¿Cómo mantener una vida llena de energía?

Comienza a agregar nuevas experiencias a tu vida

Posteado por: Roberto Lerner , 16/04/2019

A medida que envejecemos, la vida se hace más complicada, las tareas de la vida cotidiana asumen proporciones que no tenían antes. Sí, todo es más difícil.

A pesar de que lo anterior parece derivar del sentido común y son afirmaciones frecuentes, paradójicamente, el envejecimiento tiene que ver, no con la complejidad sino con la simplicidad.

¿Podemos imaginar algo menos enrevesado que la vida cotidiana en un asilo de ancianos? Claro, eso es un extremo, pero la rutina de la vejez es especialmente repetitiva, predecible, llena de rituales iguales a sí mismos, desprovistos de sorpresas, fuera de las más desagradables que anuncian el fin de juego.

Desde las estructuras óseas, hasta el ritmo cardiaco, el sustrato físico, funcional, fuera de las conductas, a medida que el hilo de la vida se desenvuelve, van de lo complejo a lo sencillo. Esto es cierto cuando hablamos de la salud, ésta también está hecha de escenarios matizados y patrones complicados en las primeras partes del camino, frente a lo que ocurre cuando los años ya se han acumulado.

Comprender lo expresado en los párrafos anteriores es muy importante cuando se trata de envejecer mejor.

Por un lado, atreverse a cambiar rutinas y entrar en contacto con aquellas personas que no hemos frecuentado o no son conocidos o familiares, puede ser un tónico que hace la diferencia.

Como lo es, sin duda, anudar relaciones con niños y jóvenes —enseñar, por ejemplo—, vale decir empaparse de la mirada que descubre el mundo y, eventualmente, aportar a su exploración. Quizá eso explique por qué las personas que trabajan con menores envejecen de manera distinta a quienes van estrechando sus contactos hasta que están conformados, solamente, por iguales que llenan sus días con pocas y mismas cosas.

Por el otro, osar aprender, sobre todo en campos que usualmente visitamos cuando jóvenes, porque tenemos habilidades prometedoras y buscamos destacar en ellas o usarlas para promovernos en el futuro: tocar un instrumento, hablar un idioma, justamente lo que uno asocia con el inicio de la vida. Es evidente que en años otoñales no hay ambiciones de excelencia, pero todo indica que propicia un recableo del cerebro, alienta conexiones y proporciona placer.

Finalmente, algo de entrenamiento no viene mal. Las ofertas de juegos que fortalecen la musculatura mental son ilimitadas porque todos somos conscientes de las caídas cognitivas que plagan la tercera edad. Nadie quiere perderse los discursos caudalosos de un nieto, ni repetir más de la cuenta una historia. Aunque los miles de juegos de fortalecimiento intelectual mejoran la capacidad de jugarlos, no parecen extender su impacto a las otras tareas de la vida cotidiana, pero, aparentemente, si pueden demorar la aparición de ciertos problemas ligados a la demencia o alzheimer.

En resumen, introducir novedades, acompañar descubrimientos ajenos, enseñar y, por decirlo de alguna manera, complicarse la vida, pueden ayudar a envejecer bien.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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