La importancia de crecer en nuestra rama profesional

Reflexionemos sobre la curiosidad como un recurso clave

Posteado por: Giuliana Caccia , 03/06/2019

Una frase latina muy difundida dice: Nadie da lo que no tiene. Su origen está vinculado al ámbito jurídico en donde se establece una regla legal que bien podría deducirse por sentido común: nadie puede vender ni transferir algo que no sea de su propiedad. El uso del adagio, sin embargo, ha trascendido ampliamente el mundo de las leyes y hoy se encuentra citada por doquier y aplicada en diversos sentidos. Si hacemos extensivo su significado al ámbito laboral nos ofrece la posibilidad de pensar sobre un aspecto importante de la vida profesional y, muy vinculada a ella, también de la vida personal.

La lógica de sentido común que el refrán expresa nos permite tomar consciencia de que el trabajo implica una dinámica constante de “dar”. Ponemos nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra atención, nuestras competencias, nuestro compromiso y muchas otras cosas al servicio de la consecución de un objetivo. Ello implica, como es evidente, un desgaste natural de las canteras —por llamarlas de alguna manera— de las cuales nos abastecemos. En algunos casos el sistema de reposición es muy sencillo: nos cansamos por el esfuerzo físico y mental, dormimos y recuperamos fuerzas. A veces el cansancio mental requiere otro tipo de actividades para reponer las fuerzas, por ejemplo el deporte, un hobby o actividades saludables de dispersión y sociabilización. En ese sentido, es muy importante estar atentos a los síntomas de cansancio persistente, sobre todo si éste empieza a impactar negativamente en nuestro desempeño. La lógica, repito, es muy clara: si no tenemos energía para trabajar, no podremos rendir adecuadamente; si estamos mentalmente agotados, no podremos concentrarnos ni ser eficientes en nuestro trabajo. Por tanto, debemos procurarnos los medios para reponer esas energías y ser diligentes en atender a los indicadores de alerta y poner soluciones proporcionales.

El asunto es más sutil en el ámbito de las competencias profesionales. Pero la lógica del dicho se aplica igual. La respuesta profesional a los desafíos que se nos planteen dependerá, en parte al menos, del empeño que pongamos en mantenernos al día, actualizados. En muchas organizaciones este aspecto se intenta cubrir desde los programas de capacitación. Son ámbitos que, bien aprovechados, efectivamente ofrecen la oportunidad de mantener una formación permanente. También es interesante enfocar esta necesidad desde una perspectiva más personal. Si lo planteamos desde una pregunta diríamos: ¿qué debemos hacer para mantener siempre vivo el deseo y el empeño por crecer en nuestra (o nuestras) área(s) de interés, por formarnos más en la rama profesional en la que nos desempeñamos? Ojo que esto no tiene que ver solo con realizar más estudios académicos, posgrados, etc. Estos tienen su lugar, pero a lo que apuntamos es a la actitud personal previa —que será la misma que quizá nos anime a buscar, por ejemplo, una maestría— de mantenernos en constante cultivo de nuestra profesión. Ciertamente mucho dependerá de cada caso y sus circunstancias. Pero la inquietud por siempre crecer, por no consentir una actitud conformista es algo saludable en cualquier caso.

Si lo pensamos bien, es oportuno darle en este caso un lugar a la curiosidad. En otros aspectos de la vida nos puede traer más problemas que beneficios. Pero en este caso quizá podamos sacarle provecho si entendemos la curiosidad como esa actitud que nos impulsa a ir más allá de lo evidente, a querer saber o conocer un poco más de lo que ya dominamos o de aquello a lo que estamos acostumbrados. En otras palabras, nos puede servir de resorte para salir de nuestra zona de confort y empujarnos al crecimiento. Señalamos, de paso, que el tipo de formación al que nos referimos no es un mero saber teórico o académico. Es algo más amplio, que integra la ganancia de conocimientos con su aplicación. Y ese es uno de las grandes beneficios de la formación permanente: actualizar y crecer en lo que sabemos, al tiempo que ejercemos la profesión. Una “mezcla saludable” —si cabe llamarla así— de teoría y práctica.

Finalmente, la frase “nadie da lo que no tiene” también se aplica a una dimensión más interior de nuestro ser: el cuidado de cada uno por sí mismo como persona. En cierto sentido es como la base para todo lo demás, pues nos permite mirarnos no solo desde una perspectiva profesional. Esto es algo que pasa desapercibido, ya que por defecto o por virtud, muchas veces tendemos a hacer de nuestra vida profesional y personal dos compartimientos estancos. Y la realidad es que no es así, pues se influencian mutuamente, y quizá más de los que pensamos. Por ello es tan importante darnos el tiempo para cultivarnos integralmente como personas, atendiendo a nuestra dimensión física, psicológica y también espiritual. Mientras mayor empeño pongamos en ser mejores personas, estaremos mejor dispuestos para hacer lo que nuestro compromiso laboral exige. Si somos “más”, tendremos más para dar.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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