La influencia de la ansiedad en nuestro desempeño

Reflexiones para combatir una sensación que todos podemos experimentar

Posteado por: Roberto Lerner , 29/01/2019

Ya desde que somos pequeños, por lo menos un porcentaje de nosotros, hemos sentido esa inquietud que se va acumulando a medida que se acerca el momento y que, en algunos casos, nos impide hacer aquello a lo que nos hemos comprometido. Muchas veces hemos invertido todos nuestros esfuerzos y energías —conocemos el tema porque lo hemos estudiado y repasado, sabemos lo que nos toca decir porque lo hemos ensayado varias veces—, pero, igual, nos asalta el temor de no hacerlo bien, peor, de no poder hacerlo del todo.

Casi siempre se trata de un sufrimiento vano, en la medida que, finalmente, lo logramos, hasta destacamos: el examen, el baile, el discurso, el partido, salen bien; pero ocurre, a veces, que la mente es un papel en blanco, nada sale, solo somos conscientes de nuestro pánico, pánico alrededor de nuestra performance.

La ansiedad y el estrés, la anticipación de estar por debajo de lo esperado, de no estar a la altura de lo requerido, merman nuestros desempeños, nos alejan de los aplausos, empobrecen nuestras actuaciones. Por cierto, lo anterior pasa factura a nuestra autoestima y nos arriesgamos a caer en un círculo vicioso que puede convencernos de que no vale la pena seguir.

No se trata de un fenómeno privativo de las competencias de alto nivel o de los hitos solemnes de la vida humana. Es decir, no es necesario que esté en juego una final, una tesis, una promoción o una pedida de mano. ¿No experimentamos, por lo menos a veces, un cosquilleo desagradable y un temor exagerado cuando estamos cuadrando el carro ante la mirada de algunas personas, o tartamudeamos inexplicablemente cuando el vista de aduana nos pregunta si tenemos algo que declarar?

La ansiedad que comentamos ataca a expertos y novatos. Lo determinante es nuestro deseo intenso de hacer las cosas muy bien, y las dudas que surgen acerca de nuestra posibilidad de lograrlo. No es un asunto de habilidad ni conocimiento, sino de actitud. Y, en ese sentido, querer y pensar demasiado parece que interfiere en el nivel del cerebro con las rutinas que son muy útiles a la hora de hacer algo.

Me explico: cuando uno aprende debe poner toda su atención en los procedimientos. Los movimientos concretos, las palabras precisas y los datos, son como objetos mentales que debemos contemplar, analizar, desmenuzar, pero, una vez que han sido interiorizados, deben ser encargados, por así decirlo, al piloto automático, una suerte de Hakuna Matata cognitivo, que nos termina llevando a buen puerto.

El seguir poniendo en el centro del radar mental lo que tenemos que hacer, repitiendo dentro de nosotros los procedimientos como antídoto al temor de realizarlas mal, es lo que tiene un impacto, paradójicamente, en el desempeño. Como lo sabe cualquiera que piensa en sus pies y se concentra en ellos a la hora de bailar.

Por eso es que entender los síntomas de angustia como señales de que, justamente, nuestro organismo está preparado para lo que debe hacer, desentenderse de los detalles luego de terminar los aprendizajes y entrenamientos, no hacer nada que tenga que ver con la performance algunas horas antes de enfrentarla, son buenas ideas para combatir algo de lo que todos podemos sufrir.

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Autor

Roberto LernerRoberto Lerner

Roberto Lerner

Psicólogo, Ph.D. con estudios en Universidad Católica de Nijmegen, Holanda

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y familias, especialista en intervención en crisis. Consultor en recursos humanos. Obtuvo el Premio Nacional de Psicología en 1993. Director del Instituto Peruano de Acción Empresarial (IPAE). Miembro fundador de Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). Autor de 6 libros. Columnista en un periódico importante y es blogger en “Espacio de Crianza”.

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