El trabajo y nuestro bienestar personal

¿Cómo cuantificar la felicidad que el trabajo me puede ofrecer?

Posteado por: Giuliana Caccia , 20/09/2018

Muchos elementos de nuestra vida adulta se terminan articulando en torno a nuestro universo laboral. Le dedicamos bastantes horas de nuestra semana y ocupa buena parte de nuestro espacio mental, incluso cuando estamos fuera de la oficina. Es la fuente más importante de ingreso para nuestro mantenimiento y el de nuestra familia, y aunque es una razón “material” no deja de ser muy importante. Hoy, inclusive, por el tráfico que sufrimos los que vivimos en las grandes ciudades, se convierte en una variable clave para escoger nuestro lugar de residencia. Es el lugar en el que conocemos a muchas personas y podemos construir lazos de amistad para toda la vida. El trabajo es un ámbito central en nuestras vidas.

Además de los elementos mencionados, hay uno que es especialmente gravitante si consideramos que no somos simples máquinas productivas sino personas humanas: la relación que tiene el trabajo con nuestro bienestar personal. El trabajo es fuente de éxito o fracaso; nos da satisfacciones o frustraciones; nos hace crecer no solo profesional sino también personalmente o, en caso contrario, nos puede sumir en una plataforma que nos lleve al estancamiento. No son pocas las personas que trabajan en espacios que no necesariamente les apasionan y que no tienen nada que ver con lo que soñaban en sus épocas universitarias. O quizás sí conseguimos el trabajo soñado, pero ha terminado siendo tan absorbente que no nos deja tiempo para “tener una vida” fuera del trabajo.

Siendo así las cosas, nos podemos hacer una pregunta: ¿Cómo cuantificar la felicidad que el trabajo me puede ofrecer?

Primero, debemos entender que el bienestar que buscamos está compuesto de muchas realidades. Por un lado, tiene que haber un elemento de desarrollo y crecimiento profesional. Este nos enriquece personalmente, nos da satisfacciones que seguramente redundarán en cuán felices nos sintamos con lo que hacemos. Influirá también el buen ambiente en la empresa, las relaciones labores sanas y constructivas. En ese sentido, experimentar que uno aporta a la misión común del grupo siempre es un elemento muy importante para sentirse a gusto en el trabajo. Por otro lado, están los ascensos profesionales, los logros obtenidos y la compensación económica que uno recibe por el trabajo que hace. Todos estos aspectos, y seguramente muchos otros, deben contribuir a nuestro bienestar en el trabajo.

El último elemento mencionado —el económico— es particularmente delicado, pues muchas veces relacionamos, sin más, bienestar con éxito económico. El peligro de esta identificación superficial es que se puede llegar a pensar que el trabajo es simplemente un medio para conseguir dinero —y mientras más mejor— que es lo que finalmente nos permitirá obtener el bienestar deseado. Esta aproximación es muy engañosa pues empobrece tanto lo que significa el bienestar integral de una persona como el lugar y aporte que nuestro trabajo puede darnos para lograrlo. Nadie es tan ingenuo para pensar que la felicidad se puede comprar. Pero muchas veces actuamos bajo esa premisa, embaucados por una cultura muy marcada por el consumismo y el materialismo.

Quizá un concepto que pueda ayudarnos a articular los distintos elementos en juego sea el de sentido. Nuestra actividad laboral no es solo un medio para conseguir dinero. El trabajo bien hecho y honesto es algo que nos dignifica como personas y en la medida en que esté integrado a un sentido mayor de nuestra vida será fuente de bienestar, incluso a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino. La actividad humana, de la que el trabajo es parte sustancial, nos perfecciona como personas. Nos permite poner en acto nuestras capacidades, aprender, enseñar y ayudar a otros. Eso es fuente de satisfacción personal y de orgullo para las personas que nos quieren.

Ciertamente el trabajo no es la única fuente para nuestro bienestar personal. Ni quizá el más importante en términos absolutos. Ahí están nuestras relaciones personales, la familia, nuestras creencias, entre otros. Pero sí es un ámbito importante y, como hemos visto, en el que empleamos mucho de nuestro tiempo y esfuerzo. Por ello el desafío está en aproximarnos desde categorías amplias e integradoras que no reduzcan ni mutilen toda su potencialidad. El trabajo es fuente de desarrollo personal, de satisfacción por el logro obtenido, de aprendizaje, y también de riqueza. Todo ello integrado en el horizonte de un sentido de vida superior contribuirá a nuestro bienestar como personas.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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