo menos tres consecuencias negativas: “La envidia daña las relaciones, desune a los equipos y socava el desempeño organizacional”. Para el desarrollo de cualquier organización, estos elementos son altamente perjudiciales. La envidia se convierte así en un enemigo silencioso que mina las buenas relaciones entre compañeros —elemento fundamental en el funcionamiento de un equipo de trabajo— y, sobre todo, va destruyendo la confianza y el desempeño de la persona que la padece.

Como suele ser, los efectos negativos de este proceso afectarán sobre todo al envidioso. Es importante notar que quien es presa de esta actitud negativa suele caer en un proceso de ensimismamiento. En primer lugar, porque normalmente el que es envidiado no se entera de que otra persona le tiene envidia. No es “natural” compartir los sentimientos y pensamientos que provienen de esta cantera con otras personas. Y es que parte de la dificultad para lidiar con la envidia radica en que es muy difícil admitirla. Nadie quiere ser identificado como envidioso, pues tiene una connotación social muy negativa.

La persona que da lugar a la envidia entra en una especie de paradoja. Por un lado, se retrae sobre sí misma, dándole vueltas y vueltas a esos sentimientos y pensamientos que la envidia genera. Y, por otro lado, se centra cada vez más en las personas (o persona) a las que envidia, con un claro efecto negativo sobre sí mismo. De alguna manera, la envidia conduce a lo peor de ambos extremos: nos encerramos en nosotros mismos, pero no para sacar de ello algo constructivo como podría ser un hábito reflexivo; y nos centramos en los otros, pero no con un afán positivo de ayudarlos o aprender de ellos. La otra persona termina siendo un espejo en el que solo veo mi fracaso, y mi interior se convierte en una caja de resonancia que no hace sino acrecentar la tristeza y frustración por ver que otro avanza o consigue lo que yo quisiera obtener. Este proceso nos hipersensibiliza y en él podemos ir distorsionando la realidad, pues como dice el poeta latino: “la envidia hace parecer más abundantes la mieses de los campos ajenos, y más rico en leche el rebaño vecino”.

¿Qué se puede hacer si llegamos a identificar algunas de estas actitudes en un compañero de trabajo o en nosotros mismos? Sugerimos algunos elementos que pueden ayudar a combatir este vicio:

  • Quizá el primer paso fundamental sea admitir que tenemos el problema. Y, aunque lo parezca, no es un paso fácil de dar. Se requiere coraje y honestidad para ventilar, incluso ante uno mismo, un asunto así. La ayuda de una persona de confianza con la que podamos confrontar nuestra situación puede ser de gran apoyo.

  • Comprender rápidamente que, como todo vicio, este también se puede superar. No es el fin del mundo y no soy la única persona en el mundo que lo tiene.

  • Luego será muy importante identificar qué es lo que nos suscita la envidia. No quedarnos en los aspectos más exteriores —como el carro del vecino— sino hacer el esfuerzo por dilucidar qué resortes interiores se activan para desencadenar la envidia. El problema no es el carro, o el ascenso de un compañero de trabajo. El problema está en mí, y tengo que identificarlo.

  • Cortar rápidamente el proceso de ensimismamiento al que conduce la envidia. Una vez que ya sabemos de dónde viene y a qué conduce, tenemos que aprender y acostumbrarnos a rechazar esos sentimientos y pensamientos. Si bien no es un proceso automático, se puede lograr con práctica y, sobre todo, con perseverancia y tenacidad.

  • Cultivar una sana preocupación por los demás que vaya acompañada de una atención a nosotros mismos. Como decíamos, la envidia nos lleva a obsesionarnos con los otros (con lo que hacen, lo que consiguen). Aprendamos a preocuparnos por las personas y por su bienestar. Esto compete en nuestro trabajo, nuestro crecimiento personal y nuestros objetivos.

La envidia conlleva una fuerza, que proviene de las pasiones que involucra. Lo más inteligente que podemos hacer es encauzar bien esa fuerza. En vez de consumirnos en tristeza o frustración por lo que otro pueda tener o lograr —lo que nos llevará a una parálisis y estancamiento personal—, convirtamos esa potencia en una ocasión de crecimiento personal y de superación de nosotros mismos. La medida del éxito personal no está en lo que otros puedan tener o conseguir, sino en alcanzar los objetivos que cada uno se ponga de acuerdo a su situación y circunstancias.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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