El impacto de la amabilidad en las personas

Reflexionemos sobre los beneficios de este descuidado valor

Posteado por: Giuliana Caccia , 05/04/2019

Vamos a reflexionar sobre la amabilidad, una actitud elemental del comportamiento humano que muchas veces, lamentablemente, se pierde en la vorágine de nuestra actividad cotidiana, en medio de las múltiples tensiones propias de la vida moderna y urbana en la que estamos inmersos. Es una actitud básica del comportamiento, ya que responde a un principio antropológico fundamental: toda persona merece nuestro respeto por el hecho de ser tal, independientemente de los calificativos que le podamos poner o de sus características individuales. Esta aproximación está recogida en diversas y milenarias tradiciones culturales y religiosas. Por ejemplo, en la Biblia, en uno de los libros sapienciales llamado Eclesiástico, se dice: “Una palabra amable multiplica los amigos y aleja a los enemigos” (Eclo 6,5). Es interesante notar que los libros sapienciales (de sabiduría) son los que nos enseñan actitudes y disposiciones para vivir mejor. Las enseñanzas del profeta para los musulmanes también hacen hincapié en esta actitud, por ejemplo cuando enseña: "La amabilidad en un acto añade belleza al mismo, y su ausencia lo desfigura". Por otro lado, es conocida la arraigada tradición oriental que enseña a ser amables y acogedores con los forasteros, huéspedes y visitantes.

Podríamos aproximarnos a la amabilidad desde dos perspectivas muy relacionadas. Podemos valorarla a través de actos puntuales y concretos. Por ejemplo, tener una frase afable y deferente con la persona de la recepción del edificio cuando la vemos por la mañana, o ser cortés y agradecido con la persona que nos ayuda a ponerle combustible al automóvil en el grifo. Son muestras concretas que caracterizarían a la persona que las realiza como amable. Muchas veces estas actitudes dependen del pie con el que nos hayamos levantado. Si estamos de buen humor, la amabilidad fluye como agua por el canal: tenemos una sonrisa y una palabra gentil para todos. Pero si tal vez tenemos una mala noche o un mal momento en casa antes de salir, quizá el silencio o un parco “buenos días” es lo máximo que somos capaces de decir. Y ahí viene la segunda perspectiva, que nos permite comprender la amabilidad ya no tanto (o no sólo) como actos concretos, sino como una actitud constante en nuestro comportamiento. Evidentemente, el humor o estado de ánimo influirá pero la amabilidad, cultivada bajo esta perspectiva, se convierte en una disposición interior que tiende a ser permanente y se manifiesta en las diversas interacciones que tenemos con otras personas. Quien haya logrado interiorizar este modo de comportarse, incluso si está de mal humor o indispuesto, será capaz de ser amable en el trato con los demás.

Lo que venimos describiendo, como ya se han podido percatar, tiene un impacto directo en nuestro lugar de trabajo. En primer lugar, porque por definición un espacio laboral es centro de constante y fluida interacción personal. En segundo lugar, porque si coincidimos en que una actitud amable favorece las buenas relaciones entre las personas, los efectos de la amabilidad se multiplican y van mucho más allá del simple “ser buena gente” con el compañero de trabajo. Finalmente, porque esta actitud se presenta como una excelente manera de combatir las actitudes que dañan las relaciones personales y de prevenirlas a mediano y largo plazo. En esa línea, pensemos que todo tipo de bullying, de acoso, de discriminación o falta de respeto difícilmente se presentarían si hiciésemos un esfuerzo serio por ser amables.

Este comportamiento, creo oportuno señalar, no se identifica con ser “políticamente correcto”. Es algo mucho más profundo y auténtico, porque no nace del deseo de evitar problemas, o del tácito pacto “no me meto contigo para que tú no te metas conmigo”. Es una actitud espontánea, que nace del corazón, y que nada tiene que ver con una apariencia, sino que realmente busca hacer concreto el respeto que toda persona merece por el hecho de ser tal en el trato con ella. Tampoco debemos identificar la amabilidad con estar siempre super positivos, rebosando de entusiasmo. No se oponen, pero la amabilidad se expresa de muchas maneras y sus manifestaciones dependerán en parte del carácter de cada persona.

Hace un tiempo leí un artículo en la revista Forbes en el que la cofundadora y CEO de una empresa hacía una presentación de la amabilidad resaltando sus beneficios. Elocuentemente, su organización se llama kindness.org (amabilidad.org). Me llamó la atención una frase que decía: “Tenemos que mostrar que la amabilidad merece ser tomada en serio”. Y se la tomaron tan en serio que encargaron a la Universidad de Oxford que realizara un estudio que validase científicamente el impacto de ser amable en la felicidad de las personas. Los resultados del estudio son interesantes pues no caen en el facilismo de una psicología popular que vende la amabilidad como la panacea a todos los problemas de la vida. Es más, afirma que el impacto medible es estadísticamente moderado. Sin embargo, en la nota final del estudio señalan: “Nuestra reseña sugiere que realizar actos de amabilidad no cambiará tu vida, pero podría ayudarte a moverla en la dirección correcta” (Dr. Oliver Curry). Lo interesante, además, es el intento por rescatar una conducta básicamente humana y ponerla sobre la mesa, advirtiendo lo absurdo que es perder estas actitudes por ceder al ritmo acelerado de la vida, al individualismo, a la despersonalización de los trabajadores.

La amabilidad merece, pues, ser tomada en serio. Su efecto en el lugar de trabajo será siempre positivo en cuanto contribuye a crear un clima agradable y favorece la buena interacción entre los compañeros de trabajo. Pero además, y es un aspecto muy importante, tiene un efecto positivo sobre la misma persona que la pone en práctica y la cultiva como una disposición interior permanente, es decir, como una virtud. No solucionará todos nuestros problemas, como señala el citado estudio, pero ciertamente será un paso adelante para vivir mejor, hacer el bien y lograr que nuestro trabajo nos ayude a ser mejores personas.

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a Piensa Pro Futuro Newsletter y entérate siempre de las nuevas publicaciones.

Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

Comentarios