Resiliencia: la habilidad para combatir el estrés

Conoce la mejor manera de lograr tu crecimiento personal y profesional

Posteado por: Giuliana Caccia , 07/12/2018

Los jóvenes adultos que están en el proceso de terminar sus estudios superiores, o ya se han integrado al mercado laboral, tienen que enfrentar lo que ha sido catalogado por la Organización Mundial de la Salud como “la epidemia global de salud del siglo XXI”: el estrés. Y no es un problema menor. Un estudio realizado por el Institute for Bussines Value, de la IBM, reporta que el ámbito de acción, la escala y la velocidad del mundo laboral, viene aumentando a un ritmo acelerado, impulsado entre otras cosas por la competitividad, la tecnología y la irrupción de modelos de negocio radicalmente diferentes. Todo ello no hace sino incrementar las variables del entorno que favorecen el aumento del estrés. No en vano, las estadísticas muestran que cerca del 40% de los trabajadores en los Estados Unidos piensan que su trabajo es la principal fuente de estrés en sus vidas.

Sin embargo, es importante tomar consciencia de que el estrés no comienza con el trabajo. La vida estudiantil también nos pone frente a una serie de situaciones que lo generan. Pensemos por ejemplo en un examen, en la preparación de una exposición o en el tiempo en el que se tiene que realizar la tesis. Son circunstancias que ciertamente producen estrés y que nos ofrecen una oportunidad de aprendizaje.

Pero, ¿cómo aprender a manejar el estrés? ¿Acaso hay estudios académicos que contemplen este factor dentro del desarrollo humano? Si los hay, son mínimos. Sin embargo, como la mayoría de cosas en la vida, mucho se aprende haciendo. Y el estrés no es una excepción, ya que mientras más rápido nos habituemos a conocerlo y manejarlo, no sólo beneficiaremos nuestro desempeño profesional, sino que nos ahorraremos el desgaste y los efectos negativos que produce.

Manejar el estrés tiene mucho que ver con la capacidad que tengamos para adaptarnos positivamente a situaciones adversas. En psicología se utiliza un término que expresa esa competencia: la resiliencia. Este concepto, que proviene de la ingeniería, viene siendo estudiado y aplicado a distintos ámbitos desde hace varias décadas. En relación al tema que nos interesa en este artículo, podríamos definir la resiliencia como la habilidad para hacer frente a los desafíos de nuestra vida profesional, de manera eficiente y ordenada. En vistas a lograrlo, necesitamos de dos pilares sobre los que se apoya la resiliencia: el concepto que tengamos sobre nosotros mismos —lo que se suele denominar autoestima—; y el cultivo de un entorno social (familiar, amical) en el que podamos desplegar relaciones personales saludables y positivas. Por tanto, son estos dos aspectos de nuestra vida personal a los que nunca debemos dejar de dar atención. Si tenemos deficiencias en ellos, seremos menos capaces de lidiar con la adversidad.

Sobre esos pilares podemos construir la capacidad de resiliencia en base a actitudes y comportamientos. Es, por tanto, una competencia que se adquiere. Y eso es una buena noticia, pues todos la podemos aprender. ¿En qué nos podemos enfocar, concretamente en la vida laboral para hacerlo? Un primer punto, muy práctico, es aprender a concentrarnos en la actividad que tenemos que realizar. Abocarnos a lo que tenemos al frente y dedicarle a ello el máximo de nuestra atención, lo contrario de la dispersión. Para ello es importante organizarnos y procurar intercalar periodos de trabajo con momentos de descanso. Se calcula que la lucidez y capacidad de atención decae luego de 90 a 120 minutos. En esos periodos démosle a nuestro cerebro unos minutos de descanso.

En segundo lugar, tenemos que aprender a responder ante las situaciones que se nos presentan y no sólo a reaccionar. ¿Cuál es la diferencia? La reacción es, en la mayoría de casos, un reflejo no pensado. La respuesta implica un proceso donde se evalúa la situación, se consideran diversas perspectivas, se plantean opciones y se escoge la más adecuada. Este proceso nos llama a reflexionar, a saber tomar pausas si es necesario, a controlar el impulso de reaccionar rápidamente a lo que nos lleva, muchas veces de forma errónea, al estrés.

Por otro lado, resulta muy provechoso dedicar tiempo a la reflexión y meditación. Esta práctica favorece la capacidad de concentración, nos enseña a dejar de lado pensamientos o emociones que consideramos no son pertinentes en ese momento, y es una fuente efectiva de relajación. Exige tiempo y dedicación, pero los resultados pagan con creces cualquier inversión que podamos hacer en aprender a meditar.

En opinión de Rich Fernández, quien ha sido Director de desarrollo organizacional en Google, eBay y J.P. Morgan Chase, “la capacidad de desarrollar resiliencia es una habilidad que servirá mucho en un mundo laboral cada vez más estresante. Y las empresas se beneficiarán con una fuerza laboral más resistente”. Fomentar y apoyar el desarrollo de la resiliencia en los trabajadores traerá beneficios personales muy importantes y será también un buen negocio para la empresa.

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Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

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