Tener más no es sinónimo de ser más

Reflexiones para no perder de vista las cosas esenciales de la vida

Posteado por: Giuliana Caccia , 08/07/2019

Hace algunos años, Brontis Jodorowsky creó un personaje ficticio llamado Hammer Clume. El actor mexicano-francés comenta que quiso entrar “en la piel de un ferviente capitalista, de un sacerdote del mercado libre y de la competencia sin trabas, de un ultraliberal sin escrúpulos, cuyo único objetivo es ganar dinero, siempre más dinero”. Para propagar su sabiduría, Hammer Clume debutó en Twitter y empezó a difundir frases supuestamente tomadas de su famoso e inexistente libro A time for global money. Rápidamente ganó miles de seguidores, algunos de los cuales estaban convencidos de que Clume existía e incluso —cuenta Jodorowsky— le escribían pidiéndole una copia de su agotado bestseller.

Luego de seis años de “vida virtual”, se ha publicado recientemente en español una edición que recoge los aforismos de Hammer Clume bajo el sugestivo título de Manual de codicia. En él se pueden leer frases como: “Regla base: no estamos aquí para cambiar el mundo, sino para ganar dinero. El objetivo es ser rico: que pobres sean los santos”; “Todo tiene su momento: ningún progreso (social, ecológico, ambiental, etc.) merece el sacrificio de la ganancia. El progreso de la ganancia es lo único que importa”; “Designe al empleado del mes: pegar una foto en un muro no cuesta nada y desarrolla la sana competencia entre empleados, a fin de que rindan más sin aumento de salario”. Con esta ocurrente creación literaria, Jodorowsky ha querido llamar la atención sobre los peligros y límites de una forma de aproximarse al dinero, sobre la lógica que muchas veces articula el mundo económico en nuestros días y sobre cómo todo ello impacta en la vida de las personas.

Los extremos que representa Hammer Clume son quizá una manera irónica y sarcástica de develar mecanismos que se presentan bien maquillados, y aparentemente inofensivos, pero que en realidad esconden una dinámica que a la larga es perjudicial para las personas y para el mismo sistema financiero. Creo que Jodorowsky ha dado en el clavo al señalar a la codicia como actitud aglutinante de las enseñanzas de Clume. Efectivamente, ese afán excesivo y vehemente por la riqueza, quizá de manera solapada, muchas veces se encuentra en el trasfondo de los ideales que hoy se nos presentan como motivaciones.

Si lo pensamos detenidamente, la ambición por tener más dinero nos introduce en una suerte de rueda sin fin en la que, como los hamsters, corremos sin descanso. El dinero nos permite adquirir todo tipo de bienes; los bienes (supuestamente) nos darán satisfacción, estatus y placer; cuando los tenemos, efectivamente experimentamos satisfacción, pero casi en paralelo aparecerán otros bienes que también queremos (o pensamos que necesitamos), y para ello necesitamos más dinero. Lo increíble es que por más dinero que se tenga, aparentemente nunca es suficiente con lo que se tiene. Es más, el mercado está diseñado para que siempre aspiremos a una “escala superior”. Este juego entre satisfacción-insatisfacción, entre lo que realmente se necesita como bien de consumo y lo que se piensa (o nos hacen creer) que es necesario, nos hace en alguna medida esclavos de un sistema que promete siempre, pero nunca termina de entregar lo prometido.

No se entiendan estas líneas como un alegato en contra de la economía de mercado ni una satanización del dinero. Lo que se pretende es suscitar un sano pensamiento crítico que nos ayude a tomar consciencia de los límites y también de los excesos a los que nos puede conducir dejarnos llevar por la corriente de manera irreflexiva. En ese marco, quizá por oposición, un exponente como Hammer Clume resulta interesante pues nos señala esos linderos necesarios para no terminar sometidos a la codicia ni a un sistema que, en último término y a pesar de todos los bienes que nos pueda procurar, no necesariamente nos ayuda a ser mejores personas. Tener más nunca ha sido ni será sinónimo de ser más. Es fundamental volver a esas enseñanzas de siempre que nos permitan navegar sin perder de vista las cosas esenciales de la vida, utilizando el sistema y no permitiendo que el sistema nos utilice a nosotros. Y ello nos lleva a una reflexión final: la necesidad de una educación adecuada para hacer frente a los desafíos que presenta vivir en un mundo como el nuestro. Tenemos que contar con el hecho de que funcionamos dentro de una economía de mercado, en una sociedad de consumo donde el dinero ocupa un lugar muy importante en todas las órdenes de la sociedad. El asunto es cómo vivir inmersos en ese “sistema” reconociendo sus bondades, manteniendo nuestras prioridades en orden y no cayendo en las trampas de las ruedas sin fin, como hamsters.

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a Piensa Pro Futuro Newsletter y entérate siempre de las nuevas publicaciones.

Autor

Giuliana CacciaGiuliana Caccia

Giuliana Caccia

Especialista en temas de familia y afectividad

Comunicadora Social de la Universidad de Lima y Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Autora del libro “Educación en serio: Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Hace cinco años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecer a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad.

Comentarios